A cien años de la toma de Zacatecas, sin cumplirse los ideales de Villa

martes, 24 de junio de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- Tras una cruenta batalla en la cual murieron miles de hombres, el 23 de junio de 1914 el general Francisco Villa logró tomar, con la División del Norte a su cargo, la ciudad de Zacatecas al vencer a las fuerzas federales del usurpador Victoriano Huerta. Con ello, las fuerzas revolucionarias avanzaron hacia la Ciudad de México. El acto, que este 2014 cumple cien años de efectarse, debe ser recordado “y aquilatarse no por lo que vino después, sino por lo generoso del intento”, pues la Revolución Mexicana buscó “dar forma a un México más justo y digno”, aunque no se haya logrado, afirma el historiador Lorenzo Meyer. Pero lamenta: “Así como el panismo no supo conmemorar en 2010 los cien años del inicio de la Revolución Mexicana, el priismo actual va a intentar conmemorar sin tener verdadera razón ni ánimo, la hazaña de un ejército popular que en unas horas quebró el espinazo a un ejército profesional, base de una dictadura militar y de un régimen antidemocrático y oligárquico.” La batalla de Zacatecas y el triunfo de la División del Norte no fueron hechos fortuitos, sino planeados estratégicamente por Pancho Villa, quien acababa de ganar la plaza de Torreón, tenía prácticamente dominado el norte del país y había vencido a las tropas huertistas en Saltillo, Coahuila. Todo aquello ocurrió en medio de un enfrentamiento con Venustiano Carranza, mismo que obligó a Villa a renunciar a su cargo. Sin embargo, los integrantes de la División del Norte se negaron a aceptar en el mando a cualquier otro general dócil a las órdenes del general coahuilense, posteriormente llamado primer jefe constitucionalista. Meyer da cuenta de esos hechos en su columna “Agenda Ciudadana”, del pasado 19 de junio, de esta manera: “La batalla de Zacatecas fue precedida por otra, silenciosa y estrictamente política: Una entre el jefe formal del ejército revolucionario, Venustiano Carranza, y el jefe del mejor cuerpo de ese ejército, Villa. Carranza desconfiaba de Villa y de su proyecto e intentó evitar que la toma de Zacatecas, entonces puerta de entrada a la Ciudad de México y al triunfo de la Revolución, la encabezara un antiguo bandido. Villa, sin embargo, maniobró bien en lo político y se impuso (más tarde pagaría su desafío) y procedió a la batalla real, que resultó espectacular. En Zacatecas, los atacantes tenían mayoría --la División del Norte, que venía de triunfar en Torreón (Paredón), sumaba, en conjunto, 23 mil efectivos--, pero debían tomar dos alturas bien fortificadas y artilladas en ‘una ciudad eminentemente defendible’ con una guarnición de 12 mil hombres.” El actual gobierno del estado de Zacatecas (zacatecas.gob.mx) planeó para la celebración del centenario de esta batalla varias actividades que iniciaron hace meses. El programa se inauguró con la conferencia “1914, miradas fragmentadas de la Revolución en Zacatecas”, a cargo de la investigadora Guadalupe Villa Guerrero, nieta del general Villa, quien habló del impacto que tuvo la prensa, los informes escritos y las imágenes fotográficas que se enviaban fuera de México. Comento cómo países como Estados Unidos y Francia se enteraron de la batalla de Zacatecas por esa información enviada por fotógrafos como León Cánova o cronistas como Federico Cervantes. Destacó que muchos de los documentos fotográficos de la época son imágenes “preciosistas”, pero la guerra civil fue mucho más compleja. El gobierno organizó también el Coloquio Conmemorativo del Centenario de la Batalla y Toma de Zacatecas, realizado en abril pasado. Entre las actividades principales se previó la escenificación de la batalla para el lunes 23 de junio, con la participación de más de dos mil efectivos del ejército federal y mil 400 civiles voluntarios. Sin embargo, el acto se vio ensombrecido porque en los días previos, durante los ensayos, el grupo de militares fue sorprendido, no por otras fuerzas armadas o por quienes interpretarían a sus contrincantes, sino por un enjambre de abejas que dejó un saldo de 17 heridos, uno de ellos con necesidad de hospitalización, así como un caballo muerto. En la programación se incluyó un desfile con un contingente militar y una parada aérea con 30 aeronaves. Además se consideraron conciertos con los cantantes de música popular del género ranchero Vicente Fernández y Pepe Aguilar, y del tenor Fernando de la Mora. No faltó el espectáculo de pirotecnia y se anunció la elaboración de documentales, por parte de la empresa editorial Clío, del historiador Enrique Krauze (quien también hizo en su momento varios de los proyectos del Bicentenario de la Independencia), y la cadena extranjera History Channel.   