Protesta

martes, 3 de enero de 2012
MÉXICO D.F. (apro).- Metafóricos bípedos implumes: para evitar malos entendidos y resquemores, vaya por delante el agradecimiento sincero por, desde los remotos tiempos, haber reconocido y hecho de estos sus servidores elementos indispensables de sus vidas, al punto tal, de estar presentes, de una u otra manera, incluso en los más mínimos actos de las mismas. Estamos orgullosos, sí, de haber sido y ser sus más efectivos aliados en sus largas luchas por un mejor y más profundo conocimiento de la materia del Universo. Nos ufanamos, sí, de haber sido y continuar siendo sus peones de bregas, por así decirlo, en su apasionado y continuado esfuerzo por demostrar que la verdad revelada no es toda ni la única verdad existente. Nos regocija y se agradece, sí, el haber sido y ser puntuales de su largo y constante interés de ir descubriendo, mostrando y confirmando que, por ejemplo, “nada nos asegura que todo saber se encuentra en la Biblia, y que por lo tanto, todo lo que no está escrito en ella deba resultar contrario a la revelación, por ello, erróneo”, como bien contestaron los maestros de Chartres al defenderse de los ataques de San Bernardo, que los acusaba de “describir la creación del mundo por un camino filosófico y hasta por camino físico”. Nos congratula, sí, el haber contribuido eficazmente y continuar contribuyendo de igual manera a sus largas y persistentes búsquedas de hechos que afirmen los derechos de la razón frente a los derechos de la fe. Nos enorgullece, sí, el haber sido y ser sus fieles aliados, hecho que agradecemos también por supuesto, en todas sus valerosas y arriesgadas defensas, en todas las largas batallas en pro del llamado pensamiento científico. Reconocemos y admitimos, como tantos de ustedes, que las verdades científicas, descubiertas con nuestra ayuda, pueden ser relativas, limitadas al estar condicionadas por el momento histórico; pero también estamos de acuerdo con los que, entre ustedes, piensan y demuestran que pueden ser perfectibles por medio de sucesivos experimentos llevados a cabo con rigurosa y exigente crítica, método que requiere generalmente paciencia de santo y severa disciplina…, por lo que es natural que tantos y tantos de ustedes, por lo que gusten y manden, no lo tomen en cuenta… y es una lástima que así sea, pues resulta, y tienen que admitirlo por ser la pura verdad, que sus necesidades, limitaciones, debilidades, arrogancias, sumisiones, miedos y ambiciones, tanto materiales como psíquicas, fácilmente los convierte en seres metafóricos, es decir, en seres dados a la metáfora, o sea, a convertir, transformar o transmutar a una cosa por otra, bien sea por conveniencia, rechazo o confusión. Por lo expuesto hasta aquí, esperamos que ustedes atiendan y entiendan nuestra protesta: como es posible que en pleno siglo XXI tantos y tantos de entre ustedes sean partidarios e incluso rijan o gobiernen sus vidas por la astrología, la cartomancia, la numerología o la horrible y despiadada antropomancia practicada en la antigüedad, la magia y otras seudociencias largas de citar, con las que pretenden saber y dominar los secretos de la naturaleza, desarrollar poderes que presumen existentes en todo humano o conseguir conocer el futuro, aunque este último intento quede en esa tonta creencia que actualmente corre entre ustedes: la del fin del mundo en este año 2012, por el sencillo hecho de que el 21 de diciembre del mismo, es la última fecha marcada en la llamada cuenta larga de los mayas. Tonta creencia, pues desde el punto de vita de la ciencia, nada hay que así lo afirme. Entiéndanos: nuestra protesta se debe a que en todas esas seudociencias también nos hacen tomar parte los seguidores de las misma, lo que nos molesta en extremo que con ese uso de servidores de ustedes, estemos contribuyendo a crear más niebla, más confusión y dificultades en el de ya de por sí desorientador laberinto de su imaginario colectivo. Con esto y el sincero deseo, por su bien y el nuestro, sus servidores, de que tengan en cuenta y no olviden que las suedociencias se centran en el intento de prevenir, predecir o producir acontecimientos y no en explicarlos, de ustedes en nombre de todos los míos. EL NÚMERO UNO

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