Dos óperas del Met en el Auditorio

martes, 16 de febrero de 2010

MÉXICO, D.F., 16 de febrero (Proceso).- Hace unos 20 años algunos operómanos se juntaban en casa de alguien que tuviera antena parabólica o tv por cable, para ver en el canal pbs las transmisiones en vivo desde el Teatro de la Ópera Metropolitana de Nueva York, el Met, que desde hace un siglo rivaliza con los mejores teatros del mundo por ser el número uno; de no serlo, sí es al menos el que mejor paga y el de producciones más caras y ostentosas.

Ahora se reúnen en el Auditorio Nacional, donde  pueden admirarse las producciones de ensueño del Met en pantalla gigante de Alta Definición y con un sonido increíble de Alta Fidelidad. Pese a que los precios no son módicos (de 40 a 200 pesos) ¡las 6,500 localidades que ponen a la venta se agotan! Gente de cien mil raleas se junta para ver “ópera por tele”, un sábado al mes, a las 12 horas: funcionarios, intelectuales, acaudaladas damas, profes de prepa y chavos de mezclilla y morral oaxaqueño. Todos en absoluto silencio observan con devoción el rito del espectáculo sin límites, creado por la magia de la tecnología de punta. Obras escritas hace un siglo y medio, como el caso de las dos últimas: Carmen, de G. Bizet, y Simon Boccanegra, de G. Verdi.

Puntualísimo comienza el espectáculo que se transmite a muchos países con subtítulos en el idioma del que recibe la señal.

Caracterizada como Carmen, la mezzosoprano letona Elina Caranca es electrizante: cabello negro, piel aceituna, enormes ojos verdes; es guapa, sensual, y canta como las grandes de todos los tiempos. Su contraparte, el tenor franco-siciliano Roberto Alagna, obsequia un Don José de lo más memorable, enloquecido de amor y celos, capaz de matar por su Carmen. Alagna es por derecho propio uno de los mejores tenores de hoy. La escenografía modernista de Rob Howell cae en lo absurdo en la primera escena, pero en las demás funciona de maravilla. Estupendos los cantantes que completan el cuarteto protagónico: el barítono polaco Mariusz Kwiecien y la soprano italiana Barbara Frittoli.

Un comentario aparte merece el Simon Boccanegra, de Verdi, que por no ser de ninguna manera una de las más famosas óperas de su autor, era de suponerse que pocos acudirían a verla. Pero el inmenso Auditorio Nacional se llenó. Contribuyó, sin duda, la presencia de Plácido Domingo, quien ahora se propone, a sus casi 70 años, iniciar una carrera de barítono y para ello se presenta en el Met cantando al protagonista de la obra. Domingo es una leyenda viviente, y si de transmitir una emoción y conmover al público se trata, nadie hoy día como él. Sin su presencia la función hubiera sido muy buena y hasta ahí, pero Domingo la volvió todo un suceso. Y qué gran Barítono el joven Nicola Alaimo, que cantó el rol de Paolo. En cambio el veterano Bajo James Morris, sin graves, ya vio pasar sus mejores días.

Hay quienes se oponen a estas transmisiones aduciendo que después de verlas ya nadie va a querer ir a ver la ópera nacional en vivo. Pero no: este esfuerzo crea nuevo público. El siguiente título será Hamlet, de Ambroise Thomas, con una de las mejores sopranos coloratura del momento: Natalie Dessay. La cita será esta vez no a las 12, sino a las 11 horas el próximo 27 de marzo.

Texto publicado originalmente en la edición 1737 de la revista Proceso actualmente en circulación.

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