“Guasón”: ríe, payaso

Joaquin Phoenex protagoniza Joker. Foto: www.jokermovie.net

MONTERREY, N.L. (apro).- Al inicio de Guasón (Joker, 2019), Arthur Fleck observa al espejo su rostro mortalmente serio. Por su oficio de payaso, sin embargo, está obligado a sonreír. Por eso, con los dedos encajados en las esquinas de la boca, se provoca, a la fuerza, una mueca grotesca con la que pretende proyectar un gesto de felicidad.

La esperadísima cinta, dirigida por Todd Phillips, explora los posibles antecedentes del célebre villano de DC Comics, y para ello le crea una biografía trágica, en la que, como el mismo personaje dice, ni un solo día de su vida ha estado contento. Y en el colmo de la tragedia permanente que es todo él, por una extraña enfermedad, está condenado a carcajearse compulsivamente en los momentos de nerviosismo.

El excelso Joaquín Phoenix hace un papel que está hecho a la medida. Sin embargo, aunque este Guasón le ajusta a la perfección, no es la versión definitiva, una a la que sí se aproximó el fallecido Heath Ledger, en su épica interpretación del hombre de cara pintada en ‘El Caballero de la Noche’ (The Dark Knight, 2008).

Fleck, el Joker de Phoenix, se despega por completo de su fundamento de historieta y ni siquiera es apadrinado por DC. Este ser desgarbado y depresivamente jocoso no está inserto en un universo de fantasía, en el que, se sabe, convive con un enmascarado con capa que vigila la ciudad y que está integrado normalmente al paisaje, porque así está dictado en los códigos internos del mundo donde, hasta ahora, estos personajes habitaban.

El nombre de Ciudad Gótica es el único referente que ata al nuevo Guasón con sus versiones anteriores, porque, de lo demás, no hay nada. Aunque se menciona por ahí a la familia Wayne, Batman está ausente. Tampoco se muestra algún otro ser fantástico que sugiera que es mágica esta metrópolis, sumergida en una permanente crisis de corrupción.

De esta forma hay más Arthur que Joker. Por eso, al final se puede concluir que la película pudo hacerse con cualquier otro ser desdichado como protagonista. La máscara y el remoquete artístico de quien la lleva pasan a un plano muy secundario, pues este hombre es muy terrenal, sin súper poderes, ni sofisticaciones. No tiene arsenal, ni trucos evasivos. Tiene completamente erradicado cualquier signo de refinamiento. Es una piltrafa ambulante.

Lo realmente importante es ver la implosión emocional de un ser consumido, física y emocionalmente, por las contradicciones en las que ha vivido y que lo tienen al borde de la locura.

Este pobre hombre es un payaso extremadamente sombrío. ¿Qué puede haber más terrorífico que un clown malvado, un tipo vestido con colores divertidos y que tiene como vocación provocar risas, convertido en un sicópata asesino? Mentalmente enfermo, con algunos elementos de insanidad incrustados en casa, y con la ingenua idea de que mantiene un lejano parentesco con quien será el hombre murciélago, el Guasón vive ilusionado con aparecer en televisión, en el programa de moda, conducido por el popular Murray Franklin (Robert De Niro), hasta que le llega la gran oportunidad y, con ella, su catarsis.

Es así como Scorsese hace su labor y le tiende la alfombra roja a Phillips: De Taxi Driver (1978) pasa a El Rey de la Comedia (The King of Comedy, 1982). En su desdoblamiento violento, Fleck encuentra alivio en la destrucción. Inesperadamente, su instinto criminal adormecido emerge y se convierte en una celebridad por los peores motivos. Este ciudadano patético y anónimo, como un insecto social, se ha transformado en un antihéroe esquizofrénico, que acciona el fulminante que esperaba la comuna para estallar contra la autoridad.

En la inevitable carga política que llevan todas las películas de superhéroes y sus spinoffs, como éste, el alarido del personaje es de sublevación como respuesta ante la nauseabunda corrupción ejercida desde el poder mismo. En plena campaña política, el Joker finalmente consigue expresarse, pero lo hace con una furia que representa la de todos los oprimidos que llevan intensas vidas interiores y que quieren, aunque sea un solo día, ser tomados en cuenta por un entorno que los ha olvidado.

No hay que confundirse: Guasón es un excelente drama existencial, que no trae nada de aventuras.

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