BUZON DE APÓCRIFOS: ¿Maldición o virtud?

jueves, 6 de febrero de 2003
México, D F(apro)- ¡Uta!, esto del trabajo es como bailar en la reata Para que no me mal interpreten, estimados lectores, vaya por delante la siguiente declaración: un servidor es uno más, entre los tantos millones de seres, que en este momento de la historia ven y experimentan en carne propia el concepto del trabajo normado y regido por la interpretación que del mismo ha tenido y tiene, pertenezca o no a la misma, la llamada Civilización Occidental Judeocristiana, que es la que tiene el pandero en la mano y con el cual marca el ritmo de la música, a cuyo son baila el mundo en la actualidad En lo personal, tengo que confesar que por raíz y tradición soy occidental y cristiano; sí, cristiano pero de nuevo cuño Esto quiere decir que, felizmente, soy un ser liberado de la vieja concepción bíblica del trabajo, la que consideraba a éste como un castigo divino por haber cometido el hombre el pecado de desobediencia en el Paraíso; libre felizmente, repito, de considerar las palabras divinas de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, como una maldición Aquí, estimados lectores, me voy a permitir un comentario al margen Curioso es, por decir lo menos, que la determinación divina de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, los vivos de siempre, curiosamente también siempre los menos ¡y los más beneficiados!, la han procurado ludir parafraseándola cínicamente, convirtiéndola en “ganarás el pan con el sudor del de enfrente”, frase que han defendido y defienden con toda clase de argumentos políticos, sociólogos y hasta filosóficos Mas volvamos al tema central de la presente Como decía, felizmente soy un cristiano occidental de nuevo cuño, es decir, en todo y por todo un hijo de la Reforma, que según connotados estudiosos, es madre del capitalismo, sistema cuya ideología conforma y dirige hoy el mundo y el cual, permeado y empapado de raíz a ramas por el espíritu laboralista del puritanismo protestante de los pueblos del norte europeo, tuvo como uno de sus primeros y principales méritos el de reinterpretar, revalorizándolo, el viejo y negativo sentido bíblico del trabajo, al tomarlo como medida meritoria para acumular riquezas y privilegios, así en la tierra como en el cielo A estas alturas de la historia, imposible negar que el capitalismo, hijo legítimo de la Reforma, con su Revolución Industrial, con el impulso que dio y sigue dando a la ciencia y la tecnología, expresiones todas de su revalorización del trabajo, ha impulsado y alienta la idea, que tan bien supo resumir José Santos Chocano, poeta y peruano él, al escribir: “Que el trabajo no es culpa de un edén ya perdido, sino el único medio de llegarlo a gozar” Y no exageró, pues recuerden que durante mucho tiempo, por milenios, las únicas fuentes de energía con las que contó la humanidad fueron, primero el trabajo muscular del hombre y el de los animales que domesticó, después la fuerza del viento y las aguas, fuentes de energía que fueron multiplicadas por ciento, por mil y hasta 10 mil por el capitalismo al impulsar, extender y emplear las máquinas, al inventar nuevas y más prodigiosas, al añadir y combinar con las mismas las nuevas fuentes de energía del carbón, el petróleo, el gas natural, la hidroeléctrica y la energía nuclear, lo que no es poco, pero eso no es todo Recordemos que una de las promesas más persistentes y caras al capitalismo, fue y es que el uso de las máquinas liberarán al hombre del pesado y embrutecedor trabajo muscular e incluso nos hizo soñar en que como el espíritu creador del hombre, manifestación material de su trabajo, penetra cada vez más en la naturaleza, éste participa, en creciente medida, del espíritu creador de Dios Y esta promesa y este sueño, es nuestra realidad hoy con eso, sobre todo, de los trabajos acumulados sobre la genética ¡Maravilla! ¡Carajo! Si lo anterior e innegable, si el capitalismo, sistema en el que nos movemos, tiene el indiscutible mérito de haber revalorizado el trabajo, dignificándolo, con lo cual hizo posible no pocos de sus grandiosos logros, ¿por qué a estas alturas está haciendo que la promesa de liberación del hombre por la máquina cristalice en el duro y filoso absurdo del desempleo de millones, negando así a esos millones de hombres su derecho al trabajo? ¿Por qué los liberó de la antigua maldición del trabajo y los condena a la moderna maldición del paro forzoso? ¿No será hora de que el maravilloso capitalismo, en vez de inventarse guerras, reflexione sobre el trabajo? Recodemos que en sus principios forzó al trabajador a laborar de 12 a 16 horas diarias, hoy se hace 8 horas promedio y se producen muchísimos más bienes que entonces Si el capitalismo hiciera una nueva revalorización del trabajo, tal vez sería suficiente que no se trabajara más que unas cuatro horas al día, sin perder el poder adquisitivo del salario, con lo que se duplicaría la demanda de manos y mentes trabajadoras, cuya paga o costo podría recuperar en el llamado tercer sector económico, en el cobro por servicios Bueno, esta es mi idea, ¿qué piensan ustedes de la misma, estimados lectores? Con afecto CANDIDO BUENA FE

Comentarios