“El muñeco diabólico”: Chucky abraza la inteligencia artificial

La cinta se exhibe en las principales salas. Foto: @ImagemFilmesMX La cinta se exhibe en las principales salas. Foto: @ImagemFilmesMX

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La nueva versión de El muñeco diabólico de Lars Klevberg (Child’s Play, EU-2019) combina el legado de la cinta de 1988 con los terrores modernos hacia la inteligencia artificial, alentados por series como Black Mirror. Sólo que en esta ocasión Chucky no tiene nada de diabólico. El resultado es aceptable.

La premisa es más o menos la misma que la original: Andy recibe un muñeco que se supone que debería de ser su amigo, pero resulta que en sus manos tiene un muñeco malévolo que destruirá a todos a su alrededor y a él mismo.

En la cinta de 1988 el muñeco es poseído por un criminal mientras que, en esta versión, el muñeco tiene un chip y es manejado por un programa de inteligencia artificial; Chucky funge como una especie de Alexa que maneja los recursos de la casa que estén conectados a internet. ¿Cómo es que se vuelve malo? Pues resulta que uno de los empleados que se dedica a ensamblar los chips de dicho muñeco –que por cierto en la cinta se llama Buddi–, es maltratado por su supervisor y, en venganza, retira los protocolos de seguridad del muñeco, es decir, casi casi le da libre albedrío.

Posteriormente… ya lo descubrirá usted.

Desde un inicio vemos cómo Chucky va “evolucionando” cognitivamente de tal manera que irá “aprendiendo” a hacer el mal mientras desarrolla una obsesión enfermiza por Andy, a quien considera como su mejor amigo. En fin, las pasiones de Chucky se mezclarán con los sentimientos de Andy y marcarán los objetivos a los que Chucky asesinará.

La cinta es sumamente divertida si uno es capaz de dejarse llevar por la historia. Más allá de las partes gore y la violencia explícita que nos presenta, encontramos tres elementos más que resultan interesantes: por un lado, tenemos una cinta que tiende más a la comedia que al terror (la película no se toma demasiado en serio); por otro, está la crítica a nuestra dependencia hacia las nuevas tecnologías; y, por último, un tema concerniente a la educación de los adolescentes y al manejo de reglas.

El elemento sobrenatural sí se extraña, y es que, tratándose de un muñeco manejado por un programa de inteligencia artificial, no resulta tan verosímil (en términos de la ficción) que una diminuta figura pueda poner en jaque a cualquier humano; en ese sentido es inevitable recordar el capítulo de Los Simpson en donde un muñeco de Krusty el payaso es malo debido a que alguien puso el interruptor en la modalidad “Malo” y no en la de “Bueno”.

El muñeco diabólico no es tan desechable como parece, pero para nada se puede hablar de obra de arte ni resultará emblemática dentro del género.

 

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