El tercer evangelio. Apuntes heréticos (Primera parte)

Las escrituras sagradas

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Nota aclaratoria. Estos comentarios están referidos a un tema específico: el contexto “histórico” de los hechos contenidos en el evangelio atribuido a Lucas. No se alude a los aspectos teológicos; tampoco a las contradicciones o variantes que se advierten entre ese evangelio y los restantes llamados sinópticos: Mateo y Marcos.

Quienes lean estos comentarios, para desvirtuarlos, pudieran alegar que son los mismos temas de los que han hablado otros autores y que ellos lo han hecho con mayor autoridad. Ello es cierto; pero cuando se ve que todos los domingos y, por qué no reconocerlo, todos los días, con autoridad o sin ella, se habla de lo mismo, también se debe aceptar que se invoquen, de nueva cuenta, con otra presentación, parecidos argumentos y cuestionamientos. En este mundo nada sobra; pero, de igual manera, mucho está de más.

El tema de la influencia de los mitos griegos en los evangelios, en particular en el Nuevo testamento, ya ha sido hecho; aquí, de alguna forma, se retoma, con otros elementos.

El trabajo de desmitologización del Nuevo testamento ya lo hicieron desde el siglo XVII algunos estudiosos. En el siglo XX contribuyeron a ello, entre otros, Albert Schweitzer y Rudolf Bultmann.

Generalidades

En el orden de colocación en el Nuevo testamento, el evangelio de Lucas es el tercero; desde el punto de vista literario es el más bello; en lo relativo a la perspectiva histórica, el más cuestionable, y, en cuanto a crédito, el menos creíble de los cuatro. Estas afirmaciones son válidas a pesar de que para Ernest Renan lo es el de Juan, el cuarto, y con razón; éste, al parecer, fue escrito a mediados del siglo segundo por alguien que, para darle autoridad, lo atribuyó a Juan el apóstol.

Hay razones, y no pocas, para cuestionar el evangelio de Lucas: fue de los últimos en escribirse; es obra de alguien que no fue testigo de nada de lo que refiere y que al momento de escribir se hallaba lejos de los sitios en que supuestamente tuvieron lugar los hechos que narra. A pesar de lo anterior, algunos autores sostienen que, de todas las fábulas contenidas en los otros tres, es el evangelio más creíble.

El autor del evangelio, que no dio su nombre, tenía como propósito superar, cuando menos en absurdos, las “biografías” o los relatos que circulaban de héroes fabulosos como Heracles y Teseo o de personajes reales: Pitágoras, Sócrates, Platón, Alejandro el Grande o Apolonio de Tiana. De los dos primeros, a base de inventar milagros, imitó sus hazañas; de Sócrates, sus enseñanzas; de Platón, su nacimiento virginal; de Alejandro, su origen divino y su muerte a los treinta y tres años, de Pitágoras y Apolonio, sus hechos extraordinarios.

La influencia de la mitología griega es notoria. El autor, a base de inventar y exagerar, trató de demostrar que su biografiado, además de ser superior a los héroes y filósofos griegos, era bueno y amoroso; como Heracles, él también era hijo de Dios; había hecho buenas obras, sufrió por la humanidad, murió, resucitó y ascendió al cielo. Teseo, otro benefactor, quien, si bien resucitó, no subió al cielo.

Para darle autoridad y crédito al evangelio, ha sido atribuido a Lucas, un médico que acompañó al apóstol Pablo y que se menciona en algunas cartas atribuidas a Pablo y Pedro (Colosenses 4,14; 2 Tito, 4, 11 y 2 Pedro, 1, 19). No hay elementos probatorios, convincentes o superficiales, que acrediten la autoría o para reconocer a su autor.

Los eruditos han demostrado que en la antigüedad, para dar autoridad a un libro, su autoría era atribuida a alguno de los grandes escritores o pensadores. Lo mismo pasa con los restantes libros de la Biblia. El libro de Isaías reconoce cuando menos tres autores: proto Isaías, deutero Isaías y trito Isaías; el de Daniel cuando menos dos, uno de ellos muy tardío; esto en el mejor de los casos; Renan lo califica de ser “un verdadero apócrifo”. Algunas de las cartas atribuidas a Pablo o a Pedro han sido puestas en duda en cuanto a su autoría; al parecer no fueron escritas por ellos.