Batalla del pueblo Más allá de la pirotecnia y el espectáculo está la reflexión en la cual han participado diversos investigadores y autores. El Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), organizó el pasado 18 de junio un encuentro en el cual el escritor y periodista Paco Ignacio Taibo II destacó la epopeya del pueblo al vencer a un ejército con preparación militar. Autor de Pancho Villa. Una biografía narrativa y Pancho Villa: La Toma de Zacatecas, entre otros libros, Taibo II destacó en su intervención que la batalla fue uno de los combates más significativos en la historia pues se venció a las fuerzas federales y orozquistas, representantes de la oligarquía: “Este capítulo debe comenzar a narrarse resaltando a la División del Norte como el ejército del pueblo, que representó a la Revolución Mexicana y acotando porqué construir una identidad entre el pasado y el presente nos hace mexicanos críticos, con una visión de futuro construida a partir de nuestros nexos con el pasado.” Desmintió las versiones que afirman que Villa era voluntarioso y un analfabeta en términos militares y que Felipe Ángeles dirigía al ejército. La División, agregó, tenía una estructura democrática, con soldados no profesionales pero voluntarios en un 90%, no fueron forzados a intervenir: “Era un ejército terriblemente disciplinado que no perdonaba a quienes huían en combate; que contaba con una logística excepcional y con el mejor servicio de hospital, superando incluso a los que se tuvieron durante la guerra en Europa.” En las Memorias de Pancho Villa, escritas por Martín Luis Guzmán y publicadas en el tomo III de las obras completas del también autor de El águila y la serpiente por el Fondo de Cultura Económica, se describe cómo Villa dio las órdenes a Tomás Urbina y Felipe Ángeles para adelantarse a conocer el terreno y preparar la estrategia que, al final, fue resuelta por los tres dirigentes. Desde el 16 de junio salieron los trenes (la Revolución Mexicana se logró en parte por el sistema ferroviario que los gobiernos autoproclamados herederos de la revolución desmantelaron ocho décadas más tarde) con las primeras brigadas. Fueron cerca de 60 máquinas que en fila abarcaban un aproximado de 10 kilómetros, refirió Taibo II. El propio Villa vislumbró días antes que aquella sería una gran batalla. “Dando en punto las diez de la mañana de aquel 23 de junio de 1914 se encendió la pelea en todo el contorno de nuestras líneas. De modo que conforme empezaron a tronar por el lado norte y del noreste los veinticuatro cañones que teníamos ya encima de aquellas posiciones enemigas, sin que ellas lo conocieran por el lado del sureste tronaban las baterías de Carrillo en apoyo de Maclovio Herrera, y por el sureste y el sur se alzaba en grande ruido de fusilería el ataque de Natera.” Taibo II relató que el ejército villista tomó primero los cerros de la Bufa y el Grillo, y finalmente cercaron a los federales, tal como se había previsto en la estrategia diseñada días antes. Para la una y media de la tarde, refiere el propio Villa en el texto de Guzmán, “el enemigo ya se estimaba derrotado”. Finalmente cercaron a su opositor y obtuvieron la victoria. El periodista también evocó detalles sobre la personalidad de Villa, a quien no en pocas ocasiones se ha tachado injustamente de bandolero. Decretó la “Ley Seca” después de cada batalla y castigaba a los soldados borrachos encerrándolos en un tren durante un mes sin derecho a beber alcohol. Además condenó las violaciones y penó los saqueos. Guzmán consigna cómo ordenó que los saqueadores devolvieran al pueblo sus pertenencias. Tras la batalla, relató Villa: “Entré yo a Zacatecas otro día siguiente a las nueve de la mañana, y contemplando de cerca el desarrollo del campo de batalla y las calles que iba recorriendo, palpé toda la magnitud de la mortandad. Porque salía el pueblo a recibirme con las muestras de su afecto, y es la verdad que aquellos hombres, aquellas mujeres, aquellos niños tenían que brincar entre los cadáveres para acercarse a mí con su saludo. Y yo pensaba: ‘Así son las cosas de la guerra, que alienta el regocijo de unos hombres mediante la muerte de los otros’. Lo cual sentía también al ver que junto a los enemigos muertos, muchos soldados míos reposaban todavía el sueño de sus fatigas y durmiendo se mojaban en aquella sangre.” Tras la batalla y mientras se preparaba la llegada de las fuerzas revolucionarias a la Ciudad de México, Villa preparaba su rompimiento con Venustiano Carranza. Ya se dejaban sentir sus diferencias ideológicas. Lo consideraba “político terco, político artificioso, político engañador”. Asesinado por órdenes de Carranza, no fue Villa, ni sus ideales, los que triunfaron en la Revolución Mexicana. Resume Lorenzo Meyer: “La batalla que se libró hace casi 100 años, justo en Zacatecas, fue el combate decisivo entre las fuerzas del viejo orden --el montado por la dictadura de Porfirio Díaz-- y las que, cambiando un tanto las palabras de Graves (Robert Graves, poeta y novelista inglés que vivió la llamada Gran Guerra, de la que también se cumplen cien años este 2014), aspiraban a ‘dar la bienvenida a todo eso’, a lo prometido por Francisco I. Madero: A un México democrático y justo”. Los festejos por el centenario de la batalla, no contemplan el cumplimiento de al menos alguno de los propósitos de Villa, quien deseó que resultaran beneficiados los pobres. Cien años han transcurrido y sus aspiraciones siguen vigentes.

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