Foro de la Cineteca

jueves, 5 de mayo de 2011

MÉXICO, DF., 5 de mayo (Proceso).- Esta semana arranca el Foro Internacional de la Cineteca con una selección de películas que difícilmente encuentra lugar en la cartelera comercial.

La mujer que cantaba (Incendies; Canadá-Francia, 2010) es la adaptación de Incendies (Incendios), obra de teatro del controvertido dramaturgo libanés emigrado a Canadá Wajdi Mouwad. El quebequense Denis Villeneuve dirige esta historia que explora el trauma de la guerra en Medio Oriente desde la perspectiva del mito y la tragedia griega.

Durante la lectura del testamento de la madre, los gemelos Jeanne (Melissa Desormeaux-Poulain) y Simon Marwan (Maxim Marwan) reciben dos sobres, uno destinado al padre que creían difunto y otro a un hermano del que ignoraban la existencia. Jeanne decide viajar a Medio Oriente a excavar el pasado de su familia, el hermano rechaza el juego póstumo de esta madre que siempre se mostró distante; más tarde, Simon termina por unirse a la búsqueda. El terrible secreto de la familia Marwan va a destaparse, un mundo fantasmagórico donde intervienen la historia y la política.

Narrada en capítulos (“Los gemelos”, “Nawal”, “Daresh”, “La mujer que canta”) que ayudan a sintetizar los temas de esta historia que se desarrolla en el transcurso de décadas, La mujer que cantaba funciona por medio de un ritmo binario, con escenas retrospectivas y avance en la búsqueda que realiza Jeanne. Como en Z de Costa Gavras, el territorio de la cinta es un espacio imaginario, desde Kosovo hasta el Líbano. El laberinto de lazos de sangre, diferentes facciones de la guerra, razas e intereses, Oriente y Occidente, se organiza fatalmente por medio de leyes inexorables. Antígona y Edipo deambulan por los desiertos y las ruinas del paisaje agobiado por la guerra que retrata el director, evocando a su vez la admiración de Wajdi Mouwad a Sófocles.

El título original, Incendios, refiere literalmente a dos eventos de la cinta, uno en un orfanatorio y otro en un autobús, alusiones a la guerra civil del Líbano (la masacre de Ain Remmaneh en 1975, por ejemplo); pero la ambición del canadiense Villeneuve era crear una “especie de territorio minado” en el que las referencias históricas posibles provocaran explosiones en la mente del espectador. El origen de la obra y gusto por lo referencial del autor de la obra imponen una teatralidad de la que Villeneuve escapa por medio de imágenes de corte realista, como la secuencia donde rapan a los niños que marca la diferencia entre adoctrinamiento y educación.

Incendios es más que una historia sobre la guerra y sus consecuencias. En tanto que cine, esta cinta busca apoyarse en la imagen, naturalmente; pero Incendios prefiere el ritmo, la elegante estructura que ilustra la ecuación matemática del maestro que encuentra Jeanne: “Uno más uno es igual a uno”; el consejo de nunca empezar con las incógnitas de una ecuación suena pedante, fuera del contexto, pero el mensaje defiende el valor de la intuición, la realidad detrás de las apariencias que sostiene a la condición humana. Dramaturgo y realizador imaginan un universo cuyo malestar no proviene del accidente, sino de la trasgresión.

El camino iniciático de los gemelos es recuperar la serenidad del agua que sugieren las imágenes de la piscina al inicio de la película, el aprendizaje de la responsabilidad y el derecho a un epitafio. 

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