Cómo progresar verdaderamente en ajedrez

viernes, 10 de junio de 2011
MÉXICO, D.F., 8 de junio (apro).- ¿Cómo progresar? ¿Cómo jugar mejor? ¿Qué hacen los ajedrecistas para subir verdaderamente su nivel? ¿Estudian acaso mucho más que nosotros? ¿Qué hacen ellos que, evidentemente, no estamos haciendo nosotros? ¿Por qué ellos avanzan y nosotros no? Esta es una discusión interminable entre ajedrecistas. Desde luego que el éxito en ajedrez depende de muchos factores: un mínimo talento; trabajo en el tablero; estudio en casa; jugar y analizar las partidas de otros; leer sobre teoría de aperturas, medio juego y finales; disciplina; trabajo constante; motivación; empuje; ganas de competir, etc. Y para ello se requiere de tiempo. Alguna vez le preguntaron a Kasparov cómo se podía progresar en ajedrez si se tenía poco tiempo. La respuesta del ex campeón del mundo fue demoledora: ¿Cómo pretendes progresar si no dedicas tiempo para ello? Y miren de quien parte este comentario. Así, entonces, es claro que el progreso en el tablero depende de un buen número de situaciones externas, pero si el ajedrecista trabaja en el tablero con constancia, los esfuerzos a la larga deben dar algunos frutos. No obstante, lo que llama la atención es que un jugador como nosotros, de nuestro nivel, de pronto da una especie de “brinco” y empieza a tener muy buenos resultados. ¿Qué hizo en esos seis meses, un año, que lo catapultó a un mejor nivel que el nuestro, cuando antes más o menos jugábamos igual? La respuesta parece ser un mecanismo poco estudiado, creo, pero aparentemente es muy común cuando se avanza en el estudio de alguna asignatura, la que sea, incluso ajedrez: el tema es trabajar con una pasión desbordada por, digamos, unos seis meses. Quizás cuatro, cinco o seis horas cada día (lo ideal serían más horas, unas ocho, pero es claro que las actividades del mundo real muchas veces nos impiden poder estudiar ajedrez tantas horas seguidas). Si uno trabaja con esta constancia y con método, estudiando, por decir algo, una hora de aperturas, otra de medio juego, otra de finales y una más de estrategia, combinando con partidas de entrenamiento, con trabajo en la táctica ajedrecística y resolución de estudios, entre otras cosas, en unos seis meses habremos adquirido un caudal de conocimientos notable, pero, más aún, habremos puesto al cerebro en un modo para dar el gran salto conceptual. De entender lo que entendíamos de ajedrez pasamos a un nivel de entendimiento más profundo. Y quizás –más bien lo diría con certeza– no nos damos cuenta cómo se produjo este avance. Tal vez lo que creíamos entender fue reemplazado por una concepción más seria de lo que acontece en el tablero. De pronto nos quedan más claras algunas posiciones y de alguna manera entendemos más las sutilezas, y lo que antes eran posiciones sin chiste ahora se ven con nuevos ojos. Esto, lo decía Artur Koestler, es algo así como retroceder para brincar más lejos. De alguna manera, al estudiar con mucha constancia, diariamente, el cerebro pone en tela de juicio lo que sabemos y de pronto rechaza lo que dábamos como un hecho. Y entonces la nueva información, la nueva concepción, comienza a tomar forma en la cabeza del ajedrecista y forma nuevos conceptos que van sustituyendo a las ideas que antes dábamos por sentadas. Y así, seis, ocho meses después, observamos que jugamos mejor, que ganamos más partidas, que rivales que considerábamos muy fuertes ya no lo son tanto, y sorpresivamente estamos ya jugando en las primeras mesas, compitiendo incluso por los premios. Hay que elaborar más en torno de esta idea, pero lo que parece claro es que hay que darle tiempo al tiempo. Darle espacio al cerebro para que poco a poco vaya acomodando las nuevas ideas que vamos aprendiendo. En este mundo que se concentra en la velocidad, hay una tendencia a creer que se pueden aprender las cosas en poco tiempo. Así, vemos títulos como “Aprenda PHP en 24 horas”, “Mejore su ajedrez en 7 días”, etc., cuando en realidad éstas no son más que fórmulas comerciales para vender libros, porque nadie puede garantizar que uno aprenda un lenguaje de programación como PHP en 24 horas o que efectivamente pueda mejorar su propio ajedrez en una semana.