El lobo de Wall Street: Emociones encontradas

martes, 21 de enero de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- Orgiástica, excitante, divertida, obscena, asquerosa, angustiante… son algunos de los calificativos que vienen a la mente sobre la cinta de Martin Scorsese, El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street, EU-2014). ¿Qué tanto es tantito de aquellos placeres que anhelamos? Según el planteamiento de la cinta, una de las conclusiones a las que podemos llegar es que nunca tenemos suficiente. El lobo de Wall Street gira en torno al ambicioso corredor de bolsa Jordan Belfort (DiCaprio), quien luego del colapso de la bolsa de valores en 1987 descubre la forma de hacer cantidades estúpidas de dinero con acciones baratas que no cotizaban en Wall Street. Belfort, su socio Donnie Azoff (Jonah Hill) y demás compinches y corredores de bolsa que trabajaban para él, entran en un tren de gastos obsceno, en donde las drogas y las orgías con prostitutas son el pan nuestro de cada día. Claro, eventualmente el agente Patrick Denham (Kyle Chandler) del FBI comienza a “hurgar en la basura” de Belfort y a reunir elementos para darle al protagonista el castigo que se merece. Por supuesto, la cacería no será sencilla. Scorsese hace un excelente retrato del deterioro que Belfort padece a lo largo de la cinta en todos los ámbitos de su vida; Belfort y sus allegados, incluida su esposa Margot Robbie (Naomi Lapaglia), van sacando lo peor de ellos para convertirse en seres despreciables. Resulta angustiante y hasta terrorífico la falta de satisfacción de los personajes, su incapacidad para decir “es suficiente”. La saciedad es inexistente. Lo peor es que las cosas con lo que enganchan no son ajenas a ninguna persona: los personajes desean lo que todos hemos deseado; en menor medida, sus vicios son nuestros vicios. El lobo de Wall Street nos atrapa y expone nuestros vicios y más profundos deseos durante tres divertidas y angustiantes horas.

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