El corazón del Zócalo se cimbra

viernes, 11 de mayo de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- Hordas transculturales y tribales grupos urbanos, amas de casa, niños, adultos sin edad, jóvenes de todas las cronologías imaginables, formaban cadenas dirigiéndose a una cita con la historia de la música. Un puente intercultural de invisibles emociones que insospechadamente derriba muros, rebasa idiomas, territorio, edades y condiciones sociales. Rebasadas las expectativas del Centro del Corazón de México, donde la totalidad de la plancha del Zócalo y las calles aledañas parecían insuficientes para contener la multitud de capitalinos y varios miles de todas las provincias de la república: centro, sur y norte del país se transportaron al centro al “lugar, día y hora donde había que estar esa noche”. Una velada popular donde la gente, desde la más humilde, llamaba la atención porque en sus rostros estaba el paisaje humano, la historia de su vida. El sacrificio de traslado, tiempo y espera que le significaba estar allí, evidenciaba que estaban, no sólo para escuchar canciones, sino para reencontrarse con vivencias propias alojadas en el inconsciente cultural colectivo, donde la inteligencia emocional se ve trasgredida por la incógnita de acordes disminuidos, osados enlaces armónicos, séptimas irreverentes que ornamentan la magia de la invención melódica y los extraños armónicos que producían la mezcla de las voces de Lennon, McCartney, Harrison, Starr juntas y sostenidas por un sencillo set instrumental de rock. La convocatoria íntima, fue un llamado a presenciar no sólo a Paul McCartney, sino a experimentar a los Beatles en vivo. Lo más cercano al sueño juvenil que les fue arrebatado a los mexicanos 50 años antes por la ceguera política y el miedo del sistema a la contracultura de los sesentas. Paul McCartney logró en este concierto una Comunión Espiritual con la Raíz Nacional, que no se había dado antes. Fue un parteaguas en su carrera y él lo sabe, al igual que quienes experimentaron el transitar entre doscientas mil personas que intercambiaban miradas cómplices, coreaban y liberaban la tensión de la vida contemporánea. Un país desesperanzado, carente de buenas noticias y asolado por la violencia, el desempleo y la pobreza, acariciado por la consistencia psicodélica de “Un día en la Vida” “El Escape de la Banda” y la inocencia de “All my Loving” ¿Cómo no unirse al coro de doscientas mil almas exigiendo “Denle un Chance a la paz”? en palabras de Paul “Piensa Global y Actúa Local” Detrás de la aparente ornamentación sentimental y referente icónico de canciones como “And I love Her” (y la amo) que la han cantado hasta Los Panchos, el concierto del Zócalo y el del Estadio Azteca fueron también un mensaje político, contenido en la belleza semántica de las canciones, a “No dejarse, a Resistir, Actuar, Permanecer Jóvenes Siempre y mantener la llama de la Utopía Humana".

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