Belá Tarr estrena en el FICM 'El caballo de Turín'

jueves, 20 de octubre de 2011
MORELIA, Mich. (apro).- El cineasta húngaro Belá Tarr estrenó El caballo de Turín en el noveno Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). El relato apocalíptico –basado en una anécdota contada en 1889 por el filósofo Friedrich Nietzsche– se centra en la vida cotidiana de un caballo, el chofer y su hija. De acuerdo con el realizador, el filme surgió cuando su guionista habitual, el escritor Lásló Krasznahorkai, preguntó: ¿qué pasó con el caballo? En conferencia de prensa, Belá Tarr señaló que a los 22 años se introdujo en el cine porque estaba lleno de enojo y quería cambiar a la gente. “Pero no se le puede cambiar, sin embargo aprendí que un niño de la calle, un persona inmersa en la injusticia, es más importante que cualquier político”, dijo. Cuando se le preguntó qué representa para él manejar una cámara, respondió: “Es tratar de expresar todo lo que sientes, nuestra rabia, nuestra tristeza, todo lo que estamos viviendo, la impotencia. Sólo quería mostrarles qué es lo que sucede, lo que se ve, lo que se vive día a día”. En las escenas de El caballo de Turín (premio de la crítica internacional Fipresci, del Festival de Cine de Berlín 2011) se inspiró en el cuadro de Los comedores de patatas, de Vicent Van Gogh, “pero lo más importante no es tanto el aprendizaje cinematográfico, sino la sensibilidad artística a la pintura. Amo esta pintura, pero no la sigo exactamente”, añadió. –¿Cuál es su influencia cinematográfica, ya que usted es de la nueva ola? –Todos los cineastas afortunadamente son diferentes, de cultura diferente, historia, condiciones, diferente presupuesto y diferente paisaje. El verdadero realizador tiene su propio lenguaje, es muy difícil seguir a alguien. Uno tiene que seguir su propio paso, es muy estúpido seguir a alguien y es difícil seguirlo porque no es el camino de uno, porque todo mundo es diferente, pero por supuesto que admiro a muchos cineastas. “Afortunadamente hay cosas universales como el corazón, estamos hablando español e inglés, pero hay cosas universales que todos compartimos”. Belá Tarr rodó El caballo de Turín en 48 días, con un  viento efectuado con máquinas especiales. “Todos los sonidos son artificiales”, subrayó. El cineasta escogió seis días o seis actos “porque cada día hay una pérdida, eso es lo importante, y el sonido siempre está siguiendo una pérdida”, dijo. En el FICM también participa el director francés Michel Gongory, realizador de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos y Rebobine, por favor. Además, coincide aquí con el actor Gael García Bernal, a quien dirigió en La ciencia del sueño.

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