El cine de Mario Almada, valorado por Hugo Stiglitz

jueves, 13 de octubre de 2016
Unidos por sus trabajos fílmicos y una amistad longeva, Hugo Stiglitz alcanzó a dirigir en El ocaso del cazador a su colega actor y cineasta Mario Almada, quien murió la primera semana de octubre. En entrevista, Stiglitz rememora la participación de ambos en la cinta y defiende las múltiples películas tipo espagueti western que rodara Almada a lo largo de su carrera. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Conocido como El justiciero del cine mexicano, el actor Mario Almada, fallecido el martes 4 a los 94 años, aceptó participar en la película El ocaso del cazador, producida, dirigida y distribuida por su amigo Hugo Stiglitz (figura en la década de los setenta), y se estrenará el próximo 25 de noviembre con 100 copias en las salas de Cinemex. Es un largometraje sobre la extorsión, detalla Stiglitz por teléfono desde Tlalpuhajua, Michoacán, donde se le rindió un homenaje en el Quinto Festival Internacional de Cine Fantástico, Terror y Sci-Fi, Feratum, realizado del 5 al 9 de octubre. El filme, basado en un hecho real de 2010, fue rodado hace tres años en Ayapango, Estado de México: “Mario estuvo muy feliz durante tres noches, porque además no le gustaba separarse mucho de su familia y de su casa. Era muy fácil laborar con él, pero en sus últimos años había que trabajar a su ritmo, por su edad, había que ser muy consciente de eso.” El ocaso del cazador se proyectará primero en Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Tijuana, y luego en el resto de la República. La cinta trata de un hombre experto en la cacería, quien enfrenta a un grupo del crimen organizado que le exige dejar su rancho para quedarse con él. El cazador es interpretado por el mismo Stiglitz y Mario Almada es amigo del cazador. También actúan Ricardo Carrión, Alan Ciangherotti, Rojo Grau y Pilar Pellicer. El alma de Almada El guión del filme es del cineasta Fabrizio Prada. Stiglitz, quien trabajó en varias cintas con Mario Almada, platica en entrevista cómo es que invitó al protagonista de La viuda negra, de Arturo Ripstein, y El tunco Maclovio, de Alberto Mariscal, a El ocaso del cazador: “Siempre como productor o como director pienso antes que nada en mis amigos actores y ya después, si se me rajan o no tienen tiempo, empiezo a buscar a otras personas. Desde el comienzo me enfoqué en Mario Almada, y también quería a Pedro Armendáriz hijo y a Jorge Luke, para que don Mario se sintiera apoyado con amigos en el set, que no estuviera como en otras películas ahí solito, parado… “Él ya no quería salir de Cuernavaca a rodar cintas; pero por tratarse de mí, dijo: ‘Yo voy contigo a donde quieras’. Nos arreglamos en el dinero y me dijo que sí; pero en eso fallecieron Armendáriz y Luke, y yo me estaba quedando sin reparto. Entonces, le llevé a otros amigos, a Carrión y Grau, para que Mario se sintiera en confianza y a gusto. “Para la filmación, mandé por Mario en un coche elegante, con un chofer tranquilo. Llegó a Ayapango, al pie del Popocatépetl, y se quedó en la hacienda San Andrés, muy bonita, donde nos apoyaron con el hospedaje; también estuvo ahí Pellicer. Ayapango conserva una luminosidad muy especial, perfecta para el cine; ese pueblo contiene una magia importante y ahí, Mario estuvo muy bien, muy feliz. Le puse a una persona para que lo cuidara.” Rememora que trabajó con Almada en El valle de los miserables y Ciclón, de René Cardona Jr; Los desalmados, de Rubén Galindo; Mil millas al sur, de Rodolfo de Anda, y Longitud de guerra, de Gonzalo Martínez Ortega, en fin. “Pero él y yo fuimos amigos, igual con su hermano Fernando, siempre nos tratábamos con cariño y mucho amor de cuates, la pasábamos muy bien.” –El ocaso del cazador refleja la situación de México, ¿verdad? –A mí me interesa eso, que muestre lo que pasa en México. En la historia, extorsionan al cura del pueblo, al dueño del bar, a las familias, a las gasolineras, y empiezan a extorsionar al personaje central que yo encarno. Yo tengo armas porque me gustaba la cacería de animales, y en mi papel soy un gran tirador, puedo disparar a 200 metros aunque nunca quise matar a nadie; pero cuando empiezan a quererme quitar el rancho y la familia huye, y despido a toda la gente que trabaja conmigo, diciendo: “¡Aquí los espero!”, en referencia a los maleantes. Y ahí viene el ocaso. Se empiezan a ir todos los del pueblo a Estados Unidos, pues tienen miedo. Rememora que estuvo con Mario Almada hace dos meses en su casa de Cuernavaca: “Le conté que se iba a estrenar el filme y yo quería efectuar una première en Cuernavaca, para que él me pudiera acompañar, deseaba organizar una alfombra roja y que Mario estuviera. Desgraciadamente no se logró; pero tuvimos una gran amistad, un gran cariño y mucho respeto.” Almada ya no vio El ocaso del cazador terminada, “nada más le mostré un avance”, relata Stiglitz. El director de la fotografía es Arturo de la Rosa y fue concluida en Churubusco con Miguel Ángel Molina. –¿Qué opina del cine de acción que dejó Mario Almada? –El cine es el espejo de un pueblo, muestra lo que está sucediendo, y ahora ves el cine y las series de televisión con temas del narcotráfico, la trata de mujeres, la migración y la frontera, en fin, son historias que ya las hacíamos nosotros desde los ochenta y noventa. No es nada nuevo lo que muestran ahora. “Los relatos cinematográficos que realizamos están basados en hechos reales y los corridos. Todo lo que se puso de moda, ya lo elaborábamos.” –Para los críticos y especialistas del cine, no era un cine de calidad… –Los críticos dicen muchas cosas; pero lo importante de la cinematografía nacional es el público, es cuestión de ver si la sala se llena. Con mucho respeto a los críticos: si hablan o no, no importa, lo mejor para una película es que llene las salas y que guste. Y eso lo logró Mario con todas las películas que hizo. Eso lo logramos en esos años. “Insisto, el valor de ese cine de los Almada es que hablan de la realidad, de la frontera, la pobreza, la injusticia, la corrupción y la incertidumbre. En México, sabemos de la incomprensión que hay entre las autoridades y el pueblo.” Enseguida, evoca a Mario Almada como persona: “En la pantalla siempre estaba entre las balas; pero en la realidad era un caballero, sincero, honesto, cabal, ¡con huevos, chingón, un señor poca madre! Poseía una gran alma y un gran corazón. Era fuera de serie. Fue una gran pérdida de un gran amigo y un gran personaje del cine nacional.” Su mensaje final de Stiglitz es: “Vayan a ver El ocaso del cazador, se van a divertir y son hechos reales. Además incluimos música mexicana –nos apoyaron las disqueras y otras empresas– de Francisco Avitia Tapia, conocido como El Charro Avitia, Jorge Negrete y Lola Beltrán. Hay canciones mexicanas clásicas y tienen un sabor muy bonito en la cantina donde está Mario y Alan Ciangherotti, bueno estamos todos.” En Feratum, se estrenó la película mexicana Zona invadida, dirigida por Ulises Meixueiro y Gerardo Gutiérrez Pimentel, donde también actuó Mario Almada con Paola Lupi, Roberto Sosa y Luis Felipe Tovar. Gutiérrez Pimentel le platicó al corresponsal de Proceso en Monterrey, Luciano Campos Garza, que Zona invadida es una producción regiomontana con temática alienígena y que su estreno comercial será el 14 de octubre en Ciudad de México, Estado de México, Guadalajara, Monterrey y Veracruz, y dependiendo de la taquilla se ampliará a otras ciudades del país (dicha entrevista fue publicada el 5 de octubre en www.proceso.com.mx). Al parecer, la última actuación de Mario Almada fue en julio pasado en la cinta El centenario, una producción de Juan Hernández sobre el narcotráfico, donde también participan Gregorio Casals, Rosa Gloria Chagoyán y Sergio Reynoso, entre otros. El crítico de cine Ernesto Diezmartínez expresa a Proceso que de Mario Almada se pueden decir muchas cosas, todas ellas bien conocidas: “Que en el norte de México y en el sur de Estados Unidos fue la ley en la taquilla, que fue una presencia constante en el cine de acción –en el western, en el thriller– y, ocasionalmente, en alguna película ‘de prestigio’, como fue el caso de La viuda negra. Le alcanzó el tiempo para homenajarse a sí mismo en Pueblo de madera, y durante los noventa y el inicio del siglo se perdió en el video-home, apareciendo hasta en más de diez cintas por año. “Me gustaría recordarlo por sus cintas de género. Doy un ejemplo. En La venganza del rojo (1984), de Alfredo Gurrola, Mario Almada, en su papel, está frente a una agonizante villana, interpretada por Carmen del Valle. Ella, escupe sangre, y le dice a Almada que siempre lo ha amado. Él le contesta, imperturbable: ‘Francamente, me importa un carajo’. “¡Me cae que ni Clark Gable lo hubiera hecho mejor!”