El Tren Maya en el modelo neoliberal

Boletas de la consulta del Tren Maya. Foto: Alejandro Saldívar Boletas de la consulta del Tren Maya. Foto: Alejandro Saldívar

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En opinión del doctor en Ciencias Políticas, Iván Franco Cáceres, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de Yucatán, la consulta para la realización del megaproyecto Tren Maya, realizada los días 14 y 15 pasados en la zona del sureste de la República, fue lanzada con premura, con “la misma lógica impositiva de ‘va porque va’”, y sigue sin cumplir con los requerimientos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

El Convenio 169 de la misma establece que los pueblos indígenas tienen derecho a ser consultados sobre proyectos que puedan generar conflictos jurídicos, políticos, económicos y sociales que pongan en riesgo su supervivencia, identidad cultural, libre determinación, territorio y recursos naturales. Y la consulta debe ser libre, previa, informada, culturalmente adecuada y de buena fe. (file:///C:/Users/chuch/Downloads/Laconsultaprevia.pdf).

En recientes intervenciones en foros acerca de los impactos del megaproyecto ferroviario, organizados en la región por académicos del INAH, Franco Cáceres presentó las ponencias “El contexto global del ‘Tren Maya’ y el reto como académicos” y “La 4T, empresarios y mega-región”. En ellas desarrolla cómo el proyecto se inserta en un modelo de Estado transnacional impulsado por el neoliberalismo.

Y expone el papel que juegan las riquezas energéticas y minerales del sureste que dejó el impacto del meteoro de Chicxulub, cuyas reservas fueron confirmadas entre 2012 y 2015: “Casi el 6% de la reserva petrolera mundial, gas natural y otros recursos valiosos como iridio y oro”, además de sol y aires aprovechables, se encuentran en la zona de la Península de Yucatán y el Golfo de México. Destaca, asimismo, que se trata de una zona estratégica desde el punto de vista geopolítico, y de ahí también la idea de militarizar la frontera con Centroamérica.

En julio pasado, la organización Geocomunes y el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible presentaron la investigación cartográfica “La expansión de megaproyectos en la Península de Yucatán”, en la cual se muestra que, desde hace treinta años, la región ha sido sometida a procesos de destrucción y despojo por parte de grupos con intereses energéticos, agroindustriales, inmobiliarios y turísticos, entre otros.

Franco Cáceres refiere en sus ponencias que la idea de impulsar un megaproyecto pensado por la “inteligencia global”, tiene sus antecedentes en el Plan Puebla Panamá (PPP), del gobierno de Vicente Fox, creado por grupos estadunidenses “que invirtieron en su campaña”; la Iniciativa Mérida, mediante la cual el gobierno de Felipe Calderón recibió apoyo “con fondos para combatir delincuencia y terrorismo”; y el Proyecto Mesoamérica, con Enrique Peña Nieto, que involucró a diez países, “una reedición más agresiva y ambiciosa del PPP”.

En tanto que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha señalado que el neoliberalismo “ya no existe en México”, pero que el Tren Maya “va porque va”, el también antropólogo advierte que hacerlo, incluso brincando la oposición de sectores de los pueblos originarios, profundizará en procesos neoliberales como la venta, especulación y despojo de tierras, así como la elevación de la plusvalía de la propiedad.

Incluso indica que más allá del tren y de si es financiado con recursos gubernamentales, privados o transnacionales, la zona se ha erigido como estratégica para los negocios e intereses globales desde hace años. Como igual desde hace años –siglos, pues se remonta a la época colonial–, ha sido víctima de la extracción de sus recursos naturales: madera, sal, piedra, agua, frutos del mar, cultivos agroindustriales como el henequén, la grana-cochinilla, el chicle, entre otros.

Se plantea la pregunta que muchos, en defensa del proyecto, han hecho:

“¿Es que no tienen derecho los doce millones de habitantes de las cinco entidades involucradas de la zona (Campeche, Chiapas, Tabasco, Quintana Roo y Yucatán) a contar con un sistema de transporte rápido y eficiente para sus traslados internos en nuestro país?”

Su respuesta es: hay que recordar el despojo histórico, iniciado con el contacto entre europeos y nativos americanos, como una advertencia. Cita entonces al intelectual Noam Chomsky, para quien los habitantes “siguen dando ejemplo de cómo convivir de forma equilibrada con la naturaleza”, contario al “agresivo capitalismo neoliberal”, para señalar que el Tren Maya podría ser la vía no para la cuarta transformación, sino para “la cuarta destrucción de los pueblos originarios y su milenario territorio”.

Resume a esta agencia que el megaproyecto “sólo es un eslabón (relevante desde luego) de una larga cadena de inversiones nacionales y transnacionales”, y que sus intereses se develaron con la creación de las Zonas Económicas Especiales, que ahora AMLO desapareció, aunque “en la realidad” el tren define a todo el sureste como una gran Zona Económica Especial.

La “manoseada” consulta del fin de semana pasado, opina para finalizar, no se hizo con un procedimiento organizado con el tiempo necesario para que se cumpliera con todos los requerimientos internacionales establecidos por el convenio de la OIT. Señala que en los medios locales “como en los viejos tiempos del PRI y el PAN”, los periódicos recibieron publicidad pagada hablando de las bondades del proyecto, sin que las comunidades implicadas tuvieran la información de calidad para decidir.

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