Ante el hecho, evidente, de que no se produjo la segunda venida de Cristo, mientras vivieron, algunos de los que supuestamente lo habían visto en su primera venida, tal como él lo había prometido, alguien piadoso, que desde luego no fue Marcos, agregó los versículos 9 a 20 al capítulo 16; lo hizo con el fin de justificar la evangelización y dar base al concepto iglesia, ajeno totalmente al discurso original del mismo Cristo.

El llamado evangelio de Lucas está englobado en las declaraciones que hace Renan: “No es porque me haya sido previamente demostrado que los evangelistas no merecen crédito por lo que rechazo los milagros que cuentan… Los evangelios son leyendas, pueden contener historia, pero ciertamente no todo ello es histórico”.

No es el único cuestionamiento. E. P. Sanders afirma: “No obstante, seguirán existiendo importantes desacuerdos sobre la fiabilidad de los evangelios… Gerhardsson afirma reiteradamente que la Iglesia cambió el material: eliminó, añadió, modificó y, en ocasiones, creó nuevo material sobre Jesús”.

El autor del tercer evangelio, desde un principio, advierte a sus lectores que su obra es producto de sus investigaciones: “… he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribirlo por su orden…” Lucas no fue testigo de lo que narra, así lo reconoce expresamente; no conoció a ninguno de los que fueron testigos de los hechos que refiere. Es tardío y el menos informado de los evangelios. Lo mismo podría afirmarse respecto de la otra obra que se le atribuye: Los hechos de los apóstoles.

En el siglo XIX, Renan sostenía que el evangelio de Lucas fue escrito con posterioridad al sitio de Jerusalén. Para los biblistas más autorizados, fue elaborado entre los años 90 y 100 de la era actual, siguiendo el modelo de las biografías helenistas.

Joseph Klausner afirma: “Las más antiguas fuentes cristianas de la historia de Jesús son las epístolas de Pablo contenidas en el Nuevo testamento. No todas ellas se le pueden atribuir auténticamente: …En ningún escrito de Pablo encontramos hechos históricos confiables sobre la vida y obra de Jesús, que exceda la vaga sugestión de que ‘fue el primogénito entre muchos hermanos (Romanos 8: 29), la afirmación de que fue crucificado, el relato de la última cena en la noche del arresto (I Corintios 11: 23 26), y el dato cuestionable de que Jesús era del linaje de David…”

Ese mismo autor sostiene: “El último de los Sinópticos pertenece a Lucas, el médico, discípulo de Pablo. …Fue escrito a comienzo del siglo segundo”.

En ese contexto y el hecho de haber sido escrito más de 60 años después de los hechos que refiere, sería motivo suficiente para no fiar demasiado en su información; mucho menos si se toma en cuenta que ignoraba el contexto histórico, geográfico y legal. Al parecer fue escrito en Roma, para una familia romana, por alguien que no conocía el lugar de los hechos ni a quienes habían intervenido en ellos. Las incongruencias son grandes, pequeñas y múltiples.

El autor de ese Evangelio, por no hallarse en Palestina, ignoró el ambiente de guerra civil que vivía la región en tiempos de Jesús; pasa por alto la oposición generalizada y violenta de los judíos a la ocupación romana, durante los años en que se desarrolla la “historia” que refiere. “…Luego de la muerte de Herodes, se registró en Galilea un movimiento insurreccional encabezado por un tal Judas que no es sino la continuación de revueltas anteriores a que Herodes había tenido que hacer frente. En Perea, un tal Simón se proclamó ‘rey’; y en Judea un pastor dotado de gran fuerza física se ciñe la frente con la diadema y libró guerra a los romanos y los herodianos”.

El evangelio de Lucas refiere disputas verbales: las que supuestamente se dieron entre Jesús y los fariseos y saduceos; se circunscriben a cuestiones teológicas o de interpretación de pasajes del Antiguo testamento. No hay referencias a los brotes de rebelión y a la inseguridad en que vivían los habitantes de Palestina.

En este aspecto son más creíbles las obras de Flavio Josefo; éste vivió en Palestina y en una época más cercana al tiempo en que supuestamente se dieron los “hechos” que narra Lucas. Ello es cierto a pesar de las interpolaciones de que fue objeto su obra de parte de escritores cristianos; éstos introdujeron adendas con el fin de corroborar las débiles versiones que sobre Jesús presentan los evangelios.

