Cine: "Bel Ami"

viernes, 26 de octubre de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Cuando Guy de Maupassant publicó Bel Ami, Francia se encontraba en plena expansión colonia, y Argelia y Marruecos eran temas de sobremesa. Bajo la Tercera República, la sociedad parisina de banqueros y políticos descubrió que la prensa era su mejor arma. Para Georges Duroy, un joven recién llegado a París, el periodismo es un camino seguro hacia el éxito; si es apuesto y carece de escrúpulos, la mujeres están ahí para iniciarlo en los secretos de la vida mundana y asegurar su camino a la cumbre. Bel Ami, el seductor (Bel Ami; Reino Unido-Francia-Italia, 2012) es la última versión para la pantalla de la famosa novela de Maupassant; han habido diferentes adaptaciones en cine y televisión, unas mejores que otras; la precisión del diálogo, la claridad narrativa y la lógica de la maquinaria literaria del autor de Bola de sebo parecen provenir de una visión cinematográfica. Esta es la primera cinta dirigida por los británicos Declan Donnellan y Nick Ormerod, mancuerna con tres décadas de prestigio en el teatro europeo, la famosa compañía Cheek by Jowl. Absoluta experiencia en el manejo de actores, un buen presupuesto y un reparto de lujo (Uma Thurman, Christina Ricci, Kristine Scott Thomas, Robert Pattinson, joven actor que no carece de talento); sobraban recursos para hacer una gran película; Donnellan, además, ha recibido premios por su trabajo en Francia, lo cual sugiere, por lo menos, familiaridad con la fuerza épica de la novela francesa del siglo XIX. Pero ocurrió lo más chocante, que dos británicos dirigiendo juntos se perdieran por el camino del drama de época, el vestuario y las luces, más cerca de Downton Abbey (la famosa serie de TV) que de la implacable crónica naturalista del discípulo de Flaubert. La estampa de vampiro que se pegó a la imagen de Pattinson con la franquicia de Twilight, no debía ser obstáculo para interpretar al cínico Bel-Ami, que se vale del periodismo y de las mujeres para conquistar una posición de poder; Georges Duroy es prácticamente un vampiro, un tipo infecto que se cree inteligente pero que extrae el talento y la fuerza de quien se atraviese en su camino, como ocurre con Madame Forestier (Uma Thurman); el error, en ésta y otras versiones de Bel Ami, es querer dotar a Duroy de una dimensión de la que carece. El verdadero personaje es la sociedad francesa que Maupassant satiriza en el laboratorio de su novela; en esta adaptación falta cinismo, los realizadores elaboran de antemano el juicio moral que el novelista deja a cargo del lector, y el actor principal queda a la deriva. No resulta exagerado decir que este arribista, mísero heredero de los héroes de Stendhal, Balzac y Flaurbet, salta de cama en cama, el sexo es su mejor arma, para abrirse puertas o para vengar injurias; Bel Ami, el seductor explota la veta comercial que ofrece el tema, pero arruina, por completo, la sensualidad de la prosa de Maupassant, sin duda la mejor cualidad de su escritura.

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