Crece la Universidad musical G. Martell

lunes, 13 de diciembre de 2004
* Inaugura edificio cerca de CU * Cuestionamiento como “universidad” * Intercambios con Canadá en 2005 México, D F,13 de diciembre (apro)- El jueves 2 de diciembre inauguró nuevo edificio la Universidad de la Música G Martell, en Copilco, al sur de la capital, junto al inmueble sede que desde 1996 se ostenta como el centro de educación superior musical más popular entre los megalómanos A “la G Martell” o “la Martell” como se le conoce coloquialmente, acudieron esa noche centenares de alumnos y decenas de artistas simpatizantes (Emmanuel, Gualberto Castro y otros) en animada celebración que presidieron el joven empresario y músico treintañero Gabriel Martell, su presidente fundador, así como el director general de la institución, Alejandro Revilla Y aunque ambos reconocieron tener enemigos en elevadas esferas oficiales de la educación musical en México, Revilla declaró satisfecho: “No es precisamente que la Martell haya crecido, ya que las cifras continúan de igual forma: somos 2 mil 284 alumnos y 105 profesores En realidad, este edificio que inauguramos se consiguió con la finalidad de brindar mayor confort a los estudiantes” La nueva unidad es de cuatro pisos y sótano; cuenta con tres estudios de grabación “totalmente profesionales”: uno se considera “estreno universal” porque contiene la consola ‘Icon’ (“de la que sólo hay 35 en el mundo, y nos coloca como institución que posee uno de los mejores estudios a nivel nacional”) Agregó Revilla que “con espíritu similar construimos un teatro igual de profesional, adaptado para alumnos que presentarán sus obras dramatúrgicas, funcionando así la nueva área de actuación y teatro que comenzará a operar con las clases desde el próximo mes de enero” El edificio cuenta con tres salones más para ensayos de músicos solistas y de ensambles, y otras 19 cabinas de áreas varias, nueve de ellas para “diyéis” (“disk-jockeys” o DJ’s); guitarra, bajo, audio y batería, así como una cafetería Piensa que el año entrante se fomentarán los contactos en el extranjero: “Porque vamos a ampliarnos La idea es ir a Toronto, Canadá, primero, debido a las facilidades que allá nos han brindado para seguir desarrollando nuestro proyecto educativo y como producto de una generosa invitación que le hizo a nuestro presidente Gabriel Martell el mero gobierno canadiense, con todos los apoyos necesarios” Su tono vibra, enfático: “No exageramos en la Martell al reconocer que estos apoyos son mucho muy diferentes a los inexistentes de las autoridades mexicanas de cultura, pues no nos han proporcionado ningún beneficio y sí, en cambio, demasiadas trabas para desenvolvernos como universidad Pero Canadá es otra onda” En el 2003, la G Martell recibió a profesores de The Liverpool Institute of Performing Arts (del exbeatle Paul McCartney), formalizando un convenio que se agregó a los logrados con escuelas artísticas y musicales de Argentina, España y Estados Unidos (“en la Martell están inscritos alumnos de diversos países de Iberoamérica y vienen desde todos los estados de la República) Posterior al intercambio canadiense, Revilla anunció la creación de “otra universidad de la música” en Guadalajara, Jalisco, y aumentar “una casona más” a los dos edificios del DF, situados en el número siete de Tlapacoyan, a unos cuantos pasos de la estación Metro Copilco (los cuales resultan inadvertidos a los ojos de quien camine rumbo a la entrada sur de Ciudad Universitaria) Bemoles y alteraciones La Universidad de la Música G Martell ha sido puesta en tela de juicio por quienes juzgan casi como “falsedad de toda falsedad” que verdaderamente sea un instituto de educación superior (y menos, “una universidad”) Atacada, la Martell “es una escuelita para jugar a ser artista”, y hay quienes le aplican una falacia ad hominem, descalificándola como “escuela de nacos” La primera generación de la G Martell a nivel licenciatura se graduó en 1999; ante el umbral del 2005, su fundador no se amilana ante las críticas Cuando a mediados de este año, Apro le preguntó si había tenido problemas con funcionarios o instituciones culturales oficiales de México, aceptó: “Sí, tenemos broncas con el gobierno, la verdad Hay roces, pero no quisiera profundizar mucho porque ellos poseen la oficialidad y el poder; tanto