Heikki Räisänen afirma: “La obra de Lucas debe usarse con precaución a la hora de reconstruir la historia primitiva del cristianismo”. J. Klausner va más allá, niega a los evangelios naturaleza histórica; sostiene: “Pero de inmediato enfrentamos el problema siguiente: el objetivo de los evangelios no era referir la ‘historia’ en el sentido que damos nosotros a la expresión, sino proclamar, difundir y confirmar la nueva fe”.

Influencia de los escritores griegos en el evangelio de Lucas

La influencia de la literatura griega y romana en el autor del evangelio de Lucas es evidente. Aquí se invocan a algunos ejemplos que ella tuvo en la parte “histórica” de ese evangelio. Se alude a personajes de los que existe certeza que existieron: Pitágoras de Samos y Platón. No se alude al nacimiento milagroso de personajes fabulosos, como Heracles y Teseo, hijos de dioses: Zeus y Posidón.El modelo griego, fabuloso si se quiere, era elevado; el reto del autor de Lucas, al escribir su evangelio, era imitarlo y, en lo posible, superarlo aunque fuera en absurdos y fantasías.

Fecundación divina y nacimiento virginal

El tema de la fecundación de una virgen por parte de un Dios es un tema recurrente en la literatura griega:

Pitágoras

“Mientras los conciudadanos le atribuían (a Pitágoras) un noble origen, un poeta nacido en Samos decía que era hijo de Apolo, con estas palabras:

‘Pitágoras, quien fue concebido de Apolo, amado de Zeus, por Pitea, que, entre las mujeres de Samos, era la más bella’.

“Hasta donde se difundieron estas palabras, es digno narrarlo. Cuando este  Mnenerco de Samos, en viaje de negocios, llegó a Delfos acompañado de su esposa –cuyo embarazo no era aún notorio–, la pitonisa le predijo, por medio de un oráculo, que el viaje marítimo a Siria habría de ser acorde con sus deseos y provechoso, y que su esposa embarazada daría luz a un niño que sobresaldría en belleza y sabiduría por todos los tiempos, y que durante toda su vida habría de ser la mayor ayuda para el género humano”.

La idea de que Pitágoras era hijo de Apolo también la sostuvieron Epiménides, Eudoxo y Jenócrates.

Platón

Olimpiodoro, un escritor griego tardío, en su Vida de Platón, hace eco de una vieja conseja que corría respecto de la fecundación de la madre de Platón, el divino, por parte del Dios Apolo:

“Una aparición apolínea fecundó a Perictione, la madre de Platón, y durante la noche se apareció a Aristón y le ordenó no tener contacto carnal con Perictione hasta el tiempo de su nacimiento, lo cual fue hecho de ese modo”. Diógenes Laercio aporta un dato similar.

Los autores de los evangelios en estas materias imitan a los griegos:

En el evangelio de Lucas, en el capítulo 1, se refiere:

26 Y al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret.

27 A una virgen desposada con un varón llamado José, de la casa de David: y el nombre de la virgen era María.

31 Y he aquí, concebirás en tu seno un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.

34 Entonces María dijo al ángel: “¿Cómo será esto? Porque no conozco varón”.

35 Y respondiendo el ángel le dijo: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra, por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios”.

El autor del evangelio de Mateo agrega algunos detalles:

Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.

Y no la conoció hasta que parió a su hijo primogénito: y llamó su nombre JESÚS” (cap. 1, vs. 24 y 25).

La traducción de Torres Amat, que carece de la belleza del texto de Cipriano de Valera y Casiodoro de Reina, siempre es tendenciosa; por lo que toca a ese pasaje, se traduce:

Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.

En la Nueva versión internacional NVI, el texto dice:

Cuando José se despertó, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado y recibió a María por esposa.

Pero no tuvo relaciones conyugales con ella hasta que dio a luz un hijo, a quien le puso por nombre Jesús.

Del matrimonio de José con María hubo otros hijos; Mateo habla de los hermanos de Jesús:

Y le dijo uno: “He aquí tu madre y tus hermanos están fuera, que te quieren hablar” (cap. 11, 47). “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Jacobo y José, y Simón, y Judas? ¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?” (caps. 13, 54 y 55).

Corroboran lo dicho por Mateo: Marcos (cap. 6, v. 3); Juan (cap. 2, v. 12; y cap. 7, vs. 3, 5 y 10); Hechos (cap. 1, v. 14); 1 Corintios (cap. 9 v. 5), y Gálatas, (cap. 1, v. 19).

Este Ensayo se publicó el 22 de diciembre de 2019 en la edición 2251 de la revista Proceso

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