Música: Los 35 años de 'Pasión' de Horacio Franco

martes, 23 de abril de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Singular evento, sin duda, el ocurrido el pasado sábado 13 en Bellas Artes, que permitió la conjunción de pasiones y talentos separados, cronológicamente, por “apenas” 289 años, es decir, casi tres siglos. Tan peculiar evento se produjo cuando Horacio Franco, el más destacado y reconocido, nacional e internacionalmente, flautista mexicano, celebró sus 35 años de vida profesional y 20 como director, y lo hizo con toda la pasión que siempre lo ha caracterizado, y evocando la presencia de uno de los más grandes genios de la música de todos los tiempos, Johann Sebastian Bach, de quien interpretó, desde el pódium y no como instrumentista, justamente una de sus grandes pasiones (de Horacio), La Pasión según San Juan. Encargada de la interpretación fue la Capella Barroca de México, fundada por el propio Franco allá por 1993 con el nombre de Capella Cervantina, organización que, otra particularidad importante de este evento, ofreció, por primera vez en nuestro país, una audición de la Pasión según San Juan con réplicas de instrumentos de la época, o sea, a más de los habituales de hoy, laúd, viola da gamba, viola d’amore, bajo continuo y otros y, por supuesto, las voces que integraron el coro a cuatro cuerdas requerido por Bach. Notable desempeño sin duda el de la Capella Barroca y su director, que abordaron esta obra monumental con una solvencia pocas veces vista (escuchada) en conjuntos nacionales al enfrentarse a composiciones de esta magnitud. Estos jóvenes (la mayoría lo son) maestros (todos mexicanos, otro detalle que debe subrayarse) evidenciaron varias de las particularidades que les han labrado un nicho especial en nuestro quehacer musical: Compromiso, en primer lugar; gusto, placer por hacer lo que hacen y a esto agregan elementos destacables que, desafortunadamente, no son el patrimonio más preciado de muchos de nuestros músicos, como estudio, conocimiento, comprensión de época, estilo y género de lo que están abordando. Se nota el esfuerzo de estos jóvenes por adquirir el rigor teórico que exige la música que cultivan y, particularmente, de obras excepcionales como esta Pasión, que no cualquier conjunto puede abordar con plena solvencia. Bach mismo le realizó varias revisiones, ajustes, supresiones y agregados ya que, estrenada en la iglesia de San Nicolás la víspera del Viernes Santo de 1724, hizo otra versión en 1725, luego hay otra de 1730, una más de 1740 y una última de 1749, que no por ser la postrera fue la definitiva, ya que, al final, se volvió a la de 1740, que es la que ha quedado. En el concierto de Horacio Franco y la Capella Barroca, en la segunda parte se utilizó la versión de 1725 y un apéndice de partes que, originalmente, el propio compositor había suprimido y que después él y sus seguidores reincorporaron. La música, maravillosa, enmarca con enorme atingencia todo ese texto complejo que no por serlo deja de ser bello, ser un canto doloroso pero, al mismo tiempo, un canto de fe y esperanza eterna, como lo muestran esta aria de soprano y el coro final, que crean una atmósfera de enorme espiritualidad sin, necesariamente, ser uno religioso.  

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