"La Orestiada" entre narcos

martes, 13 de diciembre de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Las tragedias griegas conservan una impresionante actualidad. Los sentimientos, las emociones y el comportamiento de los personajes se constatan tan universales, más allá de la anécdota. El contexto es diferente, pero las pasiones las mismas. Aun cuando la tragedia exacerbe y condense las situaciones, las pasiones son identificables: la venganza, la traición y la lucha de poder, entre muchas otras. La trilogía La Orestiada de Esquilo es un caso verificable de esta similitud de realidades, y Emmanuel Morales, adaptador y director, encuentra el mundo del narcotráfico como el ideal para desarrollar la historia. El espectáculo que se presenta en los exteriores de la Casa del Lago es atractivo por su propuesta escénica y espacial. Sucede en cuatro lugares distintos y la acompaña un grupo musical que da color y la aterriza en nuestro México con música original de Hernán Romo y Mario Castelló. Esperamos frente a unas rejas tras las que transitan hombres armados y encapuchados; son los Zetas que reciben la noticia del regreso triunfal de su jefe, el capo mayor: Agamenón. El ambiente es tenso, intimidatorio; algunos del público son cateados, otros increpados verbalmente y otros más seducidos por las mujeres despampanantes que los acompañan. Todos estamos dentro, involucrados. En la parte posterior de la Casa del Lago se celebra la fiesta que recibe a Agamenón después de haber derrotado al cártel de Troya. Es dinámico el movimiento y la acción de la primera obra de esta Tetralogía (la cuarta se perdió), aunque imprecisa la muerte del poderoso, el detonador del drama. Los espectadores participamos del acontecimiento donde, frente al lago, los músicos amenizan con música norteña, y actores y público bailan en la pista. Durante el festejo, en las escaleras y pasillos superiores, sucede la tragedia: Clitemnestra, en complicidad con Egisto, asesinan a Agamenón y a Casandra, botín de guerra. Desgraciadamente, tanto en este fragmento de la narco-Orestiada como en los subsiguientes, las actuaciones dejan mucho que desear. Los gritos y las exageraciones opacan la emoción, las intenciones, los matices; la proyección de voz en espacios exteriores requiere de entrenamiento. Los actores enronquecen y poco transmiten, pero los espectadores pueden seguir la historia cargando su silla y disfrutando el hecho escénico. Las Coéforas, segunda obra de La Orestiada, sucede en otro costado de la Casa. En el entierro de Agamenón se llora sobre su féretro y en los alrededores Orestes observa. Su hermana Elektra clama venganza y éste se debate en su cumplimiento. Las escaleras fueron lugares muy eficaces donde los hermanos compartieran su dolor, discutieran y se indignaran; el interior de la casa, iluminado por un precioso cancel de cristal, embellecía el momento. Las Euménides de Esquilo sucede en el Templo de Apolo, en Delfos, y Emmanuel Morales aprovecha aquí la insólita construcción griega para ubicar la defensa de Apolo para proteger a Orestes de ser castigado por haber cumplido su mandato. La obra aprovecha el debate “filosófico” entre las Erinias que exigen el castigo a Orestes por haber matado a su madre y la protección de Apolo, para poner a Atenea como la principal negociadora que con su poder político beneficia a los narcos a cambio del perdón de Orestes. La Orestiada confirma su contemporaneidad en esta adaptación dentro de la enriquecedora Sexta Muestra de las Artes Escénicas que organiza la Secretaría de Cultura del Gobierno del DF, y nos invita a participar en un hecho escénico en espacios sugerentes, como son La Casa del Lago y sus alrededores.

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