Durante el TLCAN México perdió autosuficiencia alimentaria en granos básicos: académico de la Ucol

Cosecha de maíz en San Miguel Ocotenco, Puebla. Foto: Raúl Pérez Cosecha de maíz en San Miguel Ocotenco, Puebla. Foto: Raúl Pérez

COLIMA, Col. (apro).- Casi un cuarto de siglo de duración del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) fue suficiente para perder la autosuficiencia alimentaria de los principales granos básicos que consume la mayoría de la población mexicana como la base de su nutrición, sostiene el investigador Saúl Martínez González, miembro del Centro Universitario de Estudios e Investigaciones sobre la Cuenca del Pacífico (CUEICP) de la Universidad de Colima (Ucol).

Especialista en economía agrícola, con maestría de la Universidad Autónoma Chapingo, Martínez González dice que hasta antes del TLCAN, México era autosuficiente en maíz, frijol, trigo, arroz y otros productos básicos como oleaginosas, mientras que ahora el país es dependiente  de las importaciones procedentes de Estados Unidos en trigo 85%, en arroz 73.7%, en maíz —que es el principal grano en la alimentación— en la década de los ochenta el país era autosuficiente en 91.5%, mientras que actualmente la producción nacional sólo abastece 61.8% del consumo, aumentando la dependencia hasta el 38% en la actualidad.

Sin embargo, de acuerdo con el académico, la llegada del nuevo Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) no representa, en lo fundamental, una mejoría para el campo mexicano, pues en lo relativo al comercio de granos básicos nuestro país continuará con desventajas, dado que esa parte del acuerdo no se renegoció, quedó inalterada, y seguirán entrando sin restricciones las importaciones de maíz, girasol, oleaginosas, sorgo y arroz, entre otros.

En entrevista, Saúl Martínez dice que durante la revisión del tratado el gobierno de Enrique Peña Nieto no tuvo la intención de cambiar las cosas, además de que desde que se firmó el TLCAN se hizo con plena conciencia de que se iba a comprometer la soberanía alimentaria, mientras que el nuevo T-MEC no pretendía cambiar la situación.

En el sector del campo, indica, el único beneficio de la revisión se dio en el área de hortalizas, pues ahora ya se permite su exportación a Estados Unidos durante todo el año, a diferencia de los años anteriores en que sólo se podía hacer en las temporadas en que ese país no produce esos cultivos.

Este cambio benefició a las regiones mexicanas exportadoras de hortalizas, entre ellas el Bajío, Sinaloa, Sonora, Baja California Tamaulipas y La Laguna.

Sin embargo, Martínez González refiere que los beneficios no se quedan completamente en México, pues algunos productores de hortalizas están asociados con empresas trasnacionales.

Además, “la mano de obra mexicana es más barata y es atroz la explotación de jornaleros agrícolas —la mayoría indígenas del sureste del país— que se hace en los campos de Sinaloa y Sonora… ese es el gran beneficio que tenemos, generan mucho empleo explotador”.

En opinión de Martínez, este nuevo gobierno tiene la intención de cambiar la situación del campo mexicano, pero no tiene la fuerza para medirse con Estados Unidos en busca de cambiar el T-MEC, pero sí ha asumido la política de establecer precios de garantía para los cultivos básicos y apoyo con fertilizantes, para dar certidumbre a los campesinos e incentivar de esta manera la autosuficiencia alimentaria.

El investigador universitario expone que los resultados de 24 años de libre comercio dejaron como saldo una mayor polarización de las desigualdades del ingreso entre los productores de maíz en México y entre regiones productoras.

“Una región de ricos conformada por la región noreste y noroeste, que se sitúan como los graneros del país, de alta productividad y altamente competitivos en zonas de riego en grandes extensiones y tecnología de punta; y una región de pobres, conformada por las regiones de sur, centro y sureste de México donde la producción es generada por el minifundio en una agricultura de temporal y con tecnología tradicional en pequeña escala”.

Saúl Martínez indica que por una parte el maíz es indiscutiblemente el producto más importante del consumo alimenticio en México y en consecuencia el de mayor importancia en el acuerdo de libre comercio entre los tres países de América del Norte, sin embargo el TLCAN firmado en 1994 por los países de Norteamérica en el sector agrícola fue un acuerdo excluyente porque dejó fuera a casi 2 millones de productores de maíz, equivalentes a 85 por ciento del total de los productores agrícolas en el país, cuya escala de producción es menor o igual a 5 hectáreas de extensión.

De acuerdo con Martínez, la dependencia alimentaria global en nuestro país es actualmente de 42 por ciento, dado que la superioridad de la productividad y los altos subsidios que reciben los productores norteamericanos provocaron la entrada de grandes volúmenes de importación de alimentos más baratos, fuertemente subsidiados, entre ellos el maíz, principal fuente de calorías y alimento esencial de los mexicanos.

