Sínodo vaticano avala ordenar a sacerdotes casados en la Amazonia

El Papa Francisco en el Vaticano. Foto: AP / Alessandra Tarantino El Papa Francisco en el Vaticano. Foto: AP / Alessandra Tarantino

ROMA (proceso.com.mx). —Fue un mes de rumores, salidas en falso y cortocircuitos. Pero, finalmente, los obispos reunidos en El Vaticano para discutir sobre los problemas de la Amazonia decidieron tomar la histórica iniciativa de recomendar al Papa autorizar la ordenación de diáconos con familias, el paso previo para que Francisco dé su aprobación final, lo que equivaldría a poner en marcha una verdadera revolución para la institución del sacerdocio católico.

La intrépida decisión, que de facto carcome la regla del celibato eclesiástico, fue plasmada en el documento oficial de clausura del sínodo de obispos, aprobado este sábado en la tarde.

En concreto, según el artículo número 111 del mencionado documento, se propone “ordenar sacerdotes a hombres idóneos y reconocidos de la comunidad, que tengan un diaconado permanente fecundo y reciban una formación adecuada para el presbiterado, pudiendo tener familia legítimamente constituida y estable, para sostener la vida de la comunidad cristiana mediante la predicación de la palabra y la celebración de los sacramentos en las zonas más remotas de la región amazónica”.

La propuesta, que sólo sería válida para la Amazonia y cuyo objetivo principal es poner remedio a la actual escasez de sacerdotes en esta zona de Latinoamérica, fue aprobada con 128 votos a favor y 41 en contra. Este último ha sido el número más alto de votos contrarios a un artículo del documento final, que requería la aprobación de dos tercios de los participantes para obtener el visto bueno, lo que refleja la división que el asunto provocó en el clero.

“Muchas de las comunidades eclesiales del territorio amazónico tienen enormes dificultades para acceder a la Eucaristía. En ocasiones pasan no solo meses, sino incluso años para que un sacerdote la celebre o realice un sacramento de reconciliación o la unción de enfermos”, se justifica, en esta línea el texto.

Dicho esto, si el papa Francisco decide finalmente aprobar la norma propuesta, la región amazónica se convertiría en una especie de laboratorio cuyos frutos podrían extenderse también a otros países del mundo, tal como también sugiere el documento final. “A este respecto, algunos se pronunciaron por un abordaje universal del tema”, se lee.

“Además, el obispo pueda confiar, por un mandato de tiempo determinado, ante la ausencia de sacerdotes en las comunidades, el ejercicio de la cura pastoral de la misma a una persona no investida del carácter sacerdotal, que sea miembro de la comunidad. Deben evitarse personalismos y por ello será un cargo rotativo”, continúa el documento, en otra parte, sobre este tema.

Más tibios con las mujeres

El documento final también supone un pequeño paso hacia adelante para que continúe el debate sobre las mujeres diáconos, aunque, en este caso, el resultado ha sido mucho más tibio.

Según con el artículo 103 del texto, se decidió continuar la experiencia de la Comisión de Estudio sobre el Diaconado de las Mujeres, instituida en 2016 por Francisco y que aún no obtuvo resultados de calado. Sin embargo, el texto no hace mención alguna a la posibilidad de que haya en un futuro mujeres diaconisas, como algunos progresistas esperaban, puesto que además se trataría de reconocer en forma oficial lo que ya sucede en muchas comunidades de la Amazonia.

Aún así, en el artículo 95, el sínodo parece moverse en esta dirección. “Para la Iglesia amazónica es urgente que se promuevan y se confieran ministerios para hombres y mujeres de forma equitativa”, indica el mencionado artículo. “No era este el contexto dónde mejor debatir del tema”, dijo, por su parte, Michael Czerny, secretario especial del sínodo, durante la nocturna rueda de prensa de presentación del documento.

Ecología integral

Las connotaciones ecologistas y de denuncia social del documento son, en cambio, mucho más evidentes. “Quienes compartimos la vida con ellos, vemos las comunidades indigenas asfixiadas por toda la invasión que viene, codiciando sus productos, codiciando los bienes de la tierra. En el documento, se van a encontrar esas preocupaciones de la Iglesia”, explicó David Martínez de Aguirre Guinea, también secretario especial del sínodo y obispo de Maldonado (Perú).

Por ello, el sínodo de los obispos decidió proponer la creación de un observatorio socioambiental, que pueda coordinar la acción y las denuncias de todos los obispos y las comunidades de la región amazónica, también de cara a eventuales quejas ante la ONU.

Además de ello, también se insistió sobre la definición del llamado “pecado ecológico”. “Proponemos definir el pecado ecológico como una acción u omisión contra Dios, contra el próximo, la comunidad y el ambiente. Es un pecado contra las futuras generaciones y se manifiesta en actos y hábitos de contaminación y destrucción de la armonía del ambiente, transgresiones contra los principios de interdependencia y la ruptura de las redes de solidaridad entre las criaturas”, afirmaron los obispos.

En lucha con las industrias

En la Amazonia hay “apropiación y privatización de bienes de la naturaleza, como la misma agua; las concesiones madereras legales y el ingreso de madereras ilegales; la caza y la pesca predatorias; los mega-proyectos no sostenibles (hidroeléctricas, concesiones forestales, talas masivas, monocultivos, carreteras, hidrovías, ferrocarriles y proyectos mineros y petroleros); la contaminación ocasionada por la industria extractiva y los basureros de las ciudades y, sobre todo, el cambio climático. Son amenazas reales que traen asociadas graves consecuencias sociales”, explicaron los obispos.

“Detrás de todo ello están los intereses económicos y políticos de los sectores dominantes, con la complicidad de algunos gobernantes y de algunas autoridades indígenas. Las víctimas son los sectores más vulnerables, los niños, jóvenes, mujeres y la hermana madre tierra”, concluyeron.

En esta línea, el documento también abre espacio para el pluralismo litúrgico —el rito amazónico, que algunos consideran herético— y el respeto hacia las tradiciones de los pueblos autóctonos de la Amazonia, para que la Iglesia también haga su parte. “Estas tradiciones merecen ser conocidas, entendidas en sus propias expresiones y en su relación con el bosque y la madre tierra. Junto con ellos, los cristianos, basados en su fe en la Palabra de Dios, se ponen en diálogo, compartiendo sus vidas, sus preocupaciones, sus luchas, sus experiencias de Dios”, se lee.

Estatuas recuperadas

Un pronunciamiento, este, que llega después de que esta semana se consumara el robo de unas estatuas indígenas que se encontraban en una iglesia romana, un acto que fue reivindicado por católicos ultraconservadores y opositores de Francisco, lo que el viernes culminó con una intervención del Papa.

Tras informar que las estatuas han sido recuperadas, el pontífice se disculpó abiertamente por el gesto de los ultraconservadores, que consideran a estos objetos “ídolos paganos” y se niegan a que sean expuestos en iglesias, en base a una interpretación teológica que es opuesta a la de Francisco de Asís.

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