Los niños en el ajedrez mexicano

miércoles, 16 de noviembre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- Hace unos 40 años probablemente, o quizás antes, quienes podían ir a las competencias internacionales de ajedrez, por parte de nuestro país, eran no los mejores necesariamente, sino aquellos que podían pagarse el pasaje. Obviamente eso era muy injusto y probablemente muchas carreras de jugadores prometedores se vinieron abajo por falta de apoyo de los organismos deportivos federados en México. De hecho, la Federación Nacional de Ajedrez de México (Fenamac) tuvo, por mucho tiempo, presupuestos raquíticos, y para colmo hubo directivos que la usaron para su beneficio personal. Con el tiempo las cosas fueron cambiando poco a poco. Sin embargo, aun en los años ochenta los jugadores que se habían ganado su lugar para ir a una Olimpiada de ajedrez, por ejemplo, tenían que costearse al menos la mitad del pasaje hacia la sede donde se jugaría dicha justa. De nuevo, hubo que pasar algunas administraciones para que esto cambiara. Hoy, la Fenamac recibe un modesto presupuesto del gobierno para los gastos más importantes, entre los que se encuentran los pasajes a los jugadores que deben ir a los diferentes eventos. Además, existe una tendencia a que se hagan más competencias juveniles, y es claro que esto puede deberse al nivel que en algunos países están alcanzando algunos niños y jóvenes, como en el caso de Karjakin, que a los 12 años se le otorgó el título de gran maestro, el más importante título ajedrecístico antes del de campeón del mundo. En México entonces, la Fenamac ahora está más obligada a apoyar a los jóvenes y niños que compiten. Existen campeonatos mundiales sub 10, sub 12, sub 14, etc., y la Federación mexicana manda a los ganadores de estas justas nacionales a que compitan en estos torneos internacionales. Anteriormente dije que la Fenamac no mandaba a sus mejores representantes, y es un error. La verdad es que manda, con gastos pagados, a los ganadores de estos torneos nacionales. Me disculpo públicamente por mi error. No obstante, existe la Asociación Nacional de Padres de Ajedrecistas (ANPA), capitaneada por el doctor Gabriel Capó. Gracias a ANPA se han podido conseguir avales para que el segundo al sexto lugar tengan la posibilidad de ir a esos torneos internacionales, aunque no tengan el nivel de juego mínimo y aunque no sean los ganadores de sus respectivas categorías. El doctor Capó ha logrado hacerles creer a los padres de esos niños que son muy buenos y que con los avales pueden competir como el que más en esas justas, con chances de obtener la gloria. No pueden ganar localmente, pero van avalados, y los padres amorosos, que harán todo lo que puedan por sus hijos, les pagan los viajes a esos torneos. La Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) da esos avales porque resulta que es un gran negocio. La FIDE busca sacarles a las federaciones afiliadas dinero por todo, por clasificar a los jugadores, por torneos de clasificación, etc. Esto de los jugadores extras, los avalados, es un bonito negocio. No lo hacen porque crean que esos niños que no ganaron su lugar en los torneos locales sufrieron un tropiezo. No, lo hacen porque representa dinero para ellos. La ANPA del doctor Capó no ve más allá de lo que quiere ver. Considera que opinar en contra de los avalados es de una ruindad inusitada, cuando no se da cuenta del daño que les hace a esos jugadores. Porque, miren, los jugadores extras, estos “avalados”, no han logrado en promedio ni 50% de los puntos en disputa (se pueden verificar los resultados de Oropeza, España y en Grecia, en la página chess-results.com). Muchas veces sus rivales les llevan más de 200 puntos de rating, por lo que ni siquiera como fogueo sirve. Es como si yo me meto a competir en 100 metros planos contra un tipo que los corre en escasos 10 segundos. No es fogueo, no hay competencia. No hay la mínima chance. Premiar con estos viajes a estos niños –a los que Capó les ha hecho creer que son campeoncitos– es un error. Premia la mediocridad. De eso no me queda duda. Así las cosas, rectifico mi error sobre lo que dije anteriormente. Por lo demás, me queda claro que la solución al ajedrez en México no es dar avales. No, la solución es motivar para que los niños estudien ajedrez, para que se ganen su lugar y entonces sí enfrenten, siendo los mejores exponentes que podamos tener, a la oposición internacional.