Lenta y sin sana distancia, la reconversión de hospitales para Covid-19 en la CDMX

Una paciente en camilla afuera del Hospital General de México Dr. Eduardo Liceaga. Foto: Sara Pantoja Una paciente en camilla afuera del Hospital General de México Dr. Eduardo Liceaga. Foto: Sara Pantoja

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Afuera del Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga”, la fase 2 de la contingencia por la pandemia de Covid-19 pasa de largo. En este lugar, uno de los cuatro destinados por la Secretaría de Salud federal en la Ciudad de México para recibir a pacientes confirmados con esta enfermedad, el llamado de “Quédate en casa” y la “Sana Distancia” simplemente no existen.

Unas horas después de que Hugo López-Gatell Ramírez, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, declaró –el martes 24- que México entraba a la fase 2 de la pandemia porque ya había contagios comunitarios, en la avenida Doctor Balmis 148, colonia Doctores, alcaldía Cuauhtémoc, seguía el trajín normal de cada día.

En la jardinera que está frente a la entrada de este hospital público de asistencia social, mujeres y hombres se sientan apretados uno con el otro. Cada centímetro ganado es un triunfo para paliar la espera. Una señora, con rosario en mano, reza en silencio. Pegada a ella, otra mujer con un bebé en sus brazos, tiene rostro de angustia y desesperación porque adentro su paciente lucha por vivir.

Frente a ambas, tres personas ven acercarse a una mujer cuyo cabello blanco delata que está entre la población más vulnerable ante el virus. Pero eso no pasa en su cabeza mientras llora y se abraza a su hijo desconsolada porque su esposo perdió la batalla contra la muerte. Su dolor es más fuerte que el llamado del gobierno a no abrazarse. Los familiares que la acompañan, también lo hacen sin contener las lágrimas ni el flujo nasal, sin papel higiénico de por medio.

Al lado de ellos un joven en situación de calle –sin camisa, con pantalón a media nalga y zapatos rotos que dejan ver sus dedos-, pasa con la finta de recoger basura y deja un bote “para lo que gusten cooperar”. A cinco pasos de ahí, tres niños juegan a las atrapadas y sudan bajo el calor de los 29 grados que marca el termómetro de la capital. Así queman el tiempo que la Secretaría de Educación Pública (SEP) les ordenó para estar en su casa y evitar el contagio.

Al fondo, un joven con micrófono y bocina predica, casi a gritos, “¡El señor te ama, escúchalo. Él es la salvación!”. Es su intento de consolar a quienes ahí esperan buenas noticias de los galenos que atienden a su familiar. Ningún cartel ni megáfono recuerda que un día antes, el lunes 23, comenzó la Jornada Nacional de Sana Distancia, con la intención de disminuir la curva de contagio del virus que tiene al mundo en crisis.

En la entrada, dos guardias de seguridad privada revisan con detalle el carnet de cada persona en la fila. Si tienen citas que no son urgentes o no comprometen algún órgano vital, los remiten al letrero de al lado:

“Comunidad HGM. Dada la contingencia de Covid-19 y por su seguridad, se diferirán las citas de consulta temporalmente a partir del 20 de marzo del 2020. Únicamente se atenderán a los siguientes pacientes: Urgencias, Post-Operados, Oncológicos, Nefrópatas, Hematológicos. Se les invita a reprogramar su cita de acuerdo a su especialidad”.

Los que logran pasar, reciben gel antibacterial que deben frotar en sus manos antes de entrar a los pasillos del hospital. Los que no, se quedan sentados en la jardinera pensando en qué harán. Así está una mujer que iba a su consulta semanal de psiquiatría y ahora a no sabe hasta cuándo podrá regresar.

De acuerdo con médicos entrevistados bajo la condición de anonimato, desde el inicio de semana, la dirección del Hospital ordenó desocupar las torres de Cardio-Neumología, Infectología y Cirugía para tener camas listas para atender a los pacientes con Covid-19.

