El sol que nunca se oculta

jueves, 3 de junio de 2010

TOKIO, JAPÓN, 3 de junio (Proceso).- .- Sinónimo de comodidad, competencia y seriedad, cualidades asociadas al temperamento japonés, JAL (Japan Airlines) ocupó durante décadas uno de los primeros lugares en la lista de las mejores aerolíneas del mundo; la bandera del sol naciente prácticamente se inscribió en la imagen de marca de la compañía.

La bancarrota anunciada el pasado mes de enero, de este poderoso consorcio nipón, inevitable pese a los billones de dólares que el gobierno inyectó para evitar el colapso, se asemeja a un terremoto de gran magnitud. Para muchos ciudadanos japoneses, al corriente de ciertos manejos no muy transparentes por parte de algunos directivos de la compañía y de sus nexos con el gobierno conservador que permaneció en el poder por medio siglo, la quiebra no fue una sorpresa.

El sol que nunca se oculta (Shizumanu Taiyo; Japón, 2009), basada en la novela de cinco tomos de la escritora Toyoko Yamazaki, revela los mecanismos que operaban detrás de la sonrisa del colosal emporio; el tema central es el accidente, quizá el peor de la historia de la aviación, del vuelo 123 de Japan Airlines de Tokio a Osaka, el 12 de agosto de 1985, donde fallecieron 520 personas. Yamazaki, periodista de formación, realizó una extensa investigación documental, material que la cinta, dirigida por Setsuro Wakamatsu, aprovecha para reconstruir hasta el último detalle del Japón de las décadas pasadas.

La historia sigue paso a paso el caso real de la vida de un empleado de la compañía, Hajime Onchi (Ken Watanabe), un típico perfil de asalariado (salary man) del ideal del Japón moderno, incorruptible, responsable y fiel a la empresa. El problema es que tales cualidades, que incluyen luchar contra la corrupción o por mejorar las condiciones de trabajo de los demás empleados, terminan por volverse contra los directivos de la firma misma; por 10 años, el ejecutivo incómodo vive desterrado, junto con su familia, a cargo de oficinas de la compañía en Irán, Kenia o Pakistán.

Cuando ocurre la tragedia aérea del 85, los dirigentes requieren de un hombre honesto a toda prueba para negociar con las familias de las víctimas, un tipo con corazón (kokoro) capaz de entender la rabia y el dolor de los deudos. Ken Watanabe, conocido en Occidente por su actuación en El último samurai o la espantosa Memorias de una geisha, rinde homenaje a la integridad de Hirotaro Ogura, el hombre en quien está basado el personaje de Onchi.

Ésta no es la primera cinta sobre el accidente: Hace un par de años, Masato Harada realizó Climbers High, que aborda el tema de una manera menos documental. Pero esta es la producción más costosa de la historia del cine japonés, la más controvertida y vituperada.

 

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