Continuidad o cambio en Uruguay

La bandera de la República Oriental del Uruguay. Foto: https://presidencia.gub.uy La bandera de la República Oriental del Uruguay. Foto: https://presidencia.gub.uy

MONTEVIDEO (proceso.com.mx).- El domingo 27 en Uruguay se celebrarán las elecciones nacionales, marcadas por un duelo parejo entre el oficialista Daniel Martínez, del Frente Amplio (izquierda) y Luis Lacalle Pou, candidato del Partido Nacional (centroderecha). Mientras que los opositores señalan que es un duelo entre continuismo y cambio, el partido gobernante ha expresado que lo que está en juego es progresismo o conservadurismo. De todos modos, todo parece indicar que ambas fuerzas políticas estarán en el balotaje de noviembre y a partir del lunes tendrán que empezar a cerrar alianzas con los otros partidos.

No hay analista político que aventure que el Frente Amplio (FA) puede ser capaz de ganar en primera vuelta y con mayoría absoluta (50% más uno de los votos), por lo que al igual que en 2009 y 2014, deberá ser capaz de convencer a otros para lograr un cuarto gobierno consecutivo. En este escenario, coinciden todos los politólogos, la tiene más sencilla Lacalle Pou, quien ya dicho que quiere presidir un gobierno “multicolor” y ha dado señales unívocas de no querer dejar a nadie fuera de esa coalición.

Pero el Frente Amplio y el Partido Nacional -los que tienen más oportunidades de acceder a la Presidencia- no son los únicos partidos en pugna.

Por el contrario, el mapa político parece más atomizado que de costumbre. Son unos cuántos los partidos que pretenden hacerse un lugar en el Parlamento. Está el histórico Partido Colorado (el que gobernó desde el general Fructuoso Rivera en 1830 hasta 1958, cuando ganó por primera vez el Partido Nacional), el Partido Independiente de centroizquierda, el Partido de la Gente dirigido por un exitoso empresario, la Unidad Popular de extrema izquierda y Cabildo Abierto, la sorpresa de esta campaña electoral, una colectividad de apenas seis meses, desembozadamente de derecha, encabezada por un ex comandante en jefe del Ejército.

Las últimas encuestas -divulgadas la noche del jueves 24, horas antes del comienzo de la veda- le dan al Frente Amplio, aproximadamente, un 40 % y al Partido Nacional un 27 %, en promedio. Por detrás de ellos están el fundacional Partido Colorado, con el economista Ernesto Talvi como candidato (13% según las principales encuestas), o la sorpresa de la campaña, el mencionado Cabildo Abierto, con el general Guido Manini Ríos al frente (10.6% de intención de voto). Talvi y Manini han dicho en los últimos días que no se les descarte todavía: dan a entender que se tienen fe para llegar al balotaje, pero parecen más expresiones de deseo que convicciones reales.

Las encuestas le dan entre 1.5 y 2% al socialdemócrata -autodefinido como de centroizquierda- Partido Independiente, con Pablo Mieres, que sólo pretende ser el termómetro progresista en el Palacio Legislativo. Y apenas un 1% le dan al Partido de la Gente, liderado por el empresario Edgardo Novick -dueño de un centro comercial, una tienda de ropa deportiva y un restaurante-, un hombre cuyas principales ideas fueron generar empleo para los uruguayos, en detrimento de los migrantes venezolanos y dominicanos, y mano dura contra los delincuentes, con un plan que tuvo la bendición del exalcalde de Nueva York, Rudoplh Giuliani.

¿Quiénes son?

Luis Lacalle Pou es un abogado que nunca ejerció, de 46 años. Es hijo del expresidente Luis Alberto Lacalle (1990-95) y lidera una alianza multipartidaria. Será la segunda vez que aspira a la Presidencia, tras haber ganado las internas de su partido en 2014 ante el senador Jorge Larrañaga, victoria electoral que repitió en las internas de junio de este año. Hace cinco años perdió las elecciones nacionales, como era previsible, con el doctor Tabaré Vázquez. Esta vez, las encuestadoras lo dan como el favorito a acceder al sillón presidencial, en el balotaje de noviembre. Para el domingo próximo lo separan más de 10 puntos del candidato oficialista.

A Lacalle Pou se le endilga haber nacido en una familia patricia y vivir en un barrio privado, La Tahona, en las afueras de Montevideo. Él no reniega de su cuna privilegiada, pero sostiene que desde la izquierda se le mira desde el prejuicio. En 2014 hizo campaña amparado en el eslogan “Por la positiva”, y se jactaba de no criticar a sus oponentes, sino en concentrarse en sus propuestas. Lejos de aquel clima, esta campaña Lacalle ha sido muy duro con el oficialismo.

