Maduro encara su peor crisis… y Washington lo cerca

Con la flota de guerra de Estados Unidos patrullando su frontera marítima, con una escasez crónica de combustibles, sin divisas para importar alimentos ni medicinas y con un panorama económico y social “catastrófico” como resultado de la pandemia del coronavirus, el presidente Nicolás Maduro enfrenta una crisis sin precedente en la historia moderna de Venezuela.

BOGOTÁ (Proceso).- Nunca como ahora había enfrentado un escenario tan complejo y desafiante el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, quien a lo largo de los siete años en el cargo ha demostrado una asombrosa capacidad para mantenerse en el poder.

No sólo porque una flota de acorazados de Estados Unidos acecha aguas territoriales de su país en una presunta “operación antidrogas” ordenada por el presidente Donald Trump, sino porque la pandemia del coronavirus amenaza con dar la estocada final a la ya colapsada economía venezolana.

Los economistas José Toro Hardy y José Guerra y el internacionalista Ronal González coinciden en que la combinación de factores internos y externos colocan a Venezuela frente a la peor crisis desde su independencia y que el régimen que encabeza Maduro tiene comprometida su sobrevivencia.

El miércoles 1 Trump anunció el despliegue de destructores, barcos de guerra, aviones y helicópteros de combate en las fronteras marítimas del Caribe venezolano para rastrear y confiscar cargamentos de drogas.

El secretario estadunidense de Defensa, Mark Esper, dijo que el foco de la operación es el “régimen corrupto” de Maduro, al que responsabilizó del envío de cientos de toneladas de cocaína a Estados Unidos en sociedad con narcotraficantes colombianos.

Maduro, quien días antes había sido acusado de “conspiración de narcoterrorismo” por el Departamento de Justicia de Estados Unidos –el cual ofreció una recompensa de 15 millones de dólares por su captura–, presentó el despliegue de acorazados como un plan de invasión y dijo que su país está listo “para combatir en el terreno que nos toque”.

El Grupo de Puebla, que congrega a líderes progresistas latinoamericanos, como Luiz Inácio Lula da Silva, Rafael Correa, Ernesto Samper y Cuauhtémoc Cárdenas, deploró esa acción de fuerza por ser “violatoria del derecho internacional” y porque provoca un escalamiento de tensiones en el área en momentos en que se necesita unidad para atender la emergencia del covid-19.

El operativo militar, en el que participa de manera muy activa Colombia, es parte de un paquete de medidas que Estados Unidos ha impulsado en las últimas dos semanas contra el régimen de Caracas y que incluyen, además de la presentación de cargos penales por “narcoterrorismo” contra Maduro, un plan de “transición” política para Venezuela.

Ese plan, presentado el 31 de marzo por el secretario de Estado estadunidense, Mike Pompeo, propone un gobierno provisional encabezado por un Consejo de Estado –del cual no podrían formar parte ni Maduro ni el autoproclamado “presidente interino” Juan Guaidó– que organizaría nuevas elecciones generales en un plazo máximo de un año.

A cambio, Washington levantaría las sanciones económicas que ha impuesto a Venezuela.
La iniciativa, que cuenta con el respaldo de la Unión Europea y del Grupo de Lima, prevé que Guaidó sea candidato presidencial en los próximos comicios, pero no Maduro.

El encargado de negocios de Estados Unidos en Venezuela, James Story, dijo el miércoles 8 que hay funcionarios del régimen que están evaluando el plan de transición presentado por su país y que lo consideran “un punto de partida” para buscar una solución política a la crisis.

Para el investigador del Observatorio de Venezuela de la colombiana Universidad del Rosario, Ronal Rodríguez, la propuesta estadunidense es “prácticamente una solicitud de rendición” a Maduro.

En entrevista con Proceso, el internacionalista señala que lo más novedoso de la iniciativa es que “excluye completamente” a Nicolás Maduro de cualquier eventual solución negociada y permite que el ministro de Defensa (el general Vladimir Padrino) participe en el gobierno de transición.