Y es que, para ese momento, la cifra confirmada de enfermos en el país era de 367 y 4 fallecimientos en todo el país, aunque la Ciudad de México concentraba la mayoría: 60 casos y dos muertes.

Mientras transcurre la entrevista, un joven médico con un sencillo tapabocas empuja una camilla a ras de la banqueta. Sobre ella va acostada una mujer que lleva puesta una sonda de oxígeno y apenas se alcanza a tapar la cara del sol con un folder de plástico que le da su familiar, mientras esperan la llegada de la ambulancia que las trasladará a otro centro hospitalario.

Junto a la camilla pasa un señor de corta estatura, originario de Puebla, que vende bolsas de mano a 20 pesos. Él es solo uno de las decenas de comerciantes ambulantes que, apenas cruzando la calle, ofrecen lo mismo 5 tacos de canasta por 20 pesos, que gel antibacterial “hecho en casa” dentro de botellas de agua recicladas, a 65 pesos; o bien, tapabocas “sencillos” de a 4 por 10 pesos o, “con diseño” de a 10 cada uno.

En una tienda de material hospitalario a unos pasos de ahí, un señor pregunta al vendedor por un tapabocas N95, recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para protegerse de este nuevo coronavirus. “Sí lo tengo, cuesta 232 pesos”, le dice al posible comprador, quien reacciona: “¿Qué? ¡Si hace unos días costaba 50 pesos!”.

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Adentro, tampoco hay protección

Dos doctoras del Hospital General de México, entrevistadas bajo la petición de anonimato por temor a represalias, destacan asombradas la actividad normal que hay afuera del hospital, pese al llamado de autoridades federales a quedarse en casa.

Aseguran que entienden la situación económica de muchas personas que viven al día, pero reiteran que mientras más gente haya en la calle, más probable es el contagio. Incluso, comentan un tanto molestas, que en los últimos días han acudido decenas de personas que padecen enfermedades crónicas que faltaron a su cita hace un mes o dos, pero argumentan: “vengo hoy porque a lo mejor mañana ya no dan consulta. Acuden a un servicio que no es urgente, pero al venir se exponen ellos mismos, exponen a sus familiares y nos exponen a nosotros los médicos”, dice una.

“Vienen con diabetes, hipertensión, oncológicos. Son pacientes que no se atienden y en este momento acuden porque escuchan que son más propensos al Covid-19 y ellos mismos se ponen en riesgo”, completa la otra.

Sobre el material de protección para médicos y enfermeras, dicen que hasta ahora únicamente les dan a los que tiene contacto directo con pacientes Covid-19. No obstante, aclaran: “en nuestra área estamos evitando mucho contacto con los pacientes. Si nos llevan a áreas criticas, sí tomaremos medidas y buscaremos cómo protegernos. Pero no podemos entrar en pánico y protegernos para todo porque el material está escaso. Nos dicen que sí lo hay, pero que se está resguardando para cuando se necesite realmente”.

Entonces, recuerdan a los médicos residentes del IMSS o del ISSSTE que recientemente han salido a las calles de la Ciudad de México y de otras entidades por la falta de equipo de protección para enfrentar con seguridad, para ellos y sus familias, a la enfermedad.

El reclamo y temor tienen una explicación: en Italia, el nuevo coronavirus ya se llevó la vida de 51 médicos y hay más de 6 mil 200 enfermeras contagiadas, de acuerdo con el diario Corriere della Sera del 26 de marzo.

El Hospital General de México, es uno de los cuatro nosocomios federales ubicados en la Ciudad de México destinados a atender pacientes con Covid-19. Los otros tres son el Hospital Juárez de México y los institutos nacionales de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán” y de Enfermedades Respiratorias “Ismael Cosío Villegas” (INER).

