El Grecu: Análisis de la política cultural interna y externa

Eduardo Cruz Vázquez. Foto: Miguel Dimayuga Eduardo Cruz Vázquez. Foto: Miguel Dimayuga

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- A lo largo de once años, el Grupo de Reflexión en Economía y Cultura (Grecu) se ha dedicado a impulsar el análisis, comprensión y debate de los diversos temas que atañen al sector cultural: políticas públicas, presupuestos, economía, industrias culturales, tratados comerciales y diplomacia, entre otros.

Cuando cumplió 10 años lanzó su portal digital Paso Libre, en el que sus integrantes e invitados (Adriana Malvido, Eduardo Nivón Bolán, Silvia Isabel Gámez, Alejandro Ordorica, Angélica Abelleyra, Patricia Chavero, Tomás Ejea, Héctor Garay, Antonio Mier, Liset Cotera, Rafael Mendoza y Víctor Ugalde, entre otros) publican semana a semana textos, documentos, informes y datos, de acuerdo con sus objetivos. Ahora, su portal celebra su primer año.

La efeméride coincide no sólo con un contexto en el que la cultura se ha visto afectada por la pandemia del coronavirus, poniendo a artistas, creadores e instituciones mismas al borde de una crisis sin precedentes. También lo hace con la publicación del Programa Sectorial de Cultura (PSC), el primero en la historia del país, luego de que en 2015 el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) se transformara en la Secretaría de Cultura (SC).

Y si hace un año su fundador, Eduardo Cruz Vázquez, señaló en entrevista con el semanario Proceso que al poder público no le gustan los tonos catastrofistas o negativos, aunque la crítica es el trabajo de los periodistas –pues lo contrario sería como ir al médico a pedir que “elogie tu buena salud”–, el panorama actual no ha variado mucho.

Decía entonces: “Qué de bueno podemos observar donde se carece de rigor, de planeación y de presupuesto; donde no es posible abrir una ventana en la página web de la SC donde se diga: ‘estos son los proyectos del año, estos los programas, los presupuestos por dependencia, así se están aplicando, llevan subejercicio o no lo llevan’. En eso siguen siendo igual de obtusos que las administraciones pasadas, porque finalmente heredaron el estilo y persisten en hacerlo”.

Al presentar el PSC, la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, destacó que se trata de un programa que “no tiene precedente”. Y “atina”, dice Cruz Vázquez:

“La obviedad recae en el hecho histórico, no sólo por representar en toda la letra el gobierno en curso. En efecto, da la espalda a la etapa de la que supuestamente no hay que dejar piedra, la neoliberal, pero también a algunos capítulos de la posrevolucionaria, la del influjo de José Vasconcelos, del nacionalismo, la del dominio del PRI”.

Hace ver que hay programas que no cambiarán, son “buques insignias”, y “no tienen por qué irse de la política cultural”, como la preservación del patrimonio, la educación artística, los estímulos a la creatividad, bibliotecas, entre otros… pero como sus antecesores, la política cultural de la 4T no entra a temas como la política económica para el sector, la agenda digital, la coordinación entre paraestatales o una política fiscal.

Recuerda que el gobierno actual busca poner el acento en la cultura comunitaria e indigenismo, como “marca original”, aunque se sabe que siempre han formado parte de los programas gubernamentales. La diferencia ahora es la distribución del gasto, “lo que implica quitarles a unos para darle a otros: es la misma cobija, ¡estírela!”

El texto completo, donde además se hace un recuento de los últimos años de la política cultural, desde la creación del Conaculta por Víctor Flores Olea en 1988 –durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari–, hasta el gobierno obradorista, puede verse en el portal cumpleañero, en la sección “El rosario del coronavirus” del pasado 8 de julio.

Diez años de la Amexcid

Uno de los temas en los que ha puesto acento el Grecu a lo largo de su historia es la relación de la cultura de México con el mundo. Así, por ejemplo, llevó a cabo en su momento diversos foros para analizar cómo quedaría ese tema en la renovación del entonces llamado Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) y que finalmente cambio de nombre por Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), sin que en los hechos pudiera modificarse la indefensión en la que desde 1993 quedó la cultura en dicho acuerdo.

En la misma sección, “El rosario del coronavirus”, Cruz Vázquez recuerda en un artículo del 26 de mayo la creación de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Amexcid). Un proyecto del cual dio cuenta en entrevistas a Proceso a lo largo de su inicio, hasta que en marzo de 2010 se anunció que su aprobación, junto con la Ley de Cooperación Internacional para el Desarrollo, era inminente. Y así fue.

Relata Cruz Vázquez cómo, en un desayuno en casa del embajador Luis Ortiz Monasterio, fue presentado con el entonces diputado por el Partido del Trabajo, Porfirio Muñoz Ledo, a quien explicó las razones por las cuales él y su colega en el Grecu, Rafael Campos, ya fallecido, consideraban improcedente la creación de la Amexcid. La respuesta del legislador, ahora integrante de Morena, fue tajante:

“Mire Eduardo, eso ya está acordado con la senadora Rosario Green. La Agencia va”.

