Por las “rendijas” del T-MEC se cuelan amenazas contra México

Seade y Ebrard. Polémica negociación del T-MEC. Foto: Eduardo Miranda

Entre el martes 10 y el domingo 15, la confianza que el presidente Andrés Manuel López Obrador le tenía a Jesús Seade Kuri, “el negociador solitario” del T-MEC, se transformó en dudas cuando Estados Unidos anunció que vendrían a México los observadores laborales. Kenneth Smith, quien el sexenio pasado fue jefe negociador técnico del entonces TLCAN, comenta que en toda negociación el chiste es dejar el menor número posible de rendijas donde pueda haber una mala interpretación, algo que no se hizo en la interpretación de la norma T-MEC.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Las rendijas en materia laboral surgidas de la mesa de negociación del Protocolo Modificatorio del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) que llevó, solitario, Jesús Seade Kuri, subsecretario para América del Norte de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), dejaron abierta la puerta para que Estados Unidos pueda “manipular” a su antojo a México con imposición de aranceles y otras medidas proteccionistas.

Las risas, apapachos y elogios entre Seade, el presidente Andrés Manuel López Obrador y el representante de Comercio del Gobierno de Estados Unidos, Robert Lighthizer, en Palacio Nacional el martes 10 –cuando se firmó el protocolo– se volvieron un trago amargo, sobre todo para el principal negociador de México.

Tres días después, el viernes 13, cuando el gobierno de Donald Trump presentó la Ley de Implementación del T-MEC a la Cámara de Representantes, el semblante de Seade cambió al conocer que sí habrá observadores estadunidenses en México para vigilar el cumplimiento en materia laboral.

“A todas luces, esto significa que observadores van a visitar a las empresas mexicanas como parte de estas verificaciones, junto con los panelistas, por lo menos del lado de Estados Unidos. Está establecido en el texto legal. Si tienen una labor de apoyar al Comité estadunidense que va a supervisar el cumplimiento y garantizar si México está cumpliendo con los objetivos. Eso viene en la ley estadunidense”, señala en entrevista con Proceso Kenneth Smith Ramos, quien el sexenio pasado fue jefe negociador técnico del hoy T-MEC.

Para que no quede duda, Smith Ramos hace un ejercicio de traducción sobre lo establecido en la sección 722 de la Ley de Implementación del también conocido en el vecino país del norte como United States-Mexico-Canada Agreement (USMCA):

“Las labores de los observadores van a ser apoyar al Comité Laboral Intersecretarial que se crea en Estados Unidos para monitorear y garantizar el cumplimiento de las obligaciones laborales de México… Segundo: Presentar al Comité Laboral Intersecretarial de Estados Unidos reportes trimestrales sobre los esfuerzos que ha tomado México para cumplir con las obligaciones laborales”.

El ahora socio de la consultoría Agon: Economía, Derecho y Estrategia coincide con Seade en que en el adendum del T-MEC no había “letras chiquitas”, sino “rendijas” en la interpretación de la norma.

En su despacho, ubicado en Santa Fe, Kenneth Smith hace una pausa y cavila.

“No es una letra chiquita, es simplemente, en opinión de Estados Unidos, estar traduciendo lo que se acordó en la mesa de negociación a su Ley de Implementación. El tema es que en todas estas negociaciones el chiste es dejar el menor número posible de rendijas donde pueda haber una mala interpretación; es decir, aclarar y definir todo claramente. En el adendum no se define qué es un observador y cuáles son sus funciones”, señala.

Nuevos cuestionamientos

Kenneth Smith comenta al reportero que cuando llevó las negociaciones, de la mano de Idelfonso Guajardo, el secretario de Economía del gobierno de Enrique Peña Nieto, ya era predecible que habría demandas específicas en materia laboral por parte de los demócratas en el T-MEC.

Sin embargo, aclara, se intentó dejar muy claro el tema, a sabiendas de las presiones de dicha parte de la Cámara de Representantes de la Unión Americana.

“Pensábamos que iba a ser en materia laboral, por lo tanto en la negociación que nos tocó hacer a nosotros tratamos de dejarlo lo más claro, sabiendo que ellos iban a presionar después. No se sabía exactamente qué iban a pedir, pero era de esperarse que los demócratas iban a tratar de introducir elementos que para ellos eran muy importantes, para imprimirle el sello de la casa y decir que no se trata únicamente del ‘Tratado de Trump’.”

Ahora la suerte está echada y Seade pasó de los halagos que le hizo López Obrador en la firma del Protocolo Modificatorio a los cuestionamientos.

