¿Caminos... o extravios?

martes, 23 de julio de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- Confundidos y confundidores humanos: en verdad que me reiría, si no fuera por lo que me perjudica, el que en esos sus tiempos de Julian Assange y Edward Snowden estén algunos tan furiosos, otros más indecisos y hechos bola, cuando de ustedes mismos es la culpa, de unos por ignorancia, por falta de ánimo de otros y de otros más, que son los menos con poder de decisión, por conveniencia a sus intereses, esté servidora de ustedes tratada como prostituta, deshonrada, perseguida y hasta secuestrada. Y remarco eso es así por causa de la ignorancia, y cobardía de los más y conveniencias de una minoría de poderosos. El que me prostituya, no es que lo sea por instinto, sino más bien se debe a la naturaleza de ustedes, los humanos. Lo mío es darles conocimientos, o lo que es lo mismo, más poder, díganlo si no es así los saberes que han ido obteniendo a través de los siglos, ese conglomerado en aumento que designan con el nombre genérico de ciencias naturales, o sea, los que se ocupan, los que estudian el reino animal, vegetal y mineral; conocimientos adquiridos en esa ramas del saber que les ha servido y sirve cada vez más para conseguir aumentar o extender su instintivo afán de escapar de los límites de dependencia que les imponía la naturaleza en los primeros siglos de su aparición en la Tierra, de cambiar esa situación, pasar de esclavos de la naturaleza, como todos los otros animales, a hacerla esclava de sus necesidades e incluso de sus deseos y hasta de sus ensueños de grandeza, insisto; díganlo si no muestra y demuestra lo que acaban de leer los nombres de Copérnico, con su descubrimiento del giro de los planetas sobre su propio eje y del giro de los mismos alrededor del Sol, incluyendo a la Tierra; el de Galileo, uno de los fundadores del método experimental, descubridor de las leyes de la caída de los cuerpos, enunciador del principio de la inercia y gran astrónomo, que por defender el sistema cósmico, Copérnico le valió la inquina, acoso, juicio y condena de la Santa Iglesia Católica; el del médico inglés W. Harvey, descubridor de la circulación de la sangre, el de E. Jenner, colega y compatriota del anterior, descubridor a su vez de la vacuna contra la viruela; el de Darwin y su teoría de la evolución de las especies; el del químico y biólogo Pasteur, creador de la microbiología, cuyos descubrimientos iniciaron la era de las vacunas que renovaron la medicina y al que se debe en especial el tratamiento contra la rabia. Ustedes estimados lectores de la presente, dirán si tengo o no razón al afirmar que las Ciencias de la naturaleza les han dado algunas certezas determinante a sus vidas simplemente haciendo evidentes a servidora. Ante esas realidades que no se pueden negar, servidora se inquieta, lamenta, indigna y encorajina al ver que sus denominadas ciencias sociales, término que abarca todos sus estudios sobre las relaciones de unos con otros, de ustedes, los humanos, incluyendo la sociología, la economía, la ciencia política, etnología, historia y otras disciplinas afines, caigan con tanta frecuencia en el laberinto pantanoso de la ignorancia, cobardía y conveniencias humanas por las que tantas veces es negada, opacada, ocultada y hasta secuestrada y prostituida servidora de ustedes, ya que en él, ¿cómo van a buscarme y defenderme los que me ignoran? Y en ese laberinto pantanoso están igualmente otros, los que conociéndome callan y menos defienden a los que, muchas veces con peligro de sus vidas, me dan a conocer a sus prójimos, callan por miedo, y hay otros más, que son los menos pero con mayor poder de decisión por lo general, los que me opacan, ocultan, secuestran e incluso me prostituyen al manipularme en beneficio propio. Mis distinguidos lectores: ustedes juzguen si me equivoco o no al opinar que los dos primeros grupos del laberinto pantanoso, los que están en él por falta de información veraz, oportuna y suficiente, o sea por ignorancia y los que con su sapiencia y conocimiento de servidora callan y no me defienden por miedo; ambos grupos, al callar y no actuar a pesar de ser mayoría en tal laberinto, son seres propicios a ser manipulados, usados por los menos pero con mayor poder de decisión en beneficio de sus intereses individuales o del grupo al que pertenezcan, siendo así, lo quieran o no lo quieran, les guste o les disguste son la viva encarnación del desgarrado dicho castellano que a la letra dice: “moraleja: al que le joden en esta vida es porque se deja”. Sin más por el momento y pidiendo disculpas por la procaz cita final, de ustedes como siempre servidora. La Verdad.

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