Recapitula entonces: “Como diputado presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, Muñoz Ledo cometió un grave error. Dio su aval para que la Amexcid naciera tuerta, coja, inválida. La dejaron sujeta a la voluntad del secretario de Relaciones Exteriores, le amputaron la posibilidad de ser una agencia de vanguardia por una sola razón: no la dotaron ni de autonomía, ni de patrimonio propio. Lo que hizo Green, quien fuera canciller del presidente Ernesto Zedillo, fue ajustar a un marco legal una dirección general existente”.

Enseguida, el fundador del Grecu hace un recuento a 10 años de creada la agencia que (como otras instancias) se ha venido reduciendo por la austeridad y la crisis: cuenta con un presupuesto “casi innombrable para responder a lo que es un principio constitucional, una facultad y una obligación del presidente” (incluido en la fracción X, del artículo 89).

Dicha fracción se refiere a la dirección de la política exterior y la celebración de tratados internacionales, en apego a los principios de la política exterior mexicana que son, entre otros, la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, solución pacífica de la amenaza, la cooperación internacional para el desarrollo, y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.

Cita el especialista que, en 2019, la Amexcid ejerció mil 146 millones de pesos, distribuidos en diferentes fondos y mecanismos de cooperación, y señala la clara separación entre las relaciones culturales y la cooperación internacional. El ejemplo claro, considera, es la “anulación” de la Dirección General de Cooperación Educativa y Cultural, que tuvo una “bochornosa travesía” en el sexenio de Enrique Peña Nieto, para cambiarla por la Dirección Ejecutiva de Diplomacia Cultural (DEDC), a cargo del poeta e historiador Enrique Márquez.

Y Marcelo Ebrard, indica casi para terminar, “no tiene el menor pudor… al abdicar de las facultades y obligaciones que le confiere la Constitución” en el artículo y fracción ya señalados, pues el diputado Mario Delgado propuso en las iniciativas del pasado 19 de mayo, reformas a la Ley de Cooperación Internacional para el Desarrollo en sus artículos 10, 28, 34 a 38 y 42, con las cuales se suprimiría el Fondo Nacional de Cooperación Internacional para el Desarrollo (FNCID) y se dejaría “sin sentido la existencia de la misma Amexcid”.

Contradicciones

Como un seguimiento natural, quien fuera agregado cultural en Colombia escribió el pasado 20 de julio el texto “Ese programa, Ebrard”, en el que analiza la acción de la DEDC y “su flamante brazo asesor compartido con la Secretaría de Cultura, el Consejo de Diplomacia Cultural”.

Expone que en el Programa Sectorial de Relaciones Exteriores no hay “más que lugares comunes” y retórica en el tema de diplomacia cultural. Y desglosa lo que se cuenta de información, publicada en el portal diplomaciacultural.mx, aunque advierte que nada encontró realmente para hablar de cuál es el papel de las instituciones, el sector privado, y la sociedad civil:

“…como en el caso del Programa Sectorial de Cultura, con el de Relaciones Exteriores también muchos hemos perdido, tras años de señalar las aspiraciones de una política exterior con un fuerte componente de cooperación y diplomacia cultural. Estamos ante otro documento para pasar la aduana de la todavía herencia neoliberal que es lo dictado por la Ley de Planeación…”

Baste recordar que recién iniciada la emergencia sanitaria por la pandemia, Márquez escribió en su cuenta de Twitter:

“En nuestra reunión de trabajo hoy debatimos la idea de que será imposible volver a lo de antes. La Cultura ayuda a sobrellevar la crisis. Luego se impondrá la necesidad de recrearla. Imposible intentar restaurar nuestra Diplomacia Cultural”.

Habría parecido que renunciaba a la idea de trabajar por una política cultural hacia al exterior, aunque en la realidad el mensaje es ambiguo. El investigador en dichos temas de la Universidad Iberoamericana, César Villanueva, le respondió, igual a través de un tuit, que la Diplomacia Cultural “no requiere restauración… lo que requiere es claridad, dirección y orden”.

En tanto, en su texto Cruz Vázquez muestra las debilidades y contradicciones de los propósitos de la nueva Diplomacia de México. Baste un ejemplo: Mientras, como lo escribió antes al referirse a la iniciativa del diputado Delgado de desaparecer el FNCID y otros que opera la Amexcid, en el capítulo de “Epílogo. Visión hacia el futuro del programa de la Dirección Ejecutiva, se habla de consolidar a la agencia, al fondo, y al Registro Nacional de Cooperación Internacional para el Desarrollo.

Por ello concluye: “Al fin que a otro canciller le tocará terminar lo que Marcelo Ebrard ha iniciado”.

En el marco de su doble aniversario, por el portal y por el propio grupo, el Grecu anuncia la próxima aparición del libro ‘Diplomacia cultura, la vida’, coordinado por Eduardo Cruz Vázquez, con colaboraciones de especialistas, diplomáticos de carrera, exresponsables del área de Asuntos Culturales de la Cancillería y agregados culturales, entre ellos Luz Elena Baños Rivas, Mercedes de Vega, Alejandro Estivill, Alberto Fierro, Jorge Alberto Lozoya, Jaime Nualart, Andrés Ordóñez, Luis Ortiz Monasterio, Jorge Valdés Díaz-Vélez y Andrés Webster Henestrosa.

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