La nostalgia de Paté de Fuá atrapa a los jóvenes

martes, 28 de septiembre de 2010

Músicos de formación rigurosa, los integrantes de este grupo argentino-mexicano que va por su tercer disco independiente se instalan cómodamente en el ánimo de las nuevas generaciones, algo que no esperaban. La explicación, dice su cantante Yayo González, tiene que ver con la autenticidad. Y la utilización de instrumentos poco usuales en las bandas de rock, como banjo, clarinete, marimba, acordeón, con los que abordan géneros diversos y recrean sus historias. El próximo 16 de octubre grabarán en el teatro Metropolitan su primer DVD. 

MÉXICO, D.F., 28 de septiembre (Proceso).- Tarantela, vals, tango, pasodoble, rag, baión, canción francesa, jazz y blues son algunos estilos sonoros de antaño con los cuales el sexteto argentino-mexicano Paté de Fuá ha conquistado en nuestro país el circuito de la música popular y un numeroso séquito de fans jóvenes, tras formarse aquí hace un lustro y realizar dos exitosas grabaciones independientes. 

“Somos como bichos raros porque nos gusta la música algo antigua. Cuando componemos y arreglamos nuestras piezas en Paté de Fuá salen estos géneros que nos han influido y conmovido, pero lo de alcanzar a fans jóvenes no fue algo que apuntáramos voluntariamente. Creemos que el arte musical debe sostenerse por sí mismo y lo que hacemos no va dirigido a nadie en especial”, afirma su letrista, cantante y guitarrista Yayo González, nacido en Buenos Aires, Argentina, el 14 de mayo de 1977.

La producción artística y ejecutiva de los 33 temas plasmados en ambos platos láser Música moderna (2007) y El tren de la alegría (2009), ha sido labor de Yayo con Guillermo Peralta, el otro miembro argentino del sexteto, destacado multi-instrumentista a cargo de los arreglos en la banda. 

El resto del conjunto lo integran Víctor Madariaga, Jorge Luri Molina, Alexis Ruiz y Rodrigo Barbosa. Dice Yayo:

“Guillermo es un talento extraordinario, sin duda el mejor músico que conocí en México desde mi llegada, hace ocho años. Estudió con el primer trompetista del Teatro Colón en Buenos Aires y me quedé muy impactado al conocerlo aquí.

“Todos en Paté de Fuá somos músicos de formación. Los seis venimos de músicas que requieren de estudio, escribimos toda nuestra música y nuestros arreglos de cada pieza están meticulosamente pensados. Yo llegué a México en un dueto de tango que tenía con un amigo mío que trabaja ahora en Francia, Matías Ravier, lo conocí en el Conservatorio de Buenos Aires. Así hice mis primeras armas aquí.”

–¿Por qué México como centro de su actividad musical? 

–Cuando tenía 18 años de edad yo ya había estado aquí, anduve tres meses de mochilero con un amigo porque siempre tuve atracción por México y pensé irme de Argentina mientras estaba estudiando; la verdad era muy complicado hacerme una carrera musical allá. Terminé viniendo con un amigo cuyo padre vivía aquí, nos venimos los tres a México, los dos músicos y él, que vino para vendernos los shows.

“Antes de formar Paté de Fuá estuve en muchísimos proyectos de músicos profesionales, pero ahora me dedico exclusivamente a Paté. Aunque somos dos argentinos y los demás mexicanos, en realidad es un proyecto mexicano.

“Guillermo y yo comenzamos con Víctor, a quien conocí por otro lado, y también me dejó muy impactado debido a su nivel como acordeonista que es. Le pedí su teléfono y cuando decidimos formar un trío para hacer música francesa, tangos y los géneros que tanto nos gustan, le comenté a Guillermo: ‘Conozco a un acordeonista impresionante, bárbaro…’, y así se fue agrandando el Paté hasta ser el sexteto de hoy, con Alexis Ruiz en el vibráfono y la marimba, Rodrigo Barbosa en la batería, el chupetófono y aquellas percusiones inventadas, más Luri Molina al contrabajo.”

 

Tren de la alegría

 

Su primer CD Música moderna fue buen ejemplo del talento en Paté de Fuá; sin embargo, el segundo superó cualquier expectativa y resultó uno de los mejores álbumes de la música popular grabados en México. La canción tema tiene música de Guillermo Peralta y versos de Yayo González:

Viejo tren de la alegría

Sólo te miro pasar

Poco sé de fantasía

Nada de felicidad.

Yayo revela:

“El tren de la alegría sería una metáfora de nuestra era que nos obliga a ser felices, a estar contentos, y pregunto por qué razón. Digo, si no siempre es tan malo estar tristes, ¿qué tiene de malo la tristeza? La pieza habla de un tipo que ve pasar aquel tren donde todo mundo es feliz y, claro, anhela subirse; lo hace y ve que esa alegría es más impostada que otra cosa.

“Termina defraudado y baja quedándose con su auténtica tristeza. Vivimos en una sociedad donde tenemos que manejarnos con ciertas caretas inevitablemente, sin que eso esté bien o mal.”

–¿Cómo surgió la canción?

–El tren de la alegría nació porque en Argentina hay unos trenes, que también he visto en el interior de la República Mexicana, que andan por la calle y en realidad son unos carros disfrazados de tren en donde los chavos se suben y todo es fiesta allá arriba.

