En la Cámara de Diputados se acabaron los embutes y chayotes: Muñoz Ledo

Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la Cámara de Diputados. Foto: Benjamín Flores Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la Cámara de Diputados. Foto: Benjamín Flores

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la Mesa Directiva en la Cámara de Diputados, estuvo de manteles largos. Con pastel, velas y las mañanitas, festejó 86 años de vida, inauguró una exposición fotográfica sobre su vida y trayectoria política, y de paso habló de lo indecible en San Lázaro.

Engarzó entonces la celebración de su cumpleaños con los cambios ocurridos en este primer año de Morena al frente del Congreso de la Unión: la eliminación de “los moches” a legisladores, la lucha por acabar con aviadores en la nómina legislativa y el punto final al “chayo o embute” para la compra de conciencias de algunos medios de comunicación.

“¿Qué ha ocurrido este año en la Cámara? Bueno, se acabaron los moches, se acabaron para siempre… bueno, de veras se han hecho cosas. Cuando llegamos aquí dije que todos los medios estaban duros, duros, ahora ya no están duros, andan un poco dispersos –no por mi culpa– para acabar con los famosos. ¿Cómo se llaman? ¡Ah! perdón, me estaba olvidando de la gran vida vegetal que tiene esta Cámara, porque todo es en clave, se la voy a revelar: aquí se daban chayotes”.

Muñoz Ledo, sagaz y claridoso, soltó el tema que tanta indignación genera entre periodistas, y ahí, en pleno discurso, siguió desgranando el asunto de las prebendas e incluso llamó a la coordinadora de Comunicación Social, Roselli Reyes Cuevas, para que confirmara sus palabras.

“El número de embutes y chayotes era muy grande… A ver Roselli ¿cuántos embutes había? Díselos”.

“¿Cuántos qué?”, se acercó la funcionaria para preguntarle.

“Embutes, chayotes. Di: no, sí”.

“Muchos”, respondió Reyes Cuevas.

“No, no me digas muchos, di cuántos”.

“Muchos”, insistía Roselli.

Muñoz Ledo, quien frente a la presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados tiene bajo su égida el área de comunicación social y, por lo mismo, ha podido escudriñar cómo se manejaban los recursos económicos de dicha instancia, siguió preguntando, incisivo: “¿Cuántos aproximadamente? 100, 200, 80 ¿cuántos?”.

“Pues más o menos como 100”, respondió finalmente Reyes Cuevas.

El único legislador de Morena que se ha atrevido a cuestionar la política migratoria del presidente Andrés Manuel López Obrador, poniendo en todo momento argumentos por delante, habló entonces, en forma abierta, de lo que descubrió al llegar a San Lázaro.

“Como cien embutes o chayotes; eso contrastaba en poco, además, porque había una opinión muy arraigada en la sociedad, de la ineficacia y corrupción”, comentó.

Luego dio nombres, pero no sobre quién ha recibido chayos o embutes, sino de un medio que le hizo un vacío informativo.

“Entonces, hubo un fenómeno: los periodistas, incluso amigos míos, los periodistas vinculados amistosamente conmigo también se me echaron encima, podemos dar nombres. Si quieren les digo el medio, un diario nacional, se trata del gran diario amigo mío que es La Jornada, desaparecí durante meses. Empecé a aparecer en fotos, en actos. No pudieron evitar: está Andrés Manuel, ahí estoy yo”.

Recordó que antes de llegar a la Cámara de Diputados, en agosto de 2018, según algunas encuestas, ésta contaba con un rechazo de 76% entre la población, y dijo: “Este Congreso de la Unión, que es el creador de la norma que rige el país, es profundamente despreciado”.

El político más claridoso de este país y el único que se permite hablar sin tapujos sobre la vieja práctica de acallar o moldear conciencias de periodistas a través de la entrega de recursos públicos, también decidió acabar con otras simulaciones: los aviadores.

Y hoy reveló: “Me dice el secretario técnico de la Mesa Directiva que hemos eliminado al 80 por ciento de los aviadores”.

Así, utilizando el foro por la celebración de su cumpleaños, un sagaz Muñoz Ledo se dio el permiso de hablar libremente de las corruptoras prácticas y de las que aún corren historias entre las muchas oficinas de San Lázaro: el moche a diputados, el chayo a medios de comunicación y las decenas y decenas de aviadores que se deleitaban recibiendo parte del dinero de los impuestos de los mexicanos.

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