Arte: "Flesh&Concrete"

martes, 15 de mayo de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Un atractivo proyecto curatorial que incide en el impacto urbano, ecológico, humano y social que tienen la construcción de la Supervía Sur-Poniente y el segundo piso del Periférico Sur en la Ciudad de México, se presenta en el edificio de lujo y en desuso ubicado en Periférico Sur 3380. Gestionado y producido por la promotora londinense Jaya Brekke y el mexicano Julio Salazar, el proyecto denominado Flesh&Concrete (Carne y hormigón) aborda, a través de instalaciones en sitio específico, videos y mesas redondas interdisciplinarias, distintos aspectos relacionados con la cuestionable política gubernamental de construcción de vialidades la cual, además de fomentar indirectamente el uso del automóvil, está destinada a beneficiar el tránsito de colonias exclusivas –como Santa Fe– en demérito de la calidad de vida de las zonas expropiadas o alteradas. Patrocinada por el organismo no lucrativo con sede en Nueva York, Apexart –una organización que tiene como misión desafiar ideas sobre el arte ofreciendo oportunidades a curadores independientes y artistas–, la propuesta sobresale principalmente por su emplazamiento: una construcción ubicada en la costosa zona del Pedregal de San Ángel, graffiteada casi en su totalidad, que sintetiza la confrontación entre la naturaleza y el desarrollo urbano arbitrario. Abierto en todos sus costados debido a la falta de puertas y ventanas, el edificio permite ver, por un lado, la angustiante fealdad de los segundos pisos y, por el otro, el lamentable deterioro del Río Magdalena, el cual es el único río vivo en el Distrito Federal. En lo que respecta a la creación visual, la presencia en casi todas las paredes de tags y otros géneros del graffiti, se convierte en una metáfora de la coexistencia, jerarquización y discriminación de las distintas prácticas artísticas. Independientes de estas imágenes e inclusive encimadas en ellas, las obras de arte contemporáneo de la exposición Flesh&Concrete evidencian la separación que existe entre ambos escenarios. Con una selección de seis obras del mismo número de artistas, la exhibición resulta demasiado reducida para las dimensiones del inmueble. Opacadas por los graffitis y esparcidas desde el primer piso hasta el pent-house, las propuestas de los mexicanos Francisco Ugarte, Diana Quintero, Daniel Monroy, David Cruz, Erick Diego y Ale de la Puente plantean, con menor o mayor claridad, algunas consecuencias de la medida gubernamental. Las siluetas de pájaros que habitan en Contreras le sirven a Quintero para proyectar imágenes de la expropiación de la Colonia La Malinche. Con una estela de banderines de plástico típicos del mercado de bienes raíces, De la Puente hace referencia a la especulación inmobiliaria. La tensión de ver y vivir el congestionamiento que generan las obras del segundo piso, quedan registradas en la video-acción de David Cruz. Como una exigencia para buscar la verdad en la opacidad de los discursos, Francisco Ugarte presenta una instalación lumínica que, a través de exageradas nebulosidades, invita a recorrer el espacio. Y, para evidenciar la coexistencia entre naturaleza, destrucción urbana y contaminación auditiva, Erick Diego recurre a sonidos del río e instalaciones colgantes realizadas con hojas secas y flores sintéticas. Valioso en su contenido y de difícil acceso por la restricción de sus horarios, el proyecto, ausente de público, se convierte en una lamentable resonancia de la indiferencia ciudadana.

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