“Chicos buenos”: el primer beso

"Chicos buenos" ya se exhibe en las principales salas del país. Foto: Cortesía "Chicos buenos" ya se exhibe en las principales salas del país. Foto: Cortesía

MONTERREY, N.L. (apro).- Chicos Buenos (Good boys, 2019) es una historia muy divertida, pero también muy extraña. Es protagonizada por niños, pero no es infantil, en lo absoluto. Por el contrario, la anécdota de pequeños que comienzan a ingresar cautelosamente en la adolescencia, va dirigida a los adultos, para que recuerden cómo eran vulnerables, inseguros y ridículamente ansiosos en esa época irrepetible y maravillosa.

El guionista y director Gene Stupnitsky embarca a tres chicos, grandes amigos, en una aventura que se convertirá en el centro de sus existencias: conocer los misterios del noviazgo para participar en una esperada fiesta de besos en la que estarán sus compañeras de escuela. Como desconocen los menesteres básicos de la carnalidad, entran en pánico. Es necesario prepararse para el gran evento.

La diversión se encuentra en la disparidad que hay en el tono de la historia y las edades de los protagonistas. Los niños apenas comienzan a adentrarse en los misterios de la autosatisfacción, pero son expuestos a las actividades de sensualidad lúdica y erótica de los adultos. Inocentemente se topan con dispositivos y juguetes para el placer, pero, aunque sospechan de su uso, no saben su empleo correcto. Sin embargo, llegado el momento, para algo les han de servir. Incluso como moneda de cambio.

Para acudir a la fiesta, Max (Jacob Tremblay, excelente como siempre) se atreve a utilizar el dron prohibido de su padre, un costoso instrumento que es utilizado para fines laborales. Como se espera, algo sale mal, lo que desencadena una serie de eventos catastróficos y la necesidad de emprender una jornada épica, para reponer el aparatejo, mientras se esmeran por conseguir el dinero necesario para adquirirlo y son perseguidos por dos chicas ninfómanas.

Eso, sin contar una incursión que deben hacer para adquirir drogas y salir del embrollo en algo parecido a un épico tiroteo, con todo y escenas de cámara lenta que muestran con detenimiento la violencia de una pistola de gotcha.

Sin aportar sorpresas, la comedia adolescente, transgresora y llena de obscenidades, es muy divertida. Las situaciones ya son conocidas, pero las actuaciones son maravillosas, así como los diálogos que involucran numerosas cuestiones de actualidad y las ya esperadas referencias de la cultura popular.

Chicos Buenos es como Súper Bad (Super Cool, 2007) de esta década. Jonah Hill y Seth Rogen, los genios más avanzados de la escuela de Jude Apatow, han estado involucrados en los dos proyectos, lo que garantiza dividendos de diversión.

El humor es pesado y aunque es de adolescentes, no se aproxima en nada a las candorosas propuestas ochenteras del legendario John Hughes campeón histórico de la escena juvenil.

 

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