“Conversaciones con el imaginario”, desde la casa

Boris Berenzon Gorn, el autor de un libro electrónico que reúne entrevistas con 15 personajes del mundo intelectual mexicano de la segunda mitad del siglo XX Boris Berenzon Gorn, el autor de un libro electrónico que reúne entrevistas con 15 personajes del mundo intelectual mexicano de la segunda mitad del siglo XX

Volver al humanismo, regresar el conocimiento a la cotidianidad, es el espíritu que extrae el doctor en historia Boris Berenzon de sus entrevistas con 15 intelectuales y escritores sobresalientes de la UNAM de finales del siglo pasado, y que hoy entrega como edición de libro electrónico. Son diálogos sostenidos hace 25 años que adquieren una enorme potencialidad reflexiva para enfrentar esta hora desconcertante del enclaustramiento, al lado de Luis Villoro, Edmundo O’Gorman, Luisa Josefina Hernández, Sergio Fernández, Margo Glantz…

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- De buen humor en su confinamiento capitalino, Boris Berenzon Gorn, el autor de un libro electrónico que reúne entrevistas con 15 personajes del mundo intelectual mexicano de la segunda mitad del siglo XX, reflexiona en medio de la pandemia:

“Hago una apuesta por que el covid–19 sea una lección de vida para reinventar el humanismo, volviendo a preguntas esenciales que busquen revitalizar este nuevo mundo que nos queda y cómo va a cambiar, en medio de esta pandemia. Quiero ser optimista y pensar que habrá un resurgimiento del humanismo y que mi trabajo acerca de estos 15 autores será una apuesta bien hecha hacia el futuro, con las humanidades como centro del mundo.”

Estas Conversaciones con el imaginario son las que propone el doctor en historia desde el aislamiento, a través de un intenso e-book de 182 páginas –disponible para la plataforma de lectura Kindle de Amazon–, una lectura de trabajos suyos publicados entre 1994 y 1998 en el Boletín de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cuando el también creador del volumen Historia es inconsciente: Historiografía y psicoanálisis (Editorial Sequitur, 2012) fue titular de ese medio.

El pensamiento de los intelectuales y escritores entrevistados por Berenzon es un homenaje a los maestros e investigadores de la máxima casa de estudios cuya aportación a la vida nacional es hoy ampliamente reconocida. Todos ellos contribuyeron a su formación en su licenciatura, maestría y doctorado en historia.

Su trabajo comprende a tres mujeres: Margarita Margo Glantz Shapiro (narradora a quien este 2020 se le rinde Homenaje Nacional por sus 90 años); la dramaturga Luisa Josefina Hernández (noviembre 2 de 1928), y la inolvidable Margarita Peña (Ciudad de México, 1937–2018), traductora e investigadora, doctora en letras y profesora emérita en la UNAM. A estas tres mujeres llama en entrevista con Proceso “innovadoras”, pues plantean con Alaíde Foppa “los inicios del feminismo en México”. Frente a su selección de personajes, evalúa:

“Creo que la gran pregunta es qué hacer con las humanidades desde la historia y la filosofía, porque no sólo se queda en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, sino en todos aquellos espacios donde se enseña filosofía, letras, historia, geografía. Por ello creo que vale la pena releer a tan importantes autoras y autores que se jugaron todo por el todo; y ya dejar de pensar en la híper–especialización como forma de conocimiento, para volver a pensar en la cotidianidad del conocimiento.”

Punzantes investigadores de la realidad mexicana en diversos campos de la pasada centuria, plumas imprescindibles que revitalizaron el cambio secular puma, son además:

Salvador Elizondo (1932–2006), narrador, autor de la novela Farabeuf o la crónica de un instante.

Sergio Fernández (1926–2000), especialista en literatura del Siglo de Oro.

José Luis Ibáñez (1933), prolífico director teatral.

Miguel León–Portilla (1926–2019), historiador.

Juan Miguel Lope Blanch (1927–2002), lingüista.

Jorge Alberto Manrique (1936–2016), crítico de arte.

Edmundo O’Gorman (1906–1995), historiador.

Álvaro Matute (1943–2017), historiador.

Fernando Salmerón (1925–1997), filósofo.

Adolfo Sánchez Vázquez (1915–2011), pensador de origen hispano.

Luis Villoro (1922–2014), filósofo transterrado.

Leopoldo Zea (1912–2004), exponente de la filosofía de la liberación latinoamericana.

Vía telefónica, desde su casa en la Ciudad de México, Boris Berenzon Gorn, de 53 años, comenta que, en medio de la pandemia, divide su tiempo entre lecturas de clásicos y autores contemporáneos, así como en la de economistas que ahondan en torno al siempre incierto futuro.

–La generación de Conversaciones con el imaginario vivió la caída del muro de Berlín y la idea del fin de la historia…

–Adolfo Sánchez Vázquez responde sobre dichos acontecimientos con una gran vitalidad. Y, por ejemplo, sobre el Encuentro de Dos Mundos o La invención de América, Miguel León Portilla tiene una posición y Edmundo O’Gorman otra. Pero lo importante es que se todos se juegan la vida por ese conocimiento, y no nada más discuten desde la posición de los ilustrados.

