Rinden homenaje a Efraín Huerta en Bellas Artes

lunes, 16 de junio de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- En el centenario de su nacimiento, que se cumplirá el próximo miércoles 18, el poeta mexicano Efraín Huerta fue objeto de un homenaje póstumo en el Palacio de Bellas Artes por los escritores Francisco Hernández, Jorge F. Hernández y Mónica Mansour, y el crítico de cine Rafael Aviña. En la Sala Manuel M. Ponce los escritores evocaron la vida y obra de quien es considerado uno de los poetas más importantes del siglo XX en América Latina. Durante el acto titulado “Los rostros de Efraín Huerta”, la soprano Lourdes Ambriz y la pianista Yolanda Martínez interpretaron la obra Siete poemínimos, basada en los Poemínimos de El Gran Cocodrilo, como llamaban sus amigos al poeta, ensayista y periodista. La poeta y traductora Mónica Mansour rememoró su amistad con Huerta. Fue –dijo– una amistad con risas, especulaciones y desesperanzas políticas, enseñanzas de vida y de muerte, de amor y de enfermedades, y comentarios sobre abundantes lecturas, además de chismes que le encantaban. “Efraín era un hombre sabio y culto, lleno de amor y humor, y prodigaba ampliamente sus conocimientos y sus sentimientos de la misma manera que se interesaba en las ocupaciones y preocupaciones de los otros. Lo que más entendió mi generación sobre Efraín Huerta fue el amor a la libertad y la justicia, ese amor que guió su vida hasta el último instante”, subrayó Manssur, autora del libro antológico titulado Efraín Huerta. Absoluto amor. Añadió: “Siempre luchó por la libertad de todo: la palabra, la poesía, la humanidad, la verdad, la conciencia, el mundo y especialmente la temerosa y vibrante llanura de sombras que es nuestra patria, como él la describe en Amor, Patria mía”. Por su parte, el escritor y crítico de cine Rafael Aviña se refirió a Huerta como un especialista del séptimo arte. “Cuando uno lee sus críticas, muchas de ellas escritas con seudónimos, uno puede captar la esencia de este hombre por dos elementos: el oficio del escritor, del periodista, y por la cinefilia, que era algo sorprendente, la forma en que podía tener este gusto y su respeto por la cultura popular.” Y Francisco Hernández lo calificó como un hombre de buen humor. “Cómo no adorar a un hombre que convertía en poemínimo el instante eléctrico que podría equivaler al chiste si no tuviera inteligencia, si no tuviera piedad, si no se conmoviera ante el dolor ajeno, pero también si no despertara de los sueños a los aletargados, como yo en la preparatoria”, dijo. Huerta, nacido el 18 de junio de 1914 en Silao, Guanajuato, estudió leyes en la UNAM. Fue reportero, reseñista, editorialista, dibujante, crítico de cine y de teatro. De 1938 a 1941, el poeta –fallecido el 3 de febrero de 1982 en la Ciudad de México– participó en la publicación de la revista literaria Taller, al lado de sus compañeros universitarios que se dedicaban a las letras (Alberto Quintero Álvarez, Octavio Paz y Rafael Solana, entre otros). Además, fue uno de los periodistas cinematográficos más importantes de México y sus columnas aparecieron en prácticamente todas las revistas especializadas de las décadas de 1940 y 1950. Sus columnas con temas literarios y políticos aparecieron también en los principales diarios del país desde los años treinta hasta 1982, año de su muerte. Huerta recibió la orden de las Palmas Académicas 1945 del Gobierno de Francia; Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 1975 por su obra en general; Premio Nacional de Poesía 1976; Premio Nacional de Periodismo 1978; Medalla de la Universidad Autónoma de Chiapas 1978; El Quetzalcóatl de Plata 1977 del DDF; el Premio Nacional de Periodismo 1978, y la Medalla de la Universidad Autónoma de Chiapas 1978. Entre sus libros de poesía destacan: Los hombres del alba (1944), La rosa primitiva (1950), Los poemas de viaje 1949-1953 (1956), ¡Mi país, oh mi país! (1959), El Tajín (1963), Los eróticos y otros poemas (1974) y 50 poemínimos (1978).

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