FaceApp: más viejos, pero no más sabios

“El fin del juego…literalmente”. El actor Jeremy Renner tuiteó esta imagen donde aparece con el elenco de Avengers bajo el filtro de FaceApp. “El fin del juego…literalmente”. El actor Jeremy Renner tuiteó esta imagen donde aparece con el elenco de Avengers bajo el filtro de FaceApp.

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- Hallar la fuente de la eterna juventud es una fantasía que ha provocado el imaginario de la humanidad durante siglos. La era digital tampoco la ha encontrado, pero sí logró –paradójicamente– que nos divirtamos con la idea de vernos más ancianos.

Sólo de esa forma puede explicarse el furor reciente por la aplicación FaceApp, lanzada en enero de 2017 por la desarrolladora rusa Wireless Lab, y que permite alterar el rostro de una persona de manera notablemente realista, al grado de hacerla parecer de mucho mayor edad, conservando sus rasgos esenciales.

No se trata de su única habilidad y ni siquiera es nueva. Algunas características como la de poner barba o cambiar el peinado por un flequillo son igual de impresionantes y forman parte de la versión gratuita de la aplicación (la que tiene costo, llamada Pro y que incluye filtros “Premium”, tiene un precio de suscripción de 75 pesos por un mes, 379 por un año o de 759 indefinidamente).

FaceApp en un iPhone. Foto: AP / Jenny Kane
FaceApp en un iPhone. Foto: AP / Jenny Kane

Sin embargo, es la función de “envejecimiento” la que puso nuevamente de moda a FaceApp, con la multiplicación de notas alusivas a cómo se verían estrellas de futbol como si tuvieran 60 años, que de ahí pasaron a los memes y parodias y concluyeron, como es usual, en la multiplicación de notas periodísticas advirtiendo de los riesgos en materia de privacidad.

Uno de ellos tiene que ver con la nacionalidad de Wireless Lab, motivo que por sí solo daba pretexto a la paranoia con base en esta premisa: si Rusia fue capaz de cambiar el rumbo de la elección en Estados Unidos, ¿qué no hará con mis datos personales?

Esta sospecha debió pasar por las mentes del Comité Nacional Demócrata, que el miércoles pidió a su personal borrar la aplicación e incluso demandó que el FBI la investigue, ante el riesgo de que millones de datos de estadunidenses puedan llegar a las manos hostiles de Moscú.

La preocupación surge por un apartado dentro de sus términos y condiciones en la que FaceApp aclara que puede transferir la información que recopila sobre el usuario, incluida la información personal a través de las fronteras y desde su país o jurisdicción a otros países o jurisdicciones de todo el mundo.

“Tenga en cuenta que podemos transferir información, incluida información personal, a un país y jurisdicción que no tenga las mismas leyes de protección de datos como en su jurisdicción”.

Ninguna de las notas que destacaron esta cláusula, y que se esparcieron visiblemente en la red, inhibió a los miles de usuarios que felizmente descargaron la aplicación para usar sus propias fotos, las de sus familiares y amigos e incluso la de personajes públicos para verlos llenos de arrugas y canas.

Tampoco los desalentaron escándalos tan publicitados como el de Cambridge Analytica, que ya le costó a Facebook una multa de cinco mil millones de dólares por el mal uso que le dio un tercero a los datos personales almacenados en la red social.

Mucho menos las recientes denuncias sobre cómo la inteligencia artificial mejora los softwares de reconocimiento facial con fines de vigilancia. Si se trata de entretenerse, nadie parece tenerle miedo ya al big brother.

Y aunque, hasta donde se puede ver, FaceApp conlleva los mismos riesgos que cientos de aplicaciones similares que recolectan información personal que supuestamente sólo se usa para mejorar la experiencia dentro de la aplicación, hay un par de temas sobre los que habría que poner el acento.

Uno de ellos lo menciona el portal tecnológico TechCrunch con base en la experiencia de Karissa Bell, reportera del sitio Mashable, quien encontró que FaceApp es capaz de entrar a la biblioteca de fotos del teléfono, aun cuando el usuario explícitamente cancele ese ingreso desde las configuraciones.

En este punto es pertinente explicar que, si después de descargar FaceApp se le permite el acceso al carrete de fotos, la forma de negárselo no está dentro de las configuraciones de la aplicación. Al menos en iOS, es necesario ir a Ajustes o Configuración del iPhone y buscar la pestaña de FaceApp. En el rubro de Fotos da dos opciones, “Nunca” y “Leer y escribir”.

Yo mismo hice la prueba y verifiqué que, aun cuando le negué el acceso al carrete de Fotos, dentro de FaceApp podía desplegarse el menú completo de mis imágenes.

TechCrunch no encontró problema en esta aparente anomalía, porque en realidad está relacionada con la forma como Apple da acceso a una tercera aplicación a la biografía de fotos mediante una API (interfaz de programación de aplicaciones). Pero sí encontró un problema mayor: que el retoque de las fotos no se efectúa dentro del dispositivo (como suele ocurrir con los filtros de la cámara) sino que se hace en la nube. Lo que implica el riesgo de que FaceApp pueda almacenar las fotos sin consentimiento de sus propietarios.

FaceApp emitió un comunicado con el que busca apaciguar la ola de inquietudes: reconoce el almacenamiento en nube, aunque aclara que es por corto tiempo y que la mayoría de las imágenes se elimina de sus servidores en 48 horas. Niega que sus datos se transfieran a Rusia y aclaró a TechCrunch que usa nubes de Google y Microsoft. Descartó también que venda o comparta datos con terceros y dijo que los usuarios tienen la opción de solicitar que se eliminen. Y por último, explicó que en la mayoría de los casos los usuarios no se registran, por lo que no es capaz de vincular los retratos con sus respectivas identidades.

Aunque, a mi juico, queda pendiente un riesgo, que es el de la propia naturaleza de la aplicación, ideal para una era de fake newsy de deep fakes en la que personas con malas intenciones pueden falsificar su propio rostro o el de otras personas con fines no necesariamente éticos o lícitos.

Por lo pronto, la humanidad ya puede presumir que la inteligencia artificial vuelve a las personas más viejas. Pero no puede jactarse de que las hace más sabias.

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