De la academia a la creación

Desde el teléfono fijo de casa, Berenzon comenta con viveza:

“Hay un juego con el tema del imaginario, de ahí el título; porque son figuras de la filosofía, las letras y las humanidades, que por sí mismas son ‘imaginarios’ filosóficamente hablando. Estos personajes se trazan un proyecto, alejados de la banalidad, con un compromiso de encontrar las grandes preguntas fundamentales del hombre, la ética, la estética, la epistemología, la ontología: ¿Quiénes somos y para qué servimos? A ellos les tocó vivir las grandes crisis, es una pregunta medular”.

–¿Algún personaje que lo haya sorprendido?

–Era muy joven cuando las hice y me acerqué a estas figuras, digamos que me impactaban por el estilo, nunca eran iguales; todos tenían una personalidad distinta, compleja, dura, crítica, a la que era muy difícil entrar. Le cuento una anécdota:

“Con Edmundo O’ Gorman tuve la oportunidad de entrevistarlo en su cama, y me dijo: ‘Es la primera vez que invito a alguien a entrevistarme así’. Tenía esa capacidad de reírse. Entonces era descubrir al ser humano y cómo ese ser humano construía su pensamiento. Los autores entrevistados en Conversaciones… estaban comprometidos socialmente, ya fueran de izquierda o derecha, de centro o de centro–izquierda, y nunca tuvieron posiciones de veleta, sus respuestas demuestran una firme posición teórica y una política congruente.”

–Pero el personaje presente, clave, a lo largo del volumen, sería la propia la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, ¿cierto?

–Sí. Es que hablamos de esa generación de grandes figuras con tradición humanista que tienen presente su vocación, que la han demostrado, que lograron dar ese brinco impresionante de ser simplemente académicos a convertirse en intelectuales. Son grandes creadores, unos verdaderos personajes en la facultad y muy queridos por México.

En el año 2011, sin embargo, enfrentó un hecho dramático: fue acusado de plagio en su tesis doctoral y se le destituyó de su cátedra en el Colegio de Historia. En su columna Rizando el rizo del portal “Mujer es Más”, fechada el pasado 20 de marzo con el título “Una nueva página”, escribió refiriéndose al plagio y subsecuente “linchamiento mediático”:

Mi trayectoria es amplia y la he seguido ampliando incluso después de los hechos referidos. He salido adelante gracias a mi compromiso en el trabajo. Gracias a que no permití que ese solo hecho definiera mi vida entera. Gracias a que decidí dejar de lado la forma excesiva e inapropiada en que había sido tratado, para simplemente continuar con mi camino. Hoy, tras muchos años de dolor, de autocrítica y de corregir mis acciones, me siento en paz, en esa paz que da la consecuencia de ver el error cometido y la salida. No hay rencores guardados ni enemigos. Ésta fue una justa conmigo mismo y de ella doy cuenta, con honestidad y certeza.

¿Cómo observa ahora la separación de su escuela y cómo enfrenta lo vivido? Dice a Proceso:

“Mi trayectoria es más amplia que el suceso en el que se me acusó de presunto plagio; ha sido el dolor más grande, creo que a la par de la muerte de mi padre… Me parece que había dos caminos: Asumir con autocrítica que cuando pasan las cosas uno seguramente ha cometido errores, y la otra, quedarme en la lamentación sin seguir adelante. Opté por trabajar, me parecía que mi compromiso hacia mi familia, mis hijos y mis alumnos –que continúan buscándome– era dar el ejemplo y continuar. Si hubo errores, era demasiado tarde para juzgar porque ya había sido castigado. He cumplido la condena.

“Lo que tenía que hacer era reinventarme y demostrar que podría trabajar con la mayor calidad, cumpliendo con los mayores compromisos de honestidad e integridad; aceptando el error. Ofrecí las disculpas necesarias. Seguí mi labor, trabajando cercano a la iniciativa privada, haciendo mi vida; fueron dos años con el dolor de la autocrítica y de haber visto el error cometido, pero aún tengo mucho que dar y lo daré.”

Boris Berenzon defiende entonces Conversaciones con el imaginario como “una lección de vida, de congruencia; de una permanente reflexión de la vitalidad en las humanidades hoy”.

Como apunte final, el historiador adelanta que afina detalles para un próximo volumen que se titulará “El antimanual del usuario digital de redes sociales” –al que calificó como una sátira del Manual de urbanidad y buenas maneras de Antonio Carreño–, sobre como deberíamos comportarnos en las redes sociales.

Así presenta su trabajo en el prólogo el narrador Jorge F. Hernández, autor de la novela La Emperatriz de Lavapiés (1998) y actual director del Instituto Cultural de México en España, quien en su confinamiento madrileño graba día a día pequeñas historias suyas que titula “Cuentínimos para la Cuarentena”:

“Se reúnen aquí ventanas abiertas por Berenzon con el claro afán de tender puentes de comprensión y entendimiento, saberes e inquietudes, con diversas voces de excelencia: escritores, creadores, inquietos investigadores cuyas obras han elevado la guinda de calidad en diversas ramas por donde el entrevistador ha sabido colgar y descolgarse para tejer el enjambre que se convierte en un óleo verbal, un retrato de palabras donde miramos claramente el rostro de cada uno de los entrevistados, al filo o en el centro de su ventana más íntima.”

Este texto forma parte del número 2271 de la edición impresa de Proceso, publicado el 10 de mayo de 2020 y cuya versión digitalizada puedes adquirir aquí

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