Simulacro de idilio, de David Gaitán

martes, 29 de septiembre de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- ¿Quién no ha sentido que no encaja en este mundo cínico donde los antivalores son los que rigen el comportamiento? ¿Quién no se ha sentido fuera de lugar en esta realidad invertida y torcida? El maestro Palacios sí. Él es el personaje central de la puesta en escena Simulacro de idilio, escrita y dirigida por el joven expedicionario del teatro David Gaitán. Para esta obra, el director confeccionó a un protagonista con atributos idealistas y románticos, inmerso en el sistema educativo nacional caracterizado por la corrupción. Tiene una ética pulcra y aspiraciones revolucionarias; pero fracasa en sus intentos políticos de revelar la descomposición humana de un ámbito que está, irónicamente, al servicio formativo de los ciudadanos. El maestro Palacios, encarnado por Harif Ovalle --activísimo actor--, se ha prometido no traicionarse a sí mismo, a su esposa e hijo. Es de edad adulta y conservador en su forma de vestir. Tiene fantasías idílicas en las que es un héroe y maneja una bicicleta para niño. Se siente, profundamente, incompatible porque no miente, no soborna, no abusa de su jerarquía. La obra estuvo en temporada en el Teatro Benito Juárez de esta ciudad, recinto administrado por la Secretaría de Cultura del D.F. En ella participa el elenco conformado por Milleth Gómez, Alejandro Morales, Sara Pinet, Miguel Romero y Amanda Schmelz. Es un trabajo escénico de la compañía Teatro Legeste. En la puesta se utilizan proyecciones de dibujo animado realizadas por Salvador Ruíz Carranza, como recurso tecnológico que ilustra y da un tono infantil a las historias fantásticas que el protagonista en cuestión tiene el hábito de construirse dentro de su imaginario. Las animaciones son musicalizadas con grandes sinfonías clásicas. Este elemento técnico funciona para conocer aún más el perfil del personaje central. La obra formula preguntas que pertenecen al campo de la ética. La conexión Teatro y Ética hace vigente la propuesta escénica de Gaitán. Ahonda temáticamente en el fenómeno de normalización de antivalores por el que México está atravesando. El protagonista, el maestro Palacios, se queda solo y aislado en el desenlace de la propuesta. Con ello se sugiere que el drama real está en que actualmente un hombre con ética no sobrevive en la selva voraz, convirtiéndose en una especie endémica, es decir: rara y disfuncional en la sociedad mexicana. El punto de inflexión importante de la obra es el tono infantil con que se recarga al personaje por sus cualidades utópicas, idealistas y románticas, pues el peso de su posición política es disminuido a la ingenuidad y no exaltado hacia la disidencia y la resistencia. La propuesta de Gaitán motiva a manifestar: La corrupción no es normal. Ser hábil y tener destreza para sobrellevar la corrupción tampoco es natural.

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