¿La naturaleza imitación del arte?

jueves, 15 de septiembre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- Doctor Ma. P. Dante. Muy señor mío: la presente está motivada por su carta a este buzón, en la que expresa su adhesión a la frase “la naturaleza imita al arte”, de Oscar Wilde, la que considero, usted perdonará la pretensión, necesita aclararse para su buen entendimiento. En este momento en que vivimos, de contaminación ambiental, crisis de los llamados valores, de desorientación en el pensar y en el hacer, del prometer y no cumplir, o sea, del decir una cosa y el cinismo de hacer otra. Momento de la desmemoria, del si me acuerdo no me importa, del conformismo por ignorancia, miedo o conveniencia, en verdad que me complace ver que es de los de la onda en moda: los que creen que la salvación de este mundo de tanto caos está en el arte en general, en la poesía, en la literatura. ¡Qué bueno que así es! Lástima que no especificara si esa su fe en el arte consiste en la fuga y refugio en la torre de marfil, esto es, la practicada por el creador de arte que sólo atiende a la perfección de su obra y es indiferente a la realidad y problemas del momento, postura válida, por supuesto, como también lo es la del creador, que ve y concibe su cuadro, canción, cuento, poesía, novela, comedia o drama como una brújula o timón que ayude a llevar al prójimo a buen puerto a esta nave de los locos en que estamos convirtiendo al mundo, es decir, que ve, concibe su obra como análisis y representación crítica, sin concesiones de la realidad en la que respira, aunque sea de manera simbólica, lo que hace bueno lo que dicen que dijo Picasso: que “el arte es una mentira que persigue descubrir la verdad” (cito de memoria). Ante estas dos posiciones, la de los partidarios que afirman que la vida imita al arte y la de los que la niegan y sostienen que es el arte el que imita a la naturaleza, ¿dónde quedo la bolita? ¿De qué lado queda la realidad? Esta es pregunta tan difícil de resolver como la de ¿qué fue lo primero: la gallina o el huevo?... Pero hay un camino que puede darnos alguna luz, al menos a lo que a la pintura y a la literatura se refiere. Por lo que sabemos, los artistas prehistóricos casi seguro que creyeron tener poderes mágicos y por eso pintaron mamuts, rinocerontes, bisontes y otros animales en las paredes de las cuevas, con la intención de propiciar su cacería… pero… para lograr esas magníficas representaciones a base de la línea, el claroscuro y el color… primero tuvieron que ver y observar mucho a los mismos. Parecido pasa con la literatura. Recurriendo a lo que la historia y otras ciencias sociales nos han ido informando, no queda más que admitir que la tradición –oral primero y después escrita– de los relatos, cuentos y apólogos ya reencuentran personajes que caracterizan vicios y virtudes y otras pasiones que caracterizan d diversa manera a las personas, así sean animales los que las representan, como sucede mayormente en las fábulas, consecuencia probable a la sobrevivencia en la memoria del animismo, la vieja creencia religiosa que afirmaba que todo ser natural está vivificado por un espíritu o alma, y del totemismo, idea por la que primitivos grupos humanos establecieron especiales relaciones de descendencia y pertenencia con algún animal, planta o cualquier otro objeto natural. Así las cosas, lógico es preguntarse que si la naturaleza siempre termina por imitar al arte, ¿cómo es que las sombrías y tupidas selvas no terminan por ser jardines versallescos o cuidados prados ingleses… y estos si terminan convertidos en breñales y hasta en selvas en cuanto los abandona la mano humana? En cuando a la poesía y la literatura en general, usted dirá si se puede decir que la desquiciante globalidad en que vivimos se parece más y más, porque los imita, al siniestro Un mundo feliz, de A. Huxley, al aterrador 1984 y a la lúgubre, sombría Rebelión en la granja, estas dos últimas de G. Orwel. ¿Qué dice? En lo personal, considero que más bien se debe a que esos autores, partiendo de su aguda sensibilidad, capacidad de observación, análisis y poder de síntesis, crearon esas obras con las posibilidades que podrían llevar al mundo el poder de unos pocos sobre los muchos. Por todo lo anterior, este servidor piensa que la inagotable fantasía, la infinita imaginación, presentes en el humano desde que apareció en el planeta, tienen por base en su sensibilidad, en su capacidad de observación y análisis, a su poderosa y particular aptitud para separar y sintetizar, lógica e ilógica hasta el absurdo, sus percepciones… alimentadas por sus necesidades, miedos y anhelos. Bueno, eso es lo que pienso en lo personal. Sin más, con el respeto que me merece, queda de ustedes. LIGORIO D’REVUELTAS

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