La muerte de Margules II

jueves, 9 de marzo de 2006
México, D F, 8 de marzo (apro)? El director de escena Ludwig Margules estrenó a principios de 1993 una obra de autor mexicano, lo cual fue muy poco común a lo largo de toda su carrera Uno de nuestros dramaturgos que más han luchado por la creación, desarrollo y difusión de un teatro mexicano, Vicente Leñero, escribió un artículo en Proceso el 8 de febrero de ese año, titulado "Dramaturgia mexicana otra vez en las manos de Ludwik Margules: Monta una pieza de Juan Tovar en la Casa de la Paz", que se reproduce a continuación Vicente Leñero Ludwik Margules está a punto de un nuevo estreno teatral, anunciado para el 12 de febrero, y como ya es su costumbre ha iniciado una serie de "ensayos con público" en el acogedor recinto de la Casa de la Paz Dramaturgia mexicana otra vez, en las manos de este notable director convencido por fin, al parecer, de la importancia de llevar al foro obras nacionales tan necesarias para el florecimiento de un teatro que se diga nuestro desde la raíz de su materia primera, desde los acentos de una vez y de una sensibilidad urgidas de manifestación Margules ha elegido una pieza de Juan Tovar ?el dramaturgo mexicano de su preferencia? que en los años setenta estrenó José Caballero, con poca fortuna, y que luego montaron los de la Universidad Veracruzana ahogándose en el texto Era un texto difícil Las adoraciones de Juan Tovar Discursivo, inacabable, se diría que farragoso Rescataba con excelente ojo un drama significativo del amanecer colonial La persecución religiosa, inquisitorial, contra los indios que se resistían a dejar cultos y sacrificios a los dioses de su fe En la persona de Carlos de Mendoza, cacique indígena bautizado y "convertido" a fuerza, se expresaba la heroica resistencia de un pueblo sometido por la espada y por la cruz de sus conquistadores Historia admirable que Juan Tovar había rescatado y convertido en una obra de teatro más para la lectura que para el montaje No estaba bien la obra, pero ahora ?después de una reconsideración, después de un magnífico trabajo de reescritura donde se advierte la saludable reflexión del dramaturgo sobre su propio trabajo anterior? Las adoraciones se ha convertido en un texto compacto, profundo, terrible Asombrosamente teatral Una muestra de malicia, y de talento En manos de Margules, bajo su pipa y su mirada de lobo, estas nuevas adoraciones de Tovar han adquirido un temblor dramático, cargado más de sugerencias que de palabras, desde sus primeros momentos A veces parece que Ludwik está montando a Shakespeare, y es que en realidad la obra tiene mucho de un Hamlet que duda y se contorsiona y acaba por decidir un camino que se le viene encima, como un derrumbe feroz El indígena cacique es vencido nuevamente por su conquistador La espada en llamas de una religión católica incapaz de comprender la devoción de otros dioses convierte en mártir a ese don Carlos de Mendoza interpretado por Damián Alcázar desde la propia sangre Es el primer gran papel ?protagonista? que le toca en suerte a este actor de fuerza y nervio tenso Desde la Veracruzana, Alcázar ya había demostrado sus posibilidades y aquí Margules las aprovecha y lo hace deslizarse suavemente, sin alharacas, sin excesos, en un personaje que requiere contensión, verdad interna, asombro Lo que asombra de Damián Alcázar es su capacidad de asombro en la escena Como admira también el Zumárraga de un Guillermo Gil crecido en su dominio actoral: dolorido obispo cuyo destino manifiesto es asestar el golpe, también sin alharacas porque los golpes duros de la guerra ideológica son así Qué bien Patricio Castillo en su macehual que parece de pronto un Jerónimo apache, y que luego se desdobla en el Hernán Cortés de los sueños del cacique: un Cortés derrotado también por el sistema en la penumbra de su trágico declive Blas Braidot exacto en el pusilánime Todo el grupo está muy bien, ésa es la verdad, porque el director ha modelado un ritmo que nos hace dolernos en la obra del sacrificio impune de nuestros mártires indígenas Bella en su piedra de sacrificio y su atmósfera de ocres y grises la escenografía de Carlos Trejo que sólo los espectadores frontales pueden entender, porque quienes están al otro lado todo se pierden, de no ser los gestos actorales vistos de cerca y de ladito Pero el teatro es a veces así y hay que soportar incomodidades cuando se quiere estar próximo al fenómeno dramático Imposible ocultar el gusto de ver a Margules dirigiendo dramaturgia mexicana Buena dramaturgia con el texto de Juan Tovar en un momento espléndido No es xenofobia ni chauvinismo urgir a nuestros grandes directores este volver los ojos a textos nacionales Sólo con la dramaturgia que habla directamente de lo nuestro, que hace respirar nuestro pasado y nuestro presente, que hace sentir de veras el drama de lo que somos y vamos siendo se puede construir un teatro verdaderamente nacional y universal, desde aquí La palabra del autor mexicano, cuando supera el gastado costumbrismo ?y eso ya está tan superado, de veras? apunta y consigue un teatro completo, sin pedir prestado a nadie voces para la tragedia o la comedia del hombre Sólo así, desde lo nuestro, como ya lo está demostrando el cine, se logra escenificar la verdad teatral que tanto buscamos quienes creemos en la vigencia de este arte del presente

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