para el Conservatorio Nacional de México (CNM) como la Escuela Nacional de Música de la UNAM (ENM) no constituimos una escuela fundamentada, ni legal Yo no comparto tales criterios, creo que pecan de absolutistas “El gobierno no quiere reconocer nuestros estudios como Universidad G Martell, pese a que estamos literalmente amparados por el artículo sexto de la Constitución, donde se estipula que la educación debe ser gratuita; sin embargo, es el Sistema Educativo Nacional de la SEP, a través del INBA, quien controla la educación artística, y en México jamás hemos encontrado apoyos, sino bloqueos Por estos motivos mejor logramos acercamiento fructífero con la escuela de Paul McCartney” Tercero de una dinastía dedicada a la educación musical que comenzó con su abuelo francés durante el porfiriato, Martell no tiene empacho en considerar al arte de producir música más como “una industria poderosa” y “un buen negocio”, tal vez uno excelente Bajo el logotipo principal que encabeza su página oficial en el portal gmartellcom en Internet, donde destacan las letras “G Martell”, se inscribe en lengua inglesa: “College of Sciences and Arts of Show Business”, es decir, un “colegio --o facultad universitaria-- de ciencias y artes del negocio del espectáculo” Universidad polémica Las declaraciones de Martell provocaron polémica, tras publicarse en Proceso 1438 El asunto no pasó a mayores, pero traía su “colita”: los directivos de la Martell compartieron la mesa donde se presentó la edición primaveral de la revista Conservatorianos, con Job Martínez Morales y en su propia casa, pues él es quien rige el destino actual del CNM, en Polanco Tonatiúh P Ponce, profesor del área de teclados y lenguaje musical de la Martell, defendió allí su posición: “Nuestra universidad es líder como escuela en América Latina dedicada a la enseñanza musical contemporánea, es la primera en su género en México que aplica los programas de estudio de las escuelas afines con mayor renombre de Estados Unidos y Europa, como lo es la Associated Board of the Royal School of Music de Londres, Inglaterra “Creemos que cualquier músico tiene la oportunidad de internacionalizarse, rompiendo con el mito de que está destinado a la pobreza La industria de la música es igual de importante que otros sectores, como es el de la construcción o el agropecuario, ya que el consumo de la música en México es de 27 % a lo que actualmente llamamos ‘música clásica’, y en 973 % a la música actual, popular o contemporánea, una razón más por la cual la G Martell ve la música como profesión y no solamente como una forma de amor al arte” Job Martínez Morales, al frente del CNM, reconoció las deficiencias y los rezagos que adolece la institución que encabeza, en cuanto a modernización se refiere, ante Betty Zanolli, editora de Conservatorianos y pianista, quien en aquel número suyo dedicado a los LV años del fundarse el edificio del CNM en Polanco, lo cuestionó, así: --Nos dice que este año se espera evaluar y actualizar un plan que cumple en este ciclo ya 25 años --Sí –respondió Martínez Morales--, hicimos un estudio sobre el comportamiento de dicho plan y los resultados fueron positivos en cuanto a lo que se esperaba de él, pero en relación con las exigencias de nuestro tiempo esto ha sido ya superado “Es pues necesario hacer una renovación, revisar incluso los objetivos institucionales, la misión del CNM El plan de 1979 se desarrolló dentro de un esquema paternalista, pero ahora la competencia entre las universidades nos impone entrar a otra dinámica, y desde esta visión debemos enfocar nuestros objetivos institucionales El tipo de estudiante es totalmente diferente, pero ahora tiene inquietudes, no sólo por cuanto a la orquesta sinfónica sino en otros campos El plan de estudios debe atender las nuevas necesidades Dada la velocidad con que se vive y la tecnología con que contamos, se le debe dotar al alumno de las armas suficientes para encontrar alternativas de empleo Nuestros músicos más importantes, por ejemplo, Silvestre Revueltas, participaban en otros campos, como el cine “Si bien la música académica es la base, debemos ver qué se puede hacer con el desarrollo de la técnica, de la afinación, ver a dónde podemos ir para que los alumnos enfrenten los nuevos desafíos Que no sólo salgan con armas en el sentido musical, sino