En éste último, la situación es completamente diferente. Las largas filas que había hasta hace pocos días de gente que tenía síntomas de alguna enfermedad respiratoria, por el momento han casi desaparecido. Un letrero pegado en la puerta de la entrada del área de Urgencias es claro:

“Aviso importante a todos nuestros usuarios de la Unidad de Urgencias. En apoyo a la estrategia de atención médica a personas infectadas con Covid-19, a partir de hoy, 23 de marzo de 2020 y hasta nuevo aviso, este Instituto solamente brindará atención a personas con síntomas respiratorios propios de Covid-19. Atentamente, Dirección General”.

Hasta esa puerta llega una joven de no más de 25 años. Va sola y por su propio pie. Lleva un cubrebocas negro. Con voz calmada, dice al guardia de seguridad privada: “no me siento tan mal, pero sí he tenido fiebre, tos seca y no puedo respirar bien. Pero hay algo importante: un compañero de mi trabajo está aquí internado por coronavirus y no sé si me contagió”.

Sin dudarlo, el guardia, también con tapabocas y guates de látex, le da el paso. Enseguida, adentro de la sala, otra guardia le indica que se ponga gel antibacterial en las manos y luego, que ponga su nombre en la libreta de registro. La chica asiente y cuando terminar de escribir, se pone gel de nuevo. Una y otra vez se frota las manos. Está nerviosa. Así, espera un par de minutos hasta que la llaman a un consultorio… Dos horas después, no ha salido de Urgencias.

Hospitales “reconvertidos” en la CDMX

El jueves 19, funcionarios de la Secretaría de Salud federal informaron en conferencia que en la CDMX habría cuatro hospitales de la red sanitaria pública que se preparaban para atender a pacientes con el virus, pues, según su densidad poblacional, se espera que en la capital mexicana se dé la mayoría de los casos confirmados en todo el país.

Se trata del Hospital de Especialidades de la Ciudad de México “Dr. Belisario Domínguez” (Iztapalapa), los generales de Tláhuac (Tláhuac),“Dr. Juan Ramón de la Fuente” (Iztapalapa), de “Ajusco Medio” (Tlalpan) y el “Dr. Enrique Cabrera Cosío” (Álvaro Obregón).

A éste último, la noche del lunes 23 ingresó la primera paciente contagiada por el virus y fue internada de inmediato en el área de Choque- Urgencias. De acuerdo con un enfermero entrevistado, quien solicitó el anonimato, la mujer presentaba dificultades para respirar. Ese primer caso en dicha sede hospitalaria aceleró el desalojo del área de Urgencias, mientras que en Terapia Intensiva ya había “pocos pacientes”.

Afuera, en unas bancas instaladas para quienes esperan noticias de sus familiares internados, está una mujer de unos 62 años. Está enojada porque a su hija la trasladarían en cualquier momento al Hospital de Balbuena, en la alcaldía Venustiano Carranza.

“Me dicen que aquí ya no puede estar porque ya llegó el virus y necesitan espacio. Pero ella está muy mal. El lunes la traje porque tenía mucho vómito, estaba toda hinchada”, explica. La joven de 34 años tiene cáncer, insuficiencia renal y ya le habían hecho dos transfusiones de sangre, pero no mejoraba, según su madre. “¡Se me va a morir en el camino y todo, porque ya no la quieren tener aquí!”, reclama con voz desesperada.

En el patio de la sala de Urgencias y en otro espacio amplio de ese centro, la Secretaría de Salud del gobierno capitalino (Sedesa), a cargo de Oliva López, instaló una especie de carpas o pabellones con 100 camas listas por si la contingencia es mayor. La autoridad dice que tienen capacidad para instalar hasta 400 camas.

-¿El hospital tiene el material de protección suficiente para ustedes los enfermeros y los médicos?, se le pregunta al joven.

-Pues ya fuimos a quejarnos con el director, pero nos dice: ‘no, pero tranquilos’. Sabemos que kits sí tienen, pero están restringidos. No a todos se los dan, solo ahorita al que tiene contacto con paciente Covid-19. A los demás no nos dan todavía.

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