Combate a la corrupción compete a todos, no solo a la 4T, asegura la Arquidiócesis

La arquidiócesis, cuyo titular es el cardenal Carlos Aguiar Retes (foto), dijo que “la justicia y la honestidad de cada uno incide en una sociedad más sana y pacífica Foto: Benjamín Flores 1La arquidiócesis, cuyo titular es el cardenal Carlos Aguiar Retes (foto), dijo que “la justicia y la honestidad de cada uno incide en una sociedad más sana y pacífica Foto: Benjamín Flores

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).— La arquidiócesis primada de México exhortó a todos los mexicanos a acabar con la corrupción, pues señala que su combate no es solo una obligación que compete al actual gobierno de la autodenominada “Cuarta Transformación”.

En su editorial de este domingo publicado en su semanario “Desde la Fe”, la arquidiócesis señala:

“El gobierno tiene una imperante obligación, y un compromiso hecho para terminar con la violencia, la inseguridad y la corrupción. No lo olvidaremos. Pero tampoco olvidemos que nosotros tenemos una responsabilidad social muy grande que asumir”.

Titulado “Terminemos con la corrupción”, el editorial recalca que acabar con este flagelo no sólo depende de las políticas públicas emprendidas por la Cuarta Transformación, “sino que también depende de la justicia y honestidad de cada uno de los miembros de las familias, instituciones educativas, empresas, instituciones religiosas y agrupaciones de cualquier tipo, queremos motivar e impulsar la construcción de una sociedad justa, honesta e íntegra, uniéndonos en un firme propósito: terminemos con la corrupción”.

La arquidiócesis, cuyo titular es el cardenal Carlos Aguiar Retes, añade que “la justicia y la honestidad de cada uno incide en una sociedad más sana y pacífica. Cada uno, para contrarrestar la corrupción, podríamos aspirar a ser rostro de Dios, hacer el bien como él y amar a todos como él”.

Y agregó:

“Acabemos con los actos que, de uno en uno, terminan por afectar nuestra individualidad, y que, sumados uno con otro, lastiman a nuestras familias, y que, multiplicados por millones, desarrollan una dolorosa enfermedad social”.

De ahí que, indicó, “hagamos el compromiso de aplicar, cada uno de nosotros, y desde nuestros campos de influencia, el antídoto de una vida más justa y honesta para terminar con este mal”.

Por último, pidió ser solidarios con los más pobres, así como de remediar “las necesidades más apremiantes “de las personas solas, ancianas y enfermas”, pues el “amarse los unos a los otros” es también “una solución práctica para terminar con la corrupción”.

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