En el Salón Tesorería, donde se llevó la ceremonia y a la que también asistió la cúpula empresarial, en su mayoría optimista, el mandatario se deshizo en elogios para el negociador solitario ese mediodía del pasado martes 10.

“Jesús también es un profesional en este asunto de las negociaciones, de los acuerdos, es un experto con mucha paciencia, con mucha imaginación, con mucho talento y con mucho patriotismo, con mucha responsabilidad… Le tenemos toda la confianza a Jesús, casi no teníamos que revisar nada, leer documentos, por la confianza que le tenemos, sabemos muy bien que él nos representaba y nos representa con mucho decoro”, presumió el tabasqueño.

Pero el domingo 15 Seade tuvo que utilizar 18 mensajes en su cuenta de Twitter para aclarar el contenido del adendum y de la Ley de Implementación, la cual fue aprobada el jueves 19 por la Cámara de Representantes estadunidense.

Eso sin contar con una rueda de prensa, desde la embajada de México en Estados Unidos, sobre el tema de los “inspectores comerciales”, lo que a su vez provocó la respuesta de Lighthizer mediante una misiva.

Dicho sea de paso, la carta del representante comercial estadunidense aclaró que “no serán inspectores laborales (los que vendrán) y se apegarán a todas las leyes mexicanas relevantes”.

Para Smith Ramos, quien también formó parte del equipo de negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la situación es clara:

“¿Cuál es el tema? Que el instrumento legal que va a regir el acuerdo comercial, no es esa carta del representante comercial. El instrumento válido, es lo que Estados Unidos va a aprobar en su congreso, es la Ley de implementación. A la hora de la verdad, lo que le va a importar a Estados Unidos es lo que va a aprobar y que va a quedar como ley.  La carta puede quedar como una carta de buenas intenciones y tenemos que esperar que Estados Unidos no manipule ni el concepto de observadores, ni otros aspectos.”

“Cambios sutiles”

Maestro en Economía Internacional por la Universidad Johns Hopkins, School of Advanced International Studies (SAIS), Kenneth Smith va más allá y abre el abanico de cartas que Estados Unidos puede utilizar en cierto momento en contra de México, con fines políticos que rebasen lo comercial, gracias a los resquicios en el adendum modificatorio del T-MEC.

“En materia laboral, sí se abrió el abanico y la posibilidad de que Estados Unidos pueda presionar a México en esa materia. Lo que no podemos saber en estos momentos es qué uso le va a dar Estados Unidos en un año electoral, con una política comercial, bastante proteccionista, al capítulo laboral. Si ellos tratan de utilizar ese capítulo como una herramienta proteccionista, ahí si nos podría pegar”, advierte.

El exdirector General de América del Norte en la Secretaría de Economía (SE), en donde operó como coordinador del TLCAN para México entre 2002 y 2007, precisa que “no hay garantías de que lo van a hacer, pero si lo usan en este sentido, me preocupa que, derivado de estos cambios, Estados Unidos pudiera empezar casos frívolos, demandas que no estén justificadas en contra de México, y presionar políticamente”.

El experto se mete a “los hilos finos” de la letra del Protocolo Modificatorio del T-MEC y advierte que, de entrada, se cambia la carga de la prueba donde el país demandado por alguna violación laboral se verá obligado a demostrar que dicha falta no está relacionada con el comercio y la inversión.

Antes, acota, quien demandaba tenía que demostrar que una violación laboral estaba afectando al comercio y la inversión.

“Eso se modificó y parece un cambio sutil, pero en realidad sí tiene impacto, porque implica que la carga de la prueba está sobre el país demandado y de entrada tienes una presunción de culpabilidad”, advierte.

La segunda carta con la que puede jugar la administración Trump afecta directamente a las empresas exportadoras de México, porque en caso de que se inicie un procedimiento en contra de una empresa por incumplir un derecho laboral, “el gobierno de Estados Unidos le advierte a los importadores que tendrán que pagar de manera retroactiva los aranceles en caso de que la resolución del panel sea positiva”.

“¿Qué es lo que sucede? El importador dice: ‘Esto ya es terreno contaminado, por qué no mejor busco otro proveedor de sillas o por qué no busco otro socio comercial donde no hay estas broncas laborales’. A lo que voy es que tiene un impacto negativo en el comercio. El golpe está dado, antes de que el panel haya fallado”, suelta el licenciado en Relaciones Internacionales y Economía por la Universidad de Georgetown.

Otro de los resquicios o rendijas que se dejaron en la mesa fue endurecer la regla de origen en el sector acerero.

