“El hombre invisible”: El poder de visibilizar a los monstruos

Elisabeth Moss en "El hombre invisible. Foto: Twitter Elisabeth Moss en "El hombre invisible. Foto: Twitter

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).– El hombre invisible (The Invisible Man, EU-2020), de Leigh Whannell, es una brillante reinterpretación del clásico homónimo de ciencia ficción de H. G. Wells (1897), adaptada en la pantalla grande al tema de la violencia de género.

La historia estelarizada por la estupenda actriz Elisabeth Moss (The Handmaid’s Tale) nos cuenta la historia de Cecilia, a quien vemos en la primera escena ejecutar un plan de escape: Se cerciora de que su marido Adrian (Oliven Jackson-Cohen) está profundamente dormido para, cautelosamente, escapar de la mansión moderna en la que viven, en un lugar aparentemente apartado de la civilización. Por cierto, el esposo es un experto en el campo de la óptica.

Cuando Cecilia está a punto de salir por el garage, se topa con el perro de la casa, quien tiene un collar electrónico que se lo impide; nuestra protagonista se lo quita, pero sin querer activa la alarma del coche, y con él las luces de su cuarto. El horror se ha despertado.

Acelera el paso, brinca la barda y se adentra en el bosque para llegar a la carretera por donde su hermana pasará a recogerla.

Una vez dentro del coche, no pasan muchos segundos hasta que vemos a su esposo llegar corriendo para evitar la huida; con el puño rompe el cristal pero la hermana arranca y la fuga se concreta.

Posteriormente vemos a Cecilia en calidad de refugiada en casa de su amigo James (Aldis Hodge), un policía, padre soltero, quien vive con su adorable hija Sydney (Storm Reid). A Cecilia le cuesta salir a la calle por el miedo que el marido le inoculó: la tenía aprisionada, controlaba todo lo que hacía y la aisló de todo mundo. Sin embargo, Celilia recibe una noticia excelente: su marido falleció y le dejó dinero.

El panorama de Cecilia se abre, pero sólo para reinsertarse en el horror, ya que poco a poco sentirá la presencia de su marido, a quien no puede ver pero sabe que está ahí. Nadie le cree, pero se dejan sentir los efectos de su violencia que van afectando también a sus seres queridos.

El hombre invisible es capaz de transmitir a la perfección la angustia e impotencia de Cecilia ante la amenaza invisible que se cierne sobre ella: un oponente poderoso, no tanto en lo físico (aunque hay algo de eso), pero que principalmente goza de las ventajas que da la invisibilidad, una condición de la que la protagonista está al tanto, pero no así el resto de la gente que la juzga y piensa que está enloqueciendo.

Como película, El hombre invisible posee por ahí algunos detalles que le quitan puntos; por ejemplo, en algún momento las argucias del hombre invisible llegan a tal grado de que se pierde un poco la verosimilitud, así como algunas reacciones de la gente alrededor de Cecilia. Sin embargo, el acertado planteamiento del horror de la violencia de género en la tensión establecida por el director, así como la resolución de la historia, resultan sumamente favorables, al grado de que podemos hacer algunas concesiones.

El hombre invisible quita el mal sabor de boca que dejó La momia, primer intento de Universal Pictures por crear un universo de monstruos clásicos.

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