Humboldt y Greta: un mismo problema en distintos momentos de la historia global del clima

A sus 16 años, Greta Thunberg (al centro) abandera un inesperado y amplio movimiento estudiantil de protesta contra la inacción de los políticos para detener el calentamiento global. Foto: AP Francois Mori A sus 16 años, Greta Thunberg (al centro) abandera un inesperado y amplio movimiento estudiantil de protesta contra la inacción de los políticos para detener el calentamiento global. Foto: AP Francois Mori

CIUDAD DE MÉXICO  (apro).- El 20 de septiembre aproximadamente 4.5 millones de ciudadanos, en su mayoría niñas, niños y adolescentes, tomaron con su cuerpo y sus ideas las calles de diversas ciudades del mundo, con el objetivo de exigir a los distintos gobiernos tomar acciones urgentes ante la emergencia climática planetaria.

Esta explosión global masiva inició el 20 de agosto del año pasado con las acciones de resistencia emprendidas todos los viernes, de manera pacífica y solitaria, por una niña de trenzas largas de nombre Greta Thunberg, acompañada aquellos primeros días sólo por su mochila y un cartel que llamaba a una huelga escolar por el clima.

Pero este camino que hoy recorren Greta y muchas niñas, niños, jóvenes y otros ciudadanos del planeta inició y fue anticipado por Alejandro de Humboldt, quien el pasado 14 de septiembre hubiera cumplido 250 años. Podemos afirmar, gracias a su legado escrito, que él inicia la historia ambiental global comparada sobre los terribles efectos que las acciones humanas provocan en la naturaleza y el clima, sentando las basases científicas para la conciencia que hoy se expresa en los jóvenes alrededor del mundo.

Desde que Humboldt arrancó su viaje por tierras equinocciales, recorriendo distintos puntos del Continente Americano, se empeñó en registrar los impactos generados por las acciones humanas sobre la naturaleza. A principios del siglo XIX, al encontrarse en el Lago de Valencia, ubicado en lo que hoy llamamos Venezuela, expuso que en los últimos cincuenta años la destrucción de los bosques había provocado que los ríos disminuyeran su caudal y la atmósfera se desecara, tal y como podía verificarse en aquellas tierras.

La mirada de este primer “científico global” parece haberse proyectado como advertencia hasta las protestas del pasado viernes por el cambio climático, al señalar que “cuando los hombres destruyen los árboles que cubren las cimas y las faldas de las montañas, bajo cualquier clima que sea, prepara a un tiempo dos calamidades a las futuras generaciones […] De aquí resulta que la destrucción de los bosques, la falta de aguas permanentes y la existencia de torrentes, son tres fenómenos estrechamente ligados entre sí; se presentan pruebas evidentes de la exactitud de esta aserción, en países que están situados en hemisferios opuestos, como Lombardía limitada por los Alpes, y el bajo Perú entre el Océano Pacífico y la cordillera de los Andes”.[1]

Humboldt presentó observaciones y reflexiones del mismo calado para Cuba, México, Haití y Rusia, percibiendo a la deforestación no sólo como la causa de los cambios en el clima y en el ciclo hidrológico, sino también como un problema global que se estaba heredando a las futuras generaciones, hoy representadas en las voces de Greta y otros jóvenes alrededor del mundo.

En México, el pasado viernes 20 de septiembre del 2019, salimos a las calles aproximadamente 6 mil ciudadanos. Si comparamos esta cifra con las manifestaciones que se desarrollaron en otras ciudades como Berlín, Paris, Nueva York o Sidney podríamos decir que fuimos pocos, lo cual no le resta ningún valor a la movilización, pero sí nos debe llevar a pensar cómo debemos sumar a más personas a este tipo de movimientos por la vida en el planeta. Debemos reconocer que en México y en otros lugares del mundo los movimientos ambientales populares, por la defensa del aire, los bosques, el agua y la tierra de sus territorios, ha costado la vida de mujeres y hombres, muchos de ellos indígenas.

México vive hoy una emergencia ambiental que no se limita al cambio climático, y son los ciudadanos más pobres quienes padecen diariamente sus mayores impactos. No hay soluciones simples, pero sí debemos comprometernos a seguir robusteciendo los trabajos ciudadanos por la “justicia climática global” e impulsando acciones políticas todos los días, porque de esto depende no sólo el futuro, como lo señaló Humboldt hace más de 200 años, sino sobre todo el presente. Por estas razones, debemos apoyar el ejemplo que nos dan hoy las niñas y niños de todo el mundo, pero también debemos mantener en la memoria las enseñanzas que nos legaron nuestros viejos como el maestro Francisco Toledo, quien defendió el patrimonio biocultural de México y por ende del mundo.

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* Investigador de la Coordinación de Humanidades de la UNAM y profesor de historia ambiental en el Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras

[1] A. Humboldt y  A. Bonpland , Viaje a las regiones Equinocciales del Nuevo Continente. París, 1823, tomo II, cap. VI., pp. 333-334.

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