“Es una tradición de Buenos Aires, aunque cada vez hay menos porque están en extinción, circulan por las tardes de invierno donde uno se quiere pegar un tiro pero ni siquiera tiene ganas, ve pasar un tren de la alegría con todo mundo festejando allá arriba.”

No existe ningún track desperdiciado en el disco. El fantasma enamorado evoca añejas caricaturas animadas musicalizadas de los años cuarenta; Con un ademán rinde tributo al chansonnier galo Georges Brassens, mientras que Celoso y desubicado es “un manifiesto a favor de los celosos” donde Yayo escribe:

Celoso soy y también desubicado

Cuando pasan a tu lado y te miran

Como sólo puedo yo

Una rabia incontenible

Se me trepa por el pecho

Cuando siento que al acecho

Se te arrima algún varón

Y perdón si soy cabrón

O te meto en algún lío

Yo tan sólo así defiendo

Lo que quiero y siento mío.

 

Una pequeña orquesta

 

Para ejecutar aquellos ritmos alejados de las modas electrónicas del presente, el fino arte de Paté de Fuá brota a través de instrumentos prácticamente fuera de circulación en las bandas de rock, por ejemplo: serrucho, banjo, cavaquiño, bandoneón, xilófono, clarinete, marimba, bombo legüero, cabrófono pichicateado, acordeón…

Proceso pregunta a Yayo González si a sus 33 años no considera ser demasiado joven para sentir tanta nostalgia.

El vocalista sonríe y voltea la tortilla:

“Mira, yo creo que la nostalgia se podría definir como una forma de inteligencia, si se quiere. Se puede sentir nostalgia por cosas que ni siquiera uno vivió o no ocurrieron, y entonces la nostalgia se me hace un canal muy fluido de inspiración constante, artísticamente hablando.

“Es como una caja de Pandora de donde uno puede sacar muchísimos elementos. Quizá por mi nacionalidad: el argentino es nostálgico, así le viene de fábrica. Siempre me gustaron los géneros musicales nostálgicos, por ejemplo el tango…”

–De hecho, hay un tango muy famoso llamado así, Nostalgia.

–Claro, la nostalgia en rasgos muy generales se encajonó por la modernidad, pues si uno escucha del rock para adelante, las letras son más abstractas, más contestatarias, no son tan nostálgicas de ponerse a llorar. No tanto en el primer rock de Los Beatles, sino en el rock de hoy en día, que tiene una postura mucho más difusa, maneja un lenguaje que no es tan claro ni tan terrenal.

“El tango y el fado son músicas terrenales, digamos, poseen una carga muy sentimental pero ligada a la tierra, ahí está Mi Buenos Aires querido para ponerse a llorar porque uno está ausente, o Nostalgia, por la mujer que se fue. 

De ahí que la nostalgia represente para mí algo así como una piedra filosofal.”

–Paté de Fuá suena como una orquesta completa, profesional...

–Lo has dicho muy bien, somos una pequeña orquesta. Así funcionamos, como una pequeña orquesta tocando música en desuso, pero con cierta actitud roquera. Quizá por ahí es donde congeniamos con los jóvenes fans.

“Estamos bien conscientes de que hacemos las cosas para nosotros, y si la gente conecta, es una gran noticia, lo esperamos; pero tratamos de que no sea peligroso, al grado de que interfiera en el proceso creativo. Una de las mayores fortalezas de Paté es esa música producida artística y económicamente por los músicos. Si queremos una canción cuya introducción instrumental dure un minuto y medio, la hacemos, porque nos parece apropiado para esa pieza, sin pensar que en radio la voz tiene que entrar enseguida.”

Define:

“Somos una banda ciento por ciento independiente, orgánica, austera a nivel donde lo único que nos preocupa es lo musical, no lo visual en escena pues no somos actores. Poner la parada nuestra en el escenario es de una banda de rock, y si ves un video de Paté sin audio, con el publico saltando, creerás que tocamos otra cosa.”

Tras una presentación exitosa en el Kennedy Center de Washington, Estados Unidos, la semana pasada, Paté de Fuá se prepara para grabar el próximo concierto del conjunto en el Teatro Metropolitan capitalino a mediados de octubre:

“Nuestro recital en el Metropolitan del sábado 16 de octubre lo vamos a grabar en directo, será nuestro tercer disco y también el primer DVD que rescate nuestro espíritu, ocupados por la música que hacemos, nuestras historias, nuestras canciones, una grabación donde la verdadera estrella sea la música. Es lo que realmente nos concierne y nos ocupa.

“Eso no quita que el día de mañana desarrollemos más nuestros aspectos escénicos y visuales, pero no son cosas que deban hacerse a medias. Nosotros deseamos que los chavos consuman música en vivo, independiente, distinta, no la que consumen algunos por los medios. La música más auténtica la hacen los músicos y no los productores.”

En su estudio de la colonia Condesa, Yayo González se despide:

“Estamos en una era cuando la música independiente se halla en auge. Nunca hubo mejores tiempos para ella y es porque la gente se aburre de lo que le vienen imponiendo tantos años con fórmulas tan parecidas. Los chavos buscan lo auténtico. Y es lo que hacemos en Paté de Fuá.”  l