Morena, de la epopeya al naufragio

Alfonso Ramírez Cuéllar encabeza conferencia de Morena. Foto: Benjamín Flores Alfonso Ramírez Cuéllar encabeza conferencia de Morena. Foto: Benjamín Flores

Morena, que junto con sus aliados supo cosechar 30 millones de votos para encumbrar a Andrés Manuel López Obrador, ahora tiene quebrantada su estructura. Hoy son notorias su crisis de liderazgo, sus pugnas intestinas y, lo peor, carece de proyecto. Algunos militantes y dirigentes lo admiten abiertamente: si no se constituye como un verdadero partido que impulse la Cuarta Transformación, el gobierno solo no podrá hacerla realidad.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En sólo dos años Morena pasó de la epopeya de aplastar a todos sus rivales con Andrés Manuel López Obrador como su mariscal, a la vergüenza de ver anulada su elección interna de dirigentes por desaseos y hasta violencia armada, cuya reposición dispuesta por los jueces y que no ha sido cumplida por culpa de la pandemia, únicamente ha detonado más pleitos.

Los 730 días que van desde la victoria hasta su segundo aniversario, el próximo 2 de julio, están marcados por el canibalismo, los litigios, la desarticulación estructural y la nula iniciativa política, sobre todo en el periodo de Yeidckol Polevnsky, quien de la hazaña como dirigente de ganar la Presidencia de la República y la mayoría del Congreso está en la hipótesis de pisar la cárcel por los malos manejos que le atribuye Alfonso Ramírez Cuéllar, su sucesor.

Y Ramírez Cuéllar, a quien López Obrador ha desdeñado –no lo recibe desde su elección, en enero–, ya caducó en su periodo como dirigente, el viernes 26, sin cumplir el único propósito de su nombramiento: organizar la elección interna. Y ahora, ante la inconformidad de un sector, ambiciona quedarse en el cargo hasta pasada la elección de 2021.

Morena llega al segundo aniversario de su triunfo con un sostenido desplome en las preferencias electorales, según todas las encuestas públicas –de 50%-60% cayó a 20%-30%–, mayor que la del presidente López Obrador, y para evitar una eventual derrota en la Cámara de Dipu­tados, cuya mayoría es estratégica para garantizar los recursos a los proyectos de gobierno, perfila una alianza con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), emblema de la corrupción política.

La tentativa de Morena de aliarse con el PVEM, que en 2000 se coaligó con el PAN para apoyar a Vicente Fox y desde 2003 fue aliado del PRI –los mismos partidos que desaforaron a López Obrador en 2005–, no es novedad: está vigente en las cámaras de Diputados y Senadores, y se formalizó en las elecciones de gobernador de Baja California y Puebla, el año pasado.

El PVEM está jefaturado en los hechos por el senador Manuel Velasco Coello, cuyo abuelo es amigo de López Obrador y cuya biografía está asociada el uso irregular de dinero, como el “grotesco” intento de soborno como gobernador de Chiapas a Santiago Nieto Castillo, jefe de la Unidad de Inteligencia Financiera, en 2015: “Está bien, ¿cuánta lana quieres?”.

En Morena todos lo saben: Velasco es impulsado para secretario de Gobernación por Ricardo Monreal, el taimado coordinador de los senadores de ese partido y aspirante presidencial, cuyo suplente y excoordinador de asesores, Alejandro Rojas Díaz-Durán, es el más estridente y litigioso aspirante a dirigente partidista, y ante la suspensión de sus derechos por seis meses, acusó que una “minoría radical” pretende desaforarlo, como a López Obrador.

“Esa misma minoría radical pretende, en su desvarío político, instaurar en México un régimen a imagen y semejanza de sus telarañas ideológicas, autoritarias y represoras, conculcando derechos políticos y libertades públicas”, alegó Rojas, quien defendió a Monreal en la disputa con el académico John Ackerman, marido de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval.

Fragmento del reportaje publicado en la edición 2278 de la revista Proceso.

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