también preparados para enfrentar al mercado” La polémica resurgió cuando, luego del reportaje de la Martell en Proceso, el doctor Jaime González Quiñones envió una carta al director de este semanario argumentando cuatro puntos contra las opiniones vertidas por Gabriel Martell; la misiva apareció en la sección “Palabra de Lector” de Proceso, el 20 de junio, y su firmante sostenía: “Quizá la esencia del problema está en que no se hace la separación entre la música popular (de la que sir Paul McCartney puede ser un gran exponente) y la música de arte, ‘contemporánea’, o extemporánea (digamos, ¿Boulez o Ravel?), y si Penderecki todavía no escribe un concierto para guitarra Fender-Stratocaster y orquesta, ¿por qué habrían de enseñarla en las escuelas de música de Oxford o Cambridge? ¿O será porque también están anquilosadas? Si, a pesar de sus excelencias, ni el INBA ni la UNAM la toman en cuenta, podría dirigirse a la ANUIES (Tenayuca 200, CP 03310) para que la agreguen a sus listas de instituciones educativas de excelencia” En conclusión cuestionó algo que se piensa en el CNM y la ENM: “La educación superior en México tiene muchos problemas, como leemos en Proceso con frecuencia, y no creo que ‘universidades’ como la mencionada ayuden a resolverlos Por cierto, ¿en México cualquiera puede abrir una ‘universidad’ de música o astronomía sin pedirle permiso a nadie?” Como Martell señalaba que escuelas musicales como el CNM o la ENM se aferran a planes de estudios anquilosados, González Quiñones replicó que lo mismo podía decirse de las escuelas de música de universidades norteamericanas de reconocimiento (Oxford, Cambridge, Nueva York) o de música (Julliard o Mannes, “las que conozco”) “No hay mejor negocio que el del espectáculo”, dice una canción gringa, y hay un refrán, también gabacho, que reza: “business are business”, y para la G Martell hay que cuidar esta industria sonora Su filosofía comercial incluye que el cantor de baladas, rancheras u ópera, no tiene por qué morirse de hambre ejerciendo su oficio musical, siendo óptimo su esfuerzo La misma idea del CNM, pero con la diferencia de que la G Martell abarca todos los procesos de la música grabada y uno, fundamental, que mencionaba Armando Manzanero: “Si la música no se paga, se apaga” ¿Hasta dónde llegará Gabriel Martell con sus planes de una magna universidad musical, a la utopía? Seguro de sí mismo, respondió: “Mi sueño es hacer esta nueva casa en Tlapacoyan para constituir una auténtica Universidad de la Música con siete facultades, que incluirían: Música Moderna, Áreas Tecnológicas, Laudería, Etnomusicología, Música Infantil, Música Clásica (con clases privadas además) y un instituto donde se estudie Música Religiosa, de todas las épocas” En dicho proyecto anida el anhelo de poner en acción un centro donde se enseñe a tocar cualquier tipo de música mexicana: desde mariachi, los sones y demás ritmos regionales, pero que abarque “todos los ritmos de América Latina y el Caribe” En una pared de su oficina cuelga el retrato en tonos sepia de su abuelo, Gabriel J Martell, quien fuera un músico y pedagogo francés invitado a México en 1898 por Justo Sierra, ministro de Educación Pública del entonces presidente Porfirio Díaz Como se cuenta en la sección histórica del portal referido , aquel europeo desarrolló un plan educativo musical y su hijo mayor, Jesús Martell, lo continuó en San Luis Potosí, México, hasta quedar en el olvido El tercero de los Martell lo retomó hacia 1980 como escuela, y hace ocho años quiere su reconocimiento como universidad La G Martell pertenece a las necesidades del México ciber musical Al concluir la pasada centuria, surgieron nuevas escuelas, como la Academia Fermatta del compositor, productor y músico Juan Carlos Paz y Puente, allá por San Jerónimo, también al sur de la Ciudad de México reconocida por el prestigioso Berklee College, donde se educan famosos jazzistas, de Boston Otras no corrieron la misma fortuna, como Sforzatto en Culiacán, Sinaloa, la cual cerró tras una imponente apertura a principios de este siglo El tiempo, “ese asesino inexorable”, como lo llamaba la cantante y compositora francesa Véronique Sanson, dirá su última palabra con respecto de la Martell y las instituciones oficiales educativas de la música

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