Como consecuencia de lo anterior, expone, “se dejaron de cultivar millones de hectáreas que no eran competitivas en el comercio internacional, lo cual provocó la migración de millones de campesinos a las ciudades y hacia Estados Unidos”, aunque considera que la reciente renegociación del TLCAN puede representar una oportunidad que permita un cambio de la política agrícola del país e impulsar una estrategia de desarrollo rural, que contribuya a reducir la pobreza en la población rural.

En un reporte de investigación, del que entregó una copia al reportero, Martínez González establece que a partir del TLCAN se han dejado de producir granos básicos porque son productos agrícolas que no son competitivos en el mercado internacional, en consecuencia, tiene que importarse de aquellos países que sí son competitivos como Estados Unidos que controlan todo el mercado internacional de granos a través de gigantescas empresas transnacionales.

“La magnitud de los efectos de la liberalización del mercado a partir del TLC en la agricultura mexicana es enorme —dice—; en el caso del maíz se estima que sólo el 15% de los productores del cereal tienen capacidad para competir con los Estados Unidos, principal competidor en el mercado internacional, y un 50% de los productores no tienen potencial productivo en el modelo neoliberal”.

A la vez, añade, el crecimiento de las importaciones de granos básicos es impresionante, con un incremento notable desde 1970 cuando de 786 mil toneladas pasaron a 22 millones 093 mil toneladas en 2016, es decir el aumento fue de 28 veces. “Si bien es cierto que ya desde 1975 se empezaron a importar crecientes cantidades de granos por la crisis agrícola de la década de los sesentas, es a partir del TLCAN cuando la dependencia de granos ha sido catastrófica para el país”.

No obstante, para Martínez González el principal problema no radica en la dependencia de las importaciones de granos básicos para la alimentación mexicana, además de la perdida de la autosuficiencia alimentaria, seguridad alimentaria e incluso la gran vulnerabilidad y pérdida de la soberanía nacional, sino en el problema social que esto arrastra al medio rural, como la marginación, la exclusión de una gran masa de mexicanos, la migración como única alternativa para la sobrevivencia, la incursión en el crimen organización, resultado del incremento en la pobreza y de una mayor cantidad de pobres y hambrientos.

A juicio del investigador, la evidencia muestra que el TLCAN sólo acentuó las desigualdades sociales en el campo mexicano, aumentando la concentración de la riqueza en pocos productores dedicados a la exportación de hortalizas y frutas y en otro extremo el incremento en la pobreza en los productores de maíz y otros granos, que constituyen la mayor cantidad de productores en el país.

“No obstante que el problema es complejo y significa un gran reto, que no muchos han desistido, es indudablemente un problema que se debe enfrentar y no exclusivamente eso, sino que ya ha sido enfrentado por otros países y con relativo éxito”, explica.

En su estudio, el académico menciona la experiencia de Corea del Sur, que desde su punto de vista muestra que es posible alcanzar y mantener la autosuficiencia alimentaria, aún con pequeñas escalas de producción, incluso menores de las que predominan en México.

Las estadísticas coreanas muestran que aunque su territorio es veinte veces menor que el de México, con una superficie total cultivada de tan sólo un millón 836 mil hectáreas, logra alimentar a más de 50 millones de personas al suministrar más del 82 por ciento del consumo de arroz, que constituye el principal grano en la dieta de los coreanos, mientras que México con una superficie agrícola total de 31 millones de hectáreas importa 38% del maíz que consume.

Bajo estas circunstancias, reporta Martínez, la política agrícola coreana ha conseguido disminuir el problema de la pobreza de 48.3% que existía en 1961 a solamente el 8.3% en 2005, mientras que en México con la política agrícola instrumentada en las últimas tres décadas, la población pobre no sólo no ha disminuido, sino que se ha elevado en términos absolutos a 57 millones de mexicanos y actualmente representa el 43.7% de la población total.

“La mayor proporción de pobres se localiza en el medio rural, donde las condiciones de vida son tan adversas, donde predomina la población con hambre, ya que el 73% de la población indígena vive en la pobreza extrema”.

La diferencia entre Corea del Sur y México es marcada por las políticas agrícolas instrumentadas por ambos países, considera el especialista, pues mientras que en el primero el gobierno considera la autosuficiencia alimentaria como un asunto de Estado, en nuestro país esto se deja a las libres fuerzas del mercado, altamente distorsionado por los precios artificiales y la competencia monopolística de grandes transnacionales.

Concluye con este planteamiento: “Los países industrializados y desarrollados han instrumentado políticas agrícolas tendientes a alcanzar y mantener la autosuficiencia alimentaria de productos básicos y proteger el sector agrícola y sus productores; México podría instrumentar políticas agrícolas de fuertes incentivos a los productores y recuperar la autosuficiencia alimentaria en granos básicos, sobre todo en maíz, y así enfrentar y combatir el problema de la pobreza”.

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