Documental "El Alcalde": poder, corrupción y narco

sábado, 5 de octubre de 2013
XALAPA, Ver. (proceso.com.mx).- Mauricio Fernández Garza, alcalde de San Pedro Garza -el municipio más rico del país, enclavado en Nuevo León-, aparece en un primer plano llorando la muerte de uno de sus agentes de tránsito a manos del crimen organizado; segundos después celebra que el “Comandante Azero”, autor intelectual del crimen, murió ejecutado 12 horas después del homicidio del oficial de vialidad: “¡Se murió el hijo de puta!”. Este fragmento corresponde al documental El Alcalde, producido por el periodista Diego Enrique Osorno, distribuido por Ambulante y presentado la noche del viernes en el Hay Festival Xalapa 2013. Documental polémico sobre las medidas desesperadas de algunas autoridades municipales para combatir al crimen organizado en el país, sobre todo en una ciudad donde la palabra pobreza es un vocablo marginal. En el filme se retrata cómo Mauricio Fernández se brinca los lineamientos establecidos en la Constitución de México y crea un “grupo rudo” y una “oficina de inteligencia” para combatir al crimen organizado como autoridad local, incluso él mismo lo presume: “Aquí el mando lo tengo yo”. “Estoy tratando de arreglar broncas. No seguiré los métodos más tradicionales. Yo no soy político. La política me importa una madre. Lo que qué me interesa es mi patria”, expresa en el documental Fernández Garza, hoy exalcalde, pues su mandato concluyó en diciembre del 2012. La nueva obsesión del político multimillonario ahora es edificar un museo de historia natural, con un dinosaurio  reconstruido por completo en su esqueleto, como principal atracción. “Es un personaje fascinante, al mismo tiempo contradictorio, a Mauricio Fernández yo le respeto su franqueza, aunque podré no estar de acuerdo con muchos de sus métodos y él lo sabe”, señala Diego Osorno al concluir el documental. En el desarrollo del filme se muestran los claroscuros de Mauricio Fernández, cazador por afición, quien gusta de matar leopardos, leones y elefantes. En contraste, en su fastuosa mansión siempre se hace acompañar de dos perros con pedigrí; Fernández está a favor de legalizar la mariguana y otras drogas, siempre y cuando no la vendan en lugares de recreación y en su San Pedro Garza. Gustoso de dar primicias a los medios, anuncia la muerte de El Negro Saldaña, un secuestrador que operaba en su municipio, horas antes de que autoridades federales supieran del hallazgo; en contraste meses después, la Marina-Armada de México detuvo a Alberto Mendoza, El Chico Malo, a quien señaló como integrante de los Beltrán Leyva y miembro del grupo rudo del presidente municipal de San Pedro. Mauricio Fernández admitió que era un “informante”, mas no un “colaborador de su gobierno”. Ya en entrevista, Diego Osorno asegura que la culminación del régimen priista durante más de 70 años en el poder originó una rebeldía de periodistas comprometidos con la verdad y el oficio para cubrir el crimen organizado. “Antes era eficaz callar y esconder lo que pasaba en las calles derivado de las actividades del narcotráfico. Ahora el periodista busca hechos concretos, personajes, expedientes comprometedores que revelen el actuar del crimen organizado, aunque esto también ha ocasionado que el gremio reporteril viva una situación amenazante”. Ante esa coyuntura, Diego Osorno detalla que el busca “desgranar” el miedo que provoca el crimen organizado, sean Los Zetas o el Cártel de Sinaloa, pero no en una “generalidad”, sino en personajes concretos y en hechos palpables. A sus 33 años Diego Enrique Osorno ha escrito cinco libros, dos de ellos dedicados al crimen organizado “El Cártel de Sinaloa” y “La Guerra de los Zetas”, ahora se estrena con su primer documental: El Alcalde. “Hay un despertar del periodismo mexicano, hay nuevos jóvenes que sienten la necesidad de contar lo que está pasando; aunque no todos los casos acaban con asesinatos, pero sí hay periodistas que viven en tensión constante”.

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