"Arquitecturas", huellas del transcurrir

domingo, 27 de noviembre de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- TV UNAM pone al aire todos los lunes a las nueve y media de la noche una serie denominada Arquitecturas, producida por la compañía franco-alemana Arte; se eligen edificios emblemáticos por épocas o bien obras de constructores destacados, lo mismo condominios, conventos de monjes, salas de conciertos, conjuntos culturales, espacios para congresos y parlamentos, o gimnasios olímpicos: el episodio más reciente fue “Los gimnasios olímpicos de Yoyogi”. La cámara recorre las distintas partes de la edificación y la voz en off explica a detalle las soluciones ideadas por el arquitecto en términos de resistencia, de funcionalidad y de belleza y, lo que resulta importante, cómo se inserta en el entorno urbano o natural en donde ha sido erigido. Si atendemos el aserto de que la arquitectura es una de las bellas artes, los edificios además de funcionales también deben ser hermosos. En todas las épocas la regla se ha cumplido a medias; existen ejemplares que aún admiramos por su armonía, su diseño, su capacidad de asombrarnos, y otros cuya utilidad o bien capacidad de producir dividendos hacen a un lado los valores estéticos. Al no ser las viviendas individuos aislados, su aglutinación forma conglomerados llamados ciudades, villas, poblados. Al arracimar construcciones se deben seguir ciertas reglas para edificar con el fin de evitar el caos; éstas constituyen el urbanismo. Tales pautas han cambiado a lo largo de los siglos y sin embargo, el alineamiento, el trazo, la altura han de seguir considerándose si se quiere mantener la armonía y la posibilidad de tránsito en las urbes. Cada ciudad y edificio lleva la marca del tiempo. No es igual una villa medieval que Nueva York o Dubai. El problema se presenta cuando la villa del Medioevo quiere adaptarse al tránsito de autos, la ciudad colonial al movimiento de vehículos pesados, y la moderna funciona sin regulaciones; cada particular construye de acuerdo con sus ideas, sin tomar en cuenta el entorno. De ese modo, las ciudades se van volviendo un agregado de estilos, a cual más discordante que impacta en la vida de los ciudadanos, quienes carecen de descansos visuales y satisfacción estética alguna al desplazarse por las metrópolis. Si a ello agregamos los anuncios diversos, los letreros luminosos y las marquesinas, la confusión visual es tan grande que los transeúntes optan por ignorar el hábitat, en lugar de admirarlo. La conciencia respecto de la arquitectura no se forma espontáneamente; se requiere educar a la persona para que reconozca las simetrías, las innovaciones, los perfiles y el efecto que todo ello tiene en el conjunto. Lo que en tiempos anteriores era un proceso natural que se daba solamente al vivir en sitios urbanos, hoy se ha perdido junto con el orden y la beldad. Por dicha razón, los programas televisivos que ponen a la arquitectura, su historia y sus realizaciones en el centro de sus objetivos, están llevando a cabo una labor educativa absolutamente necesaria.