De acuerdo con Rodríguez, aunque Maduro “no se va a rendir y no va a dar un paso al costado” por voluntad propia, es llamativo que Estados Unidos lance esta propuesta en medio de la pandemia del coronavirus, que tendrá efectos catastróficos para la economía y la estabilidad social de Venezuela.

Sin gasolina

Desde semanas antes del 13 de marzo, cuando el gobierno reportó los dos primeros casos de coronavirus, la escasez de gasolina en todo el país era severa.

Y hoy, a pesar de que la gran mayoría de actividades económicas están paralizadas por la pandemia, la falta de combustible en el país con las mayores reservas petroleras del mundo es crítica.

Aunque en las ciudades del interior era común el desabasto de combustible, este año comenzó a faltar gasolina por primera vez en Caracas y su zona metropolitana, que concentran una población de 5 millones de habitantes.

Las filas de vehículos en las estaciones de servicio comenzaron a hacerse cada vez más largas y algunos “bomberos” (como llaman en Venezuela a los despachadores de combustible) optaron por iniciar un rentable negocio que consiste en vender entre 10 y 20 dólares el tanque lleno, cuando 100 litros de gasolina cuestan menos de un centavo de dólar.

Caracas. Filas interminables para cargar gasolina. Foto: AP / Ariana Cubillos

Varios miles de vehículos habían dejado de circular en todo el territorio por falta de combustible, y la escasez de diésel para el transporte de carga comenzó a afectar el suministro de mercancías a las ciudades.

Esa era la situación hace cuatro semanas (17 de marzo), cuando el gobierno decretó una “cuarentena social” que llevó a recluirse en sus casas a todos los venezolanos, con excepción de los que laboran en el sector salud, los centros de abasto y las empresas de servicios públicos.

Pero incluso cuando la gran mayoría de las actividades están paralizadas, la escasez de combustible es “casi total”, según dice en entrevista telefónica el economista venezolano José Toro Hardy.

“Aquí mismo, en Caracas, sólo están abiertas un par de bombas (gasolineras) que atienden principalmente a funcionarios del gobierno y en las que hay ciudadanos que se pueden pasar todo el día ahí, haciendo fila en sus carros, sin que logren tanquear”, asegura el exdirector del monopolio estatal Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) y experto en el mercado energético.

Dice que en plena emergencia sanitaria por el coronavirus, los médicos, enfermeras y trabajadores de los hospitales tienen enormes dificultades para llegar a sus centros de trabajo por falta de gasolina y de transporte público, que también está paralizado por la escasez de diésel.

“El personal de salud se está transportando a los hospitales a pie, en trayectos de horas, o en bicicleta, y los alimentos van a comenzar a escasear más porque, sin combustibles, el transporte está parado”, asegura.

Según la Encuesta Nacional sobre el Impacto del covid-19 que elabora el Parlamento (dominado por la oposición), el pasado martes 7 la escasez de gasolina llegó a 98.76%, lo que significa que PDVSA sólo cubría una parte muy marginal de la demanda: 1.24%.

Toro Hardy explica que esto se debe a que las seis refinerías que tiene Venezuela están fuera de operación por falta de mantenimiento y de repuestos –una de ellas, El Palito, está siendo reparada con piezas de las otras plantas–, y a que desde finales de febrero pasado no llega ningún buque con combustible importado.

El Palito. Refinería a media marcha. Foto: AP / Fernando Llano

La falta de abastecimiento obedece a la interrupción de las cadenas de suministro en todo el mundo por la pandemia del coronavirus y por la salida de Venezuela de la gigante petrolera rusa Rosneft, que comercializaba 60% de las exportaciones de crudo venezolano y se encargaba de las importaciones de gasolina.

Rosneft cesó operaciones en Venezuela luego de que en febrero pasado Estados Unidos –que mantiene un bloqueo económico contra el régimen de Maduro– le impusiera sanciones a una de sus filiales en Suiza por comercializar petróleo venezolano.

“Aquí”, dice Toro Hardy, “la creencia generalizada es que el gobierno ordenó el aislamiento de la población hace un mes por la falta de gasolina y no por el coronavirus, pues en ese momento, según las cifras oficiales, teníamos 33 casos”.

Maduro culpa a las sanciones económicas de Estados Unidos de la falta de combustible, pues, según dice, impiden la importación de aditivos para producir gasolina y diésel, pero Toro Hardy cree que ese es un “argumento falaz” pues las refinerías del país están paradas por falta de mantenimiento y no por falta de insumos.

Catástrofe económica

El diputado opositor José Guerra, reconocido economista que está en el exilio, dice vía telefónica que el principal problema de Maduro no son las sanciones económicas ni los buques de guerra estadunidenses que rondan las aguas territoriales venezolanas, sino la falta de liquidez.

Según Guerra, la caída de los precios internacionales de petróleo y de la producción de crudo en Venezuela constituye “una catástrofe” para las finanzas del régimen.
El año pasado, indica, el precio de la cesta petrolera venezolana cerró a 56 dólares por barril y durante la primera semana de abril de 2020 la cotización promedió 16 dólares, lo que representa una caída de 70%.

Y la producción de crudo en el país rondará en 2020 los 600 mil barriles diarios, que es menos de la tercera parte de la extracción de hace tres años.

Según proyecciones de Guerra, el desplome de precios y de producción de petróleo hará que los ingresos del gobierno por exportaciones de crudo se ubiquen en unos 5 mil millones de dólares este año, 69% menos que en 2019 y el monto más bajo en los últimos 40 años.

“El gobierno no va a tener dinero ni para importar suficientes alimentos, medicinas y combustibles ni para mantener la operación del aparato del Estado”, señala el diputado opositor, economista de la Universidad Central de Venezuela y maestro en la misma especialidad en la Universidad de Illinois en Estados Unidos.

Maduro tiene cerrado el acceso al crédito internacional por la larga mora en el pago de intereses y amortizaciones de la deuda externa, y el FMI rechazó una solicitud de financiamiento por 5 mil millones de dólares que hizo el mandatario para enfrentar la pandemia del coronavirus.

Guerra dice que la única fuente de financiamiento que le queda a Maduro es la impresión de dinero por parte del Banco Central de Venezuela y la venta de las reservas de oro, que suman unos 4 mil 900 millones de dólares, pero eso sería un paliativo para el problema de liquidez y aceleraría la hiperinflación, que llegó a 3,365% en el último año.

Y a eso hay que sumar una caída del PIB que, en principio, se proyecta en -25% este año. Con este desplome, la economía venezolana habrá perdido 80% de su valor desde 2013, año en el que Maduro asumió el poder tras la muerte de Hugo Chávez.

Guerra considera que, en estas condiciones, al régimen de Maduro le resultará “extremadamente difícil” mantenerse en el poder.

Toro Hardy va más allá y sostiene que el régimen enfrenta “una tormenta perfecta que, según los datos objetivos, propiciará su caída”.

Ficha geopolítica

El internacionalista Ronal Rodríguez sostiene que las presiones para que Maduro renuncie o intente mantenerse a toda costa en el poder “son muy fuertes en los dos sentidos”.

Estados Unidos, la Unión Europea y buena parte de Latinoamérica –no es el caso de México ni de Argentina– apuestan a su salida. Y la situación socioeconómica derivada de la emergencia sanitaria del coronavirus consolida ese escenario, sobre todo porque dos tercios de la población sobreviven con un exiguo subsidio de alimentos que tiende a ser menor en la medida en que se agravan la escasez de gasolina y la disponibilidad de divisas.

“Pero por otra parte –dice Rodríguez– hay grupos criminales dentro del madurismo que no quieren la transición. Y también tenemos a dos actores externos fundamentales: China y Rusia, que ven a Venezuela como un enclave estratégico en América Latina.”

De acuerdo con el investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, el futuro del régimen que encabeza Maduro se juega no sólo dentro del país sino en Washington, Beijing y Moscú.

“Venezuela forma parte de la geopolítica global y ese elemento tiene un peso muy importante”, asegura Rodríguez.

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