Música: Madrigalistas, 75 años

viernes, 12 de julio de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- El madrigal es, musicalmente hablando, una composición que surge en el renacimiento y se prolonga rozagante hasta el barroco temprano, iniciando después una caída paulatina pero sin desaparecer del todo porque, aun hoy, pueden encontrarse de vez en cuando algunos madrigales contemporáneos. Sucede así porque, poéticamente hablando, el madrigal es una obra regularmente pequeña pero hermosa y, entonces, al conjuntarse poesía y música se produce una obra de gran belleza que, por supuesto, canta al amor y se desliza delicadamente, sea a través de voces solas o con acompañamiento musical de pequeños conjuntos o instrumentos solistas como el piano. Dada su condición renacentista, el madrigal contó desde su aparición con la aportación de grandes creadores literarios y musicales como, entre varios otros igualmente importantes, Dante, Petrarca, Monteverdi, Carlo Gesualdo y Palestrina. Tan gustados fueron los madrigales y tanta importancia alcanzaron en el indetenible desarrollo de las formas musicales que, después de su auge (que prácticamente abarcó toda la Europa importante de ese tiempo, partiendo de Italia de donde son originarios, y prolongándose incluso hasta el Virreinato de la Nueva España y otras partes de América), surgió una corriente de compositores que practicaban el “madrigalismo”, que es una forma de componer basada en la técnica de “repetir” las palabras con los instrumentos, es decir, que las palabras son “dichas” o repetidas con sonidos instrumentales. El ejemplo más llano de esto es, quizás, el “decir” las risas, mismas que son repetidas o sustituidas por una serie de notas rápidas que, auténticamente, suenan como risas. Pues bien, esta conjunción de belleza poética y musical fue la que inspiró al maestro Luis Sandi, en 1938, a organizar a un grupo de selectos cantantes a los que bautizó, precisamente, con el nombre de “Madrigalistas”. Coro pequeño, 28 voces que a capella o con acompañamiento instrumental han cumplido, desde su fundación con una muy, muy encomiable labor de difusión coral que, felizmente, llega hoy a los 75 años. Mantener una agrupación coral a lo largo de tres cuartos de siglo no es ninguna tarea fácil. Partamos del simple hecho biológico de que las voces cambian y que el instrumento vocal no puede (por mucho que su poseedor lo quiera y se posesione de una técnica insuperable) desempeñarse igual a los 20 o 25 años que a los 40 o 50 y ya no digamos más allá; sin embargo, el Coro de Madrigalistas de Bellas Artes, que es el nombre oficial de este ensamble, ha sabido adaptarse a todos los necesarios relevos generacionales, y superar todos los problemas que a través de su ya larga vida ha padecido. Con la claridad de que el arte, en su caso la música, es patrimonio de todos y a todos debe llegar, los Madrigalistas programan anualmente una serie de presentaciones en lugares que nada tienen que ver con las salas de conciertos y a los que muchos artistas se niegan a acudir como son las cárceles, hospitales, albergues y escuelas en donde ofrecen conciertos de carácter didáctico. El conjunto cumple así con la función social del arte. Y, para la celebración de su 75 aniversario, el Coro de Madrigalistas ofreció un concierto, Gala, verdaderamente especial el jueves 4 de julio en la sala grande de Bellas Artes, bajo la dirección del prestigiado flautista, pero también buen director, Horacio Franco, y el acompañamiento de la Capella Barroca que el propio Franco fundó y dirige.

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