“En el Adendum hay un tema que no era una solicitud de los demócratas, era una solicitud del sector acerero de Estados Unidos, de además de este balance que tenemos en el sector automotriz, de último minuto, meter una regla de origen de acero más estricta, que obliga a que la fundición, la materia prima, tuviera que llevarse a cabo en Norteamérica”, señala Smith.

Inmediatamente aclara: “Eso es algo que ya había sacado Estados Unidos en la negociación originalmente y que nosotros rechazamos. Creo que hacer más estricta la regla de origen de acero no era necesario, porque no era una solicitud de los demócratas. Es un tema que traía la administración Trump que hemos rechazado en la negociación original y que metieron ellos”.

En la lupa de Estados Unidos

En el terreno comercial, el representante de la SE en la Embajada de México en Washington entre 2013 y 2017 plantea el siguiente escenario, sobre lo antes mencionado:

“Obviamente el sector automotriz mexicano va a seguir creciendo, pero lo que debemos hacer es ayudarle a ser más competitivos y hacer la regla más estricta en acero, yo creo que beneficia al final del día a las industrias automotrices de Alemania, de China, de Japón, porque estamos nosotros encareciendo un poco más.”

Aunque las ventajas del T-MEC, según el gobierno de México, radican en que, de entrada, termina una etapa de incertidumbre muy larga para que los inversionistas lleguen a México; el establecimiento de reglas más claras en el comercio, así como la reafirmación del bloque económico más grande el mundo.

Además de que establece nuevas reglas para una economía digital que permitirá impulsar el desarrollo de más empresas, sectores y regiones de México; desarrolla herramientas para instrumentar iniciativas que fortalezcan la competitividad, la capacitación y promuevan una mayor participación de las Pymes; así como promover el desarrollo tecnológico y el registro de patentes a través del respeto a las disposiciones en materia de propiedad intelectual, entre otras señaladas por la SE.

Para Smith Ramos, “México va a tener que seguir al pie de la letra lo que ya está en la reforma laboral, y estar listo para asegurar que haya una revisión de los contratos colectivos y que haya representatividad, transparencia en la elección de líderes sindicales… Vamos a tener que verlo con mucho cuidado porque, ahora sí, vamos a estar en la lupa de Estados Unidos”.

Aún peor, en el fondo, en el capítulo laboral se ven reflejados más los intereses de los sindicatos del vecino país del norte, que las demandas de los representantes de los trabajadores mexicanos.

“Lo que persiguen los sindicatos es encontrar mecanismos que hagan más costoso invertir en México, o que dificulte la exportación de productos mexicanos a la Unión Americana. Esa es la verdad de lo que los sindicatos estadunidenses están persiguiendo”, sostiene Smith.

Y profundiza: “sabemos que los sindicatos estadunidenses no están persiguiendo el bienestar de los trabajadores mexicanos, ese es el discurso político. Ellos no apoyan abiertamente los tratados de libre comercio porque se sienten amenazados, sienten que representan una competencia para sus trabajadores”.

–¿Usted ha sido consultado? ¿Le ha llamado el subsecretario Seade? –se le cuestiona al socio de Agon.

–A lo largo de los meses, después de que salí del gobierno, hemos tenido comunicación de diversos temas, preguntas sobre cómo se estructuraron ciertos capítulos del T-MEC; cuando fue la disputa por el tomate platicamos un par de meses, es decir, hemos tenido un intercambio de información. En los últimos meses no ha sucedido.

Lo cierto es que Seade tampoco recurrió el bagaje del Cuarto de Junto en la última recta del protocolo modificatorio, lo que le hubiera podido permitir sellar las rendijas por donde el país más poderoso del orbe pudiera manipular a su antojo a México.

“Lo que haces en el Cuarto de Junto y lo que hicimos a lo largo de la negociación fue tomar ciertos puntos de vista, analizar otros ángulos del problema, ensayar lenguaje que pudiera quedar plasmado en el documento con ellos y así ir formando la opinión. A fin de cuentas, la decisión es gubernamental de lo que va a quedar en el texto, pero es útil recurrir a esta experiencia del Cuarto de Junto”, comenta Smith, quien también negoció el Tratado de Asociación Transpacífico.

Así, tras un largo camino que comenzó en agosto de 2017, con las rondas de negociación entre los tres países, con la intención de modernizar el TLCAN que databa de 1994, ahora se espera que en enero próximo el Senado estadunidense lo ratifique y Donald Trump lo promulgue con sus pares de México y Canadá.

Este reportaje se publicó el 22 de diciembre de 2019 en la edición 2251 de la revista Proceso

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