Pitol llenó un recinto universitario para hablar de "El Quijote"

miércoles, 7 de diciembre de 2005
México, D F, 6 de diciembre (apro)- Alrededor de ciento treinta personas, en su mayoría estudiantes universitarios, se dieron cita esta tarde para escuchar al escritor Sergio Pitol, --recién galardonado con el Premio Cervantes-- hablar de El Quijote en la Sala Villaurrutia, del Centro Cultural Universitario de la UNAM En el presidium, Gerardo Estrada, director de Difusión Cultural de la máxima casa de estudios, le dio la bienvenida, mencionó aspectos de su trayectoria literaria, y destacó la fortuna de tener al recién galardonado escritor en Ciudad Universitaria, debido a que el ciclo "A propósito del Quijote", organizado por el departamento de Literatura, estaba ya preparado desde hace tiempo Ello "demuestra su amor y vocación por la universidad", señaló Estrada, refiriéndose al narrador de origen poblano (1933) radicado en Veracruz Y luego remitió directamente el micrófono a Pitol, quien se disculpó por tener problemas para hablar Pero leyó su texto con dicción precisa, y sólo al final, agobiado, solicitó "comprensión" para que el público no hiciera preguntas, y se dedicó a firmar libros En el vestíbulo del Villaurrutia se colocó un monitor frente al cual se sentaron unas 30 personas En su texto de 16 cuartillas, titulado "El tercer personaje", cuya lectura duró casi una hora, Pitol citó, de arranque, a Harold Bloom, al señalar que entre los dos autores occidentales más grandes desde el Renacimiento hasta nuestros días, Shakespeare y Cervantes, hay una diferencia esencial: si el inglés "nos enseña a hablar de nosotros mismos", el hispano "nos enseña a hablar entre unos y otros": "Hamlet es, en definitiva, un individuo indiferente hacia sí mismo y hacia los demás, mientras que el hidalgo español se preocupa por sí mismo, por Sancho y por quienes requieren ayuda" A partir de esta tesis de Bloom, de que en El Quijote hay tres personalidades excepcionales (el caballero andante, Sancho y el propio escritor", arrancó Pitol para decir: "¡El propio Cervantes, sí, el tercer hombre de una gran obra! Un Cervantes de quien nos sabemos nada, de quien sólo hay dos retratos, uno en la Real Academia Española de la Lengua y otro en una colección privada, pero hay dudas de que ambos son auténticos No hay cartas ni papeles íntimos, ni libros que estuvieran en su biblioteca Pero su presencia en el libro es inmensa" Tras relatar su experiencia con El Quijote desde la infancia (va en su quinta lectura), reconoció con sinceridad que también ha leído, "nada más", las Novelas ejemplares y los Entremeses Luego hizo un repaso por las diferentes biografías del Manco de Lepanto, y de sus lecturas A partir de ahí pintó un cuadro de lo conocido de su vida, como si estuviera ofreciendo una clase de iniciación a la literatura española, sencilla pero bien documentada En una segunda parte, trazó de nuevo la biografía de Cervantes a su regreso a España, tras el cautiverio de Argel, y finalmente abordó la creación de El Quijote "El Quijote es una obra maestra --leyó--, aunque los españoles, hasta los más cultos, no lo lograron entender durante mucho tiempo" Novela de la cual uno de sus ejes fundamentales es "la tensión entre demencia y cordura", dijo Pitol, derivó también, por vía de la locura, al tema de la libertad y de la justicia: "La libertad la ejerce también Cervantes en la estructura de El Quijote Las novelas de la época: la picaresca, la pastoril y la de caballería eran lineales y seguían cánones cerrados La novela de Cervantes tiene la virtud de integrar de otro modo los procedimientos de aquellas y fundir las realidades complejas de la vida íntima, la biográfica y social en un único orbe novelesco" Finalmente, hizo suya la idea de que en el siglo XX, en el de las vanguardias, El Quijote seguía siendo la novela más contemporánea de todas Autor de El tañido de una flauta (1973), Domar a la divina garza (1988), y Todos los cuentos más uno (1999), entre una veintena de libros, Pitol obtuvo el Cervantes la semana pasada, y en México, a lo largo de su carrera mereció, el Premio Xavier Villaurrutia (1983) y el Nacional de Literatura (1994)

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