Del Takju al Tequila, encuentro de danza Corea-México

martes, 18 de octubre de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Artistas de la danza, sudcoreanos y mexicanos tendrán un intercambio coreográfico del 18 al 30 de octubre en el Centro Cultural Universitario de la UNAM. Se trata del Cuarto Encuentro Internacional de Danza Del Takju al Tequila, confluencia de dos culturas en la danza, que organiza la dirección de Danza de la UNAM y que es patrocinado por ésta y el gobierno sudcoreano. En entrevista, Cuauhtémoc Nájera, director de la principal área de Danza de la UNAM, explica: “Mi política ha sido generar encuentros diversos con comunidades dancísticas del mundo, como Estados Unidos, Latinoamérica, España, Francia. Me interesó Corea porque está exactamente al otro extremo del mundo, somos completamente diferentes, incluso creo que para el público mexicano los artistas coreanos podrían resultar un tanto extravagantes pero tienen un mundo dancístico incomparable, de gran investigación y rompimiento. Además su técnica es excepcional.” Director artístico del concurso de danza clásica Ópera Prima en Movimiento del Canal 22, Nájera diseñó que el encuentro sea únicamente de danza contemporánea: “Me acusan de que me gusta más el ballet que cualquier otra cosa y no es cierto. Me gusta y me interesan otras opciones, como bailarín siempre tuve claro que un artista debe de complementarse y conocer otras disciplinas. Lo que se diseñó como programación junto con mi equipo para presentarse es de lo que más me impactó durante un viaje que hice a Corea para conocer su danza. Viajé allá por una invitación del KAMS, que es una institución como el Fonca, que se dedica a promover a artistas.” Según señala Nájera, la danza contemporánea sudcoreana es muy diversa: “No hay un estilo único, hay grandes influencias de las tradiciones, las artes marciales, sin dejar a un lado las técnicas europeas, el release y el contact. Hay que agregar, considero, el nivel técnico de los bailarines, es espectacular.” Por ello, su propuesta fue dejar un poco a un lado la visión occidental para adentrarse en el mundo del Oriente, el cual prácticamente es desconocido en México, de no ser por las grandes compañías japonesas o ciertos grupos de bailes tradicionales de China. “Por qué no voltear a ver lo que hacen en otros lugares tan alejados y ver si tenemos coincidencias. Tú me dices que me acusan de preferir el ballet. Yo insisto en afirmar que lo que más me atrae es la vanguardia, lo alternativo. Ese tipo de manifestaciones, sean ballet de danza contemporánea, ballet contemporáneo o ballet clásico, son con las que realmente me identifico. Las que van con mi personalidad y las que siempre me interesaron como bailarín.” Las compañías sudcoreanas que participarán son: Lee K Dance, Park Soon Ho Dance Project y EDx2 Dance Company, y las compañías mexicanas: Delfos Danza Contemporánea, Créssida Danza A.C, Mákina de Turing, y Melissa Cisneros. De forma paralela, como ha sucedido en ediciones anteriores, se llevará al cabo el coloquio La danza vale, presidida por Héctor Garay. También un panel de discusión informal entre coreógrafos, críticos y programadores de danza. Habrá clases abiertas con maestros sudcoreanos y pláticas especializadas. “La isla de aluminio” Participantes en el evento, Lourdes Luna y su compañía Créssida Danza Contemporánea, con sede en Mérida, Yucatán, mostrarán en la sala Miguel Covarrubias el montaje La isla de aluminio. La obra, diseñada para el Homenaje Nacional a Guillermina Bravo, efectuado en el Palacio de Bellas Artes en febrero pasado, se concibió con la música original de Eugenio Toussaint, subsidiados éste y Luna por Instrumenta A.C., presidida por Ignacio Toscano; pero por falta de apoyo gubernamental no logró consolidarse. “Yo me mantuve trabajando con Eugenio Touissant aunque se canceló el proyecto para Guillermina. Hicimos un plan de trabajo e intercambiamos ideas permanentemente. Una semana después de nuestra última comunicación él murió. La noticia fue terrible para mí. Él había hecho un bellísimo primer tratamiento musical de 12 minutos. “Estuve muy mal mucho tiempo y decidí, por respeto a él, dejar esa música guardada y replantear todo mi proyecto de nuevo. Yo tengo la última composición de música contemporánea de Eugenio, es algo que hizo para mí y es sumamente especial por nuestra amistad, y porque él era un extraordinario artista. Espero más adelante, cuando tenga el ánimo y la fuerza necesarias, hacer algo muy especial en su memoria.” Lourdes Luna decidió modificar su guión original aunque se respetaron algunas ideas iniciales, y llamó a Joaquín López Chapman Chas para que creara una pista sonora original; el planteamiento principal de la obra surgió de un laboratorio corporal en el que se trabajó la emoción y sus respectivas asociaciones. El espacio escénico es una isla que crece o disminuye según la luz. Según Luna, en la isla de aluminio “hay que resignarse a lo imposible de descubrir, tal vez por la propia incapacidad o porque el destino es así. En la isla hay que resignarse a que el amor es la única salida”. La coreógrafa participó como tal en el 2005 en un proyecto entre el Festival Internacional Cervantino y el Festival de Danza de Seúl con la compañía Jeon Mi-Sook Dance Company, con la cual montó Legión de gansos, experiencia que le modificó su manera de ver la danza: “Nunca había visto una entrega total de ese nivel, era algo más allá de una disciplina, era más que nada una filosofía de trabajo. Nunca había visto una manera de trabajar a ese nivel. Por otro lado estaba la disposición de aportar, siempre había un flujo de torrente de ideas para dar al trabajo. “Técnicamente había homogeneidad, una misma idea de cómo verse en el escenario juntos. Poseían además técnica muy rigurosa. Y si esto fuera poco, tenían además instalaciones impresionantes dentro del complejo de las artes, el escenario era impresionante por arriba de lo óptimo. La gente común y corriente de Seúl conocía la danza y hacía danza, las funciones estaban siempre llenas.”

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