Le señaló hechos algunos hechos de corrupción: el negocio fraudulento que terminó con la caída de Pluna, la aerolínea de bandera, con más de 150 millones de dólares de pérdida, el discrecional de uso de tarjetas corporativas en el exvicepresidente Raúl Sendic, que debió renunciar a su puesto, entre otros. También ha marcado el despilfarro del Estado con los dineros públicos como los 11 millones de dólares de pérdida de la fábrica Envidrio, y grandes inversiones que se anunciaron, pero no se hicieron, tales como el puerto de aguas profundas, el tren De los Pueblos Libres con Argentina, una planta regasificadora, pozos petroleros cancelados, o el desarrollo la minera a cielo abierto, también trunco.

Ha criticado con dureza, no sólo el manejo de los fondos públicos y las inversiones del Estado, sino el alto déficit fiscal (4.9% del PBI) y la altísima tasa de desempleo (9.8%, la más alta en 12 años). Y ha sido ferozmente crítico con el Ministerio del Interior por no poder detener la alta tasa de criminalidad. La rapiña creció 9.2% en el primer semestre de 2019 respecto al mismo semestre de 2018, un 49% más que el primer semestre de 2005, cuando asumió el FA. Y durante 2018 hubo 382 homicidios, más asesinatos que días del año, repite Álvaro Garcé, asesor en seguridad del candidato nacionalista.

Del otro lado, el candidato oficialista es el ingeniero Daniel Martínez, un extécnico de la petrolera estatal Ancap, quien luego llegó a presidir la empresa de combustibles del Estado y hasta empezar la campaña electoral fue intendente (alcalde) de Montevideo, la capital del país, donde viven un millón y medio de habitantes, la mitad de la población del país.

Martínez militó en el Partido Socialista, una fracción del Frente Amplio, un gran conglomerado de distintas sensibilidades de izquierda, fundado en 1971. El Frente llegó por primera vez al poder con Tabaré Vázquez al ganar en noviembre de 2004, tras una fuerte crisis económico-financiera durante el gobierno del colorado Jorge Batlle. Luego lo sucedió José Mujica (2010-2015) y el propio Vázquez volvió a ponerse la banda presidencial, hasta marzo de 2020. Con el ingeniero Martínez -un hombre de gestión, disciplinado y que se jacta de trabajar con “transversalidad” y por proyectos-, el Frente Amplio buscará su cuarto lustro consecutivo en el poder. Por lo pronto, desde 1990 gobierna ininterrumpidamente la Intendencia de Montevideo.

El eslogan de Martínez es “mantener lo bueno, hacerlo mejor”. Y otro latiguillo que suele repetir en sus discursos es: “Hechos, no palabras”. Con éste, busca recordarle a los uruguayos todas las mejoras en su calidad de vida conseguidas durante los gobiernos progresistas: un Fondo Nacional de Salud más equitativo y de alcance nacional, una mejor distribución de la riqueza, el descenso de la pobreza desde un 40% en 2003 a un 8% actual y la casi eliminación de la indigencia (0,5% hoy), un exitoso Plan Ceibal que hizo que cada escolar pueda estudiar con una computadora portátil (ceibalita).

Martínez -a quien le dicen cariñosamente “Pelado”, por su pronunciada calvicie- promete más cámaras de videovigilancia y un extendido sistema de patrullaje policial en determinadas zonas para bajar los índices delictivos. Y para atender el empleo promete talleres de recapacitación y formación para 400 mil uruguayos para los “puestos laborales del futuro”. “El empleo es una de mis principales preocupaciones, por lo que con mi equipo seguiremos elaborando iniciativas para fomentar y facilitar empleos de calidad”, dijo en un seminario. Con recursos del Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop) y el propio Estado se financiaría el plan para capacitar a los que “hoy empiezan a estudiar” y a los que deban enfrentarse a cambios en los empleos que vana desaparece, dijo.

Los demás

Con Martínez y Lacalle Pou definiendo la Presidencia de Uruguay el domingo 24 de noviembre en el balotaje, este domingo 27 de octubre todos se juegan en las urnas su participación en el próximo Parlamento nacional.

Así las cosas, el novel Cabildo Abierto -llamado con sorna “Partido Militar” por sus detractores de izquierda- podría llegar a tener tres senadores y 12 diputados, si los votos confirman lo que vaticinan las encuestas. Una incógnita es el alcance del Partido Colorado de Talvi, con el respaldo del expresidente Julio María Sanguinetti, que a sus 83 años, sigue en la arena política y le peleó a Talvi la interna.

El Partido de la Gente, del empresario Novick, podría no llegar a tener representación parlamentaria, y el Partido Independiente -de centroizquierda, socialdemócrata- podría perder peso en el Parlamento. Hoy tiene un senador y dos diputados. En cambio, la Unidad Popular (de izquierda radical), que hoy tiene un diputado, podría llegar a tener una banca en el Senado.

Lo que está claro es que ningún partido tendrá mayoría parlamentaria, por lo que será fundamental tejer alianzas para darle al país mayor gobernabilidad, y que no se trunque en el Palacio Legislativo lo que mandate el Poder Ejecutivo. Se avecinan, coinciden todos, las elecciones más reñidas desde el regreso de la democracia en 1985.

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