El éxito de "Ópera Prima en Movimiento"

miércoles, 1 de junio de 2011

MÉXICO, D.F., 1 de junio (apro).- Ni un solo boleto se puso a la venta para la final de Ópera Prima en Movimiento. Sin embargo, cientos de personas se presentaron en las taquillas del Palacio de Bellas Artes para tratar, sin suerte,  de conseguir un boleto.

         Si el canal 22 necesitaba hacer un programa que lograra competir en raiting con la televisión comercial, ya lo logró. Pareciera que por primera vez las autoridades culturales logran darse cuenta de lo que siempre estuvo a la vista, incluso en la televisión comercial: la danza es el arte más popular en los medios, incluso por arriba de los programas musicales.

Por fortuna para el único canal cultural en televisión abierta, el equipo de producción comandado por Claudia D‘agostino y Enrique Strauss, hizo el casting adecuado y logró encontrarse con Cuauhtémoc Nájera que resolvió estructura, repertorio y jurados para crear una seria competencia de ballet que ha interesado no sólo al sector cultural sino a una parte de la población del país que ya está harta de la telebasura.

Más allá de lo que sobre o falte en un programa de concurso en la modalidad de reality, el del 22 ha significado un serio esfuerzo para quitarle el velo a aquellos que creen que la danza no se vende en México. Ante lo que está pasando con el furor por estar en las eliminatorias de Ópera Prima en Movimiento, los programadores de los teatros del país deberían reaccionar y abrir el nicho dancístico de una vez por todas y echando toda la carne al asador.

Porque después de este hitazo se esperaría que se hiciera otro concurso igual pero ahora de danza contemporánea, jazz, hip hop y danzón, cuando menos. Ahí está el filón, en la belleza de un cuerpo en movimiento, técnica, dificultades, el foro, la música en vivo y los profesionales en el tema.

Si bien Televisa hizo un intento de crear un reality dancístico con Bailando por un sueño, la falta de conocimiento artístico de sus productores sólo logró crear un programa chabacano donde lo más interesante era tener a Ema Pulido opinando seriamente sobre danza. Pero aunque Pulido sea una autoridad en la materia, estaba claro que la empresa televisiva no le dio nunca el lugar que ella se merecía.

Así que, el show era más importante que la realidad y ganaron siempre los personajes más populares pero menos doctos en el baile y en la coreografía. Gajes del oficio, hasta el luchador Latin Lover  que no sabe la diferencia entre su pié derecho y el izquierdo se consolidó como bailarín.

En cuanto a la final de Ópera Prima en Movimiento, si bien cuando aparecieron los cubanos parecía que ya no había más que hacer, seguramente las cosas pueden cambiar frente a la disciplina y tenacidad de las mexicanas. Además de que D’agostino, Strauss y Nájera se aseguraron de traer jueces de otras partes del mundo. En el ballet no hay manera de equivocarse: técnica, genética y  talento están o no están. Ganará quién baile mejor y el premio del público será para quien haya logrado convocar al mayor número de cuates que voten en internet.

La final debió abrirse en venta al público y no quedarse para las relaciones públicas de Conaculta y a partir del domingo 29 tendrían que hacerse galas de ballet por todo el país con los ganadores y no ganadores. Con orquestas afinadas y listas para entender el tempo de los bailarines y promotores inteligentes que entiendan que el ballet es en el primer mundo la actividad más difundida por encima del teatro y la ópera.

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