"El infierno", de Estrada, autopsia del país

miércoles, 7 de julio de 2010

MÉXICO, D.F., 7 de julio (Proceso).- El director de arte Salvador Parra analiza los aspectos técnicos y de contenido de El infierno, última cinta de la trilogía de Luis Estrada. Este filme aborda la problemática del narcotráfico en un poblado del norte del país. La obra resulta estremecedora y se dirige a la conciencia colectiva para que enfrente, sin engaños, la dura situación que vive el país.

Ya con un premio Goya por El embrujo de Shanghai (2002), de Fernando Trueba, además de haber trabajado con Pedro Almodóvar en Volver (2006), el director de arte Salvador Parra colaboró por cuarta vez con Luis Estrada, en el largometraje El infierno, el cual considera “fuerte en todo y para todos”.

Ve la película como un referente fundamental “para la generación de polémica, autocrítica y autocuestionamiento”.

El infierno, que forma parte de los proyectos fílmicos apoyados por la Comisión Federal del Bicentenario, es una radiografía del momento actual del país. Estrada aborda la mala situación de México a través de una comedia negra y satírica. Los temas son: violencia, crimen organizado, drogas, crisis económica, corporaciones policiacas, autoritarismo, poder, corrupción, fuerzas armadas, y hasta al presidente Felipe Calderón, en el marco del 15 de septiembre de 2010 (Proceso 1739).

Todos esos tópicos cautivaron a Parra (nacido en la Ciudad de México el 12 de noviembre de 1969) para hacer El infierno, “pues si de algo hay que hablar de nuestro México es de la espantosa situación en la que nos encontramos y las terribles fallas en las estrategias del Estado, que no ha sido capaz de sensibilizarse en los problemas fundamentales de nuestra situación como mexicanos”.

Parra ha trabajado con Estrada en Ámbar (1994), La ley de Herodes (1999) y Un mundo maravilloso (2006), por lo que se le pregunta cómo es que se involucró en el filme El infierno, y responde de inmediato que fue un proceso muy difícil, “porque en un principio existieron muchas dudas acerca de si el largometraje tenía posibilidades de obtener este estímulo, a proyectos del Bicentenario o no”.

Ya se había comprometido en otra película del mismo fondo que salió publicado antes de que El infierno gozara de este sostén:

“Luis ya me había puesto a trabajar en los primeros tratamientos de su guión; así que estuve entre la espada y la pared. Pero si algo me encanta de Luis es que es un director que busca trabajar con los equipos que le han acompañado en sus numerosas películas, y esas lealtades son un código de cineastas. Y como es un realizador que se toma su tiempo entre película y película, pues he ido creciendo, aprendiendo y aportando mi experiencia laboral de otros largometrajes en su filmografía.

“Así que siempre hay algo nuevo de mi diseño en las películas de Luis, así como retos, ya que está por demás decirlo pero es exageradamente exigente y siempre busca que lo sorprendas.”

 

La decisión

 

Parra no tuvo de otra que dejar a un lado los demás trabajos, que eran de época.

Manifiesta que hacer la película, y encontrarle un estilo y diseño “fue muy gratificante, mucho más de lo que imaginé en un principio y mucho más complicado que hacer una película de época, por la capacidad de síntesis para la gran cantidad de información con la que contábamos, y la ambiciosa visión de Estrada en una logística muy apretada en tiempo de rodaje y recursos”.

Subraya que eso último lo regresaron de vuelta a cuando hacía sus primeras cintas, “en las que tienes que buscarte la vida pero el set debe estar montado”.

El infierno, que será distribuida por Videocine y en cuya difusión apoya Proceso, presenta un numeroso elenco: Damián Alcázar, Daniel Giménez Cacho, Ernesto Gómez Cruz, María Rojo, Isela Vega y Jorge Zárate, entre otros.

–¿Puede explicar cómo trabajó la parte de dirección de arte en este proyecto?

–Luis es uno de los directores más completos que he conocido en mi carrera como director de arte y diseñador de producción, porque prepara junto con todos los jefes de departamento con mucho tiempo de antelación el look de su película, así no hay sorpresas y se trabaja en una línea conceptual todo el tiempo, de principio a fin. Entonces, todos los jefes de departamento: fotografía, arte, vestuario, maquillaje, efectos especiales, locaciones, etcétera, participamos con ideas, para nutrir y hacer posible todo lo que el guión y el director concibieron en un inicio. Y como responsables creativos tenemos que poder aterrizar las ideas antes de empezar el diseño definitivo en la preparación de la cinta, y esto es muy reconfortante cuando hay un director que sabe dejarse llevar y también jalar las riendas cuando es necesario.

“El Infierno se empezó a diseñar de acuerdo con un inmenso research que Estrada tenía desde que empezó a escribir el guión varios años antes. De ahí hubo que hacer un proceso de síntesis, pues es tan extenso el tema del narcotráfico que se puede caer muy fácilmente en la pura ilustración de la película sin aportarle al espectador la capacidad de sorpresa, ya que es un tema que vemos todos los días en periódicos y la televisión. Así que buscamos darle una imagen con una identidad propia, pero creíble.

“Aunque la realidad siempre supera a la ficción, encontrarle su punto medio fue todo un tema de debates constantes durante todo el proceso de rodaje.”

 

Las locaciones

 

–¿Fue complicado trabajar en las locaciones de San Luis Potosí y en el Distrito Federal donde se rodó El infierno?

–Las locaciones fueron un tema muy especial. Se tuvieron que encontrar lugares que representaran el norte del país, las terribles carencias de los pueblos que año con año se van quedando sin su identidad, ya que el tejido social es vulnerable a las familias de los mexicanos al tener que emigrar al vecino país del norte, aniquilando las tradiciones y la cultura de sus pueblos, y es en esa metamorfosis social en la que el narcotráfico encuentra su caldo de cultivo, ya que ofrece lo que el gobierno ha desatendido en los sexenios anteriores.

“No podíamos filmar en los territorios más conflictivos porque nuestro filme, aunque es un retrato social o fotografía del momento social y político de México, no es un documental, así que teníamos que poder rodar con toda libertad, y debido a que el tema es en extremo complicado, no se salva nadie, teníamos que estar en territorio neutro; aunque en el país esto ya no existe, por lo menos San Luis Potosí nos ofrecía el tipo de lugares y la luz necesaria para los exteriores.”

–¿Qué problemas enfrentó usted?

–La logística de rodaje fue muy complicada, ya que es una producción muy ambiciosa. Había que preparar en locaciones muy alejadas unas de otras para lograr los escenarios que nos proponíamos, y en cada lugar hubo que efectuar intervenciones grandes, tanto de decoración como de escenografia. Y no podíamos abiertamente hablar de lo que se trataba la película con la gente local, porque de eso dependía la seguridad de nuestro equipo de trabajo, así como nuestra libertad creativa.

Parra también laboró en Soldados de Salamina (2003), de David Trueba, y Perdita Durango (1997), de Alex de la Iglesia.

–Como director de arte, ¿qué experiencia le deja El infierno?

–Como diseñador de producción más que experiencia laboral me da mucha alegría el poder despertar una conciencia colectiva sobre qué rumbo tendría que tomar este país para salir adelante sin engaños. Reflejar la sociedad mexicana en la forma en que la película realiza una generosa disección del modelo político, cultural y social de México, enciende los focos rojos de alerta, y creo que es una gran oportunidad para todos los mexicanos empezar a cuestionarnos con más bases para no hundirnos más en el miedo y la impotencia.

–En general, ¿qué opina de la película?

–Es una autopsia llevada a la pantalla en imágenes y conceptos de nuestro país, que tendremos que afrontar lo más pronto posible, y creo que la película es el perfecto quirófano para estudiar las terribles enfermedades que ya nos afectan a todos los mexicanos.

–Como se plantea en El infierno, ¿cree que sí haya qué celebrar en este 2010 del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución?

–No. No creo que haya que festejar nada; lamentablemente en nuestro país lo que hay que realizar es una revisión histórica más que una fiesta que sólo trata de exaltar nuestros valores más básicos de identidad, y no los más importantes, los que nos identifican como nación y que han hecho cambiar al país.

“Aún seguimos con la cruda de la fiesta de 1910 y no creo que un alka-seltzer en 2010 nos alivie el malestar si seguimos bebiendo el mismo aguardiente todavía. Y cada día está más malo.”