El vestidor

lunes, 18 de noviembre de 2013
MÉXICO D.F. (apro).- A 30 años de distancia de la primera ocasión en que Héctor Bonilla escenificó por primera vez El vestidor, de Ronald Harwood, en aquella ocasión en el papel de Norman, vuelve con la misma obra a la escena, ahora interpretando a Su Señoría, un viejo actor y productor enfermo que en la puesta de hace tres décadas fue caracterizado por Ignacio López Tarso. El experimentado director de escena Alberto Lómnitz, director también de la compañía de teatro para sordos Seña y Verbo, es el encargado de conducir esta nueva versión de El vestidor que se presenta en el Foro Cultural Chapultepec con un elenco en el que también participan Bruno Bichir, Verónica Lánger (que también estuvo en la puesta de hace 20 años, dirigida por José Luis Ibáñez), Andrea Riera. El vestidor es teatro dentro del teatro, a la vez crítica y homenaje a esos extraños personajes que hacen posible que cada noche suceda la magia del teatro, con sus egos, envidias, esperanzas, tristezas, extravagancias, desencuentros, solidaridades y destellos de grandeza que hacen única e irrepetible cada función. El esplendor y la decadencia de una compañía teatral pueden vislumbrarse a través de esta puesta en escena en la que Su Señoría, a la usanza de Shakespeare o de Moliere, ha conducido a sus subalternos para dar funciones diarias en giras interminables que terminan en convertirlos en seres que no tienen otra vida más allá de la que sucede dentro del teatro. La acciones ocurren en Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial, en la noche en la que Su Señoría dará su última función, den medio de un bombardeo nazi, interpretando El rey Lear, de Shakespeare. El pequeño universo del teatro se convierte en un reflejo de la sociedad en la que cada quien trata de tomar ventaja de sus circunstancias, como la joven aprendiz de actriz que intenta seducir al viejo actor para lograr una mejor posición en el elenco de la compañía, mientras otro de los actores, aspirante a dramaturgo, se enfurece porque su señoría no ha querido leer su comedia. El personaje más entrañable es Norman, deliciosamente interpretado por Bruno Bichir, histrión por naturaleza y por herencia, quien da vida a este extraño ser que vive de las glorias de su patrón, que lo idolatra, lo proteger y al mismo tiempo vive lleno de una frustración que oculta en un disimulado alcoholismo. Norman y Su Señoría con complementarios y codependientes, se necesitan y, al mismo tiempo, de alguna manera se repelen, como el sádico y el masoquista, en una relación que, como el mismo teatro, transita entre la comedia, la farsa y la tragedia. En opinión de Alberto Lómnitz,  El vestidor “es una gran oda al teatro y al artista. Su Señoría ni siquiera es el gran intérprete, pero aún así logra trascender sus deficiencias para hacer un acto de comunión con el público. Es un homenaje a ese poder del arte de trascender la mediocridad, la pequeñez, eso es lo que nos ha inspirado a todos en esta puesta en escena, también somos eso, esos artistas que en medio de las bombas cayendo, estamos neciamente tratando de conectar con el público, conmover, producir belleza”. Las funciones se realizan los viernes a las 18:30 y 21:00, sábados a las 18:00 y 20:30 y domingos a las